Hace bastante tiempo alguien me habló de la belleza de la Cruz. De entrada, me pareció difícil de entender e incluso, contradictorio; por otra parte, siempre he entendido a quienes no ven esa belleza y se rebelan ante esto. Estamos en plena Semana Santa; lo queramos o no, no nos deja indiferentes. El hecho que experimentamos, es que multitud de ciudades y pueblos se llenan de gente acompañando los “pasos”, que recorren las calles mostrando el dolor del rostro de Cristo y de María, la Pasión en toda su crudeza, y también la Gloria de la Resurrección.¿Pero dónde está la belleza de la Cruz, si es que tiene alguna belleza? Quizás nos puedan ayudar estas palabras del Papa a los jóvenes el Domingo de Ramos:“El Señor también toca desde el otro lado (de la puerta) con su cruz: toca a las puertas del mundo, a las puertas de nuestros corazones, que con tanta frecuencia y en tan elevado número están cerradas para Dios. Y nos habla más o menos de este modo: si las pruebas que Dios en la creación te da de su existencia no logran abrirte a Él; si la palabra de la Escritura y el mensaje de la Iglesia te dejan indiferente, entonces, mírame a mí, que soy tu Señor y tu Dios”.Verdaderamente encontramos belleza en la creación, en las personas, en el rostro de una joven o de un niño, en un corazón sencillo, en una mirada de comprensión o incluso de miedo, etc.
Pienso que la auténtica belleza está en el rostro de Cristo, “el más bello de los hombres”, dice un salmo. Cristo pronuncia con su pasión un sí a la vida, al perdón, a la verdad, en definitiva a la belleza, aunque nos muestre su rostro desfigurado.
No es cierto, como dijeron Marx y Engels que la “violencia es la comadrona de la historia”, como si fuera el camino para “engendrar” la paz y la belleza, sino que el verdadero camino del perdón, de la alegría, de la paz, y de la belleza nos lo enseña la hermosura de Cristo muerto y resucitado. Si quieres, y con otras palabras: “el verdadero sermón de la montaña, sin embargo, no es el que Jesús pronunció un día sobre una colina de Galilea; es el que pronuncia ahora desde lo alto de la cruz, en el monte Calvario, ya no con palabras, sino silenciosamente y con los hechos” (Rainero Cantalamessa, Viernes Santo 2004). Un saludo y feliz pascua de Resurrección