Te escribo un pensamiento de una conocida escritora rusa conversa (no tiene nada de sospechosa) sobre la santidad y la alegría. Me parece muy sugerente, y te recomiendo que, si puedes, leas algunas de sus obras; en su momento a mí me ayudaron mucho. Espero tus comentarios, a mi me ha hecho pensar, porque efectivamente no entiendo la santidad sin la alegría. Pienso que más nos valdría mirar menos la televisión, y dirigir nuestra mirada a quien lo necesita.
Además es verdad que cuando uno se pone de rodillas ante EL (lo que no significa sumisión ni esclavitud), experimenta la verdadera libertad de un hijo que es consciente de lo que somos, y de quien es EL.
"Este hombre es jovial. No puede ser ateo", dijo Dostoyevski en una ocasión. Por eso la santidad va acompañada de la alegría. El hombre del siglo XX alardea de sus libertades. En realidad es una víctima, y está dominado. No sólo por sus pasiones: la pasión fuerte, al menos hace que se ensanchen los corazones estrechos y que se dilaten los espíritus cuadriculados; hace que se derrita el mundo de sentimientos de piedra y el pensar programado del ordenador. Están dominados, porque apartan su mirada del icono para dirigirla a la televisión y esperan llenar sus anhelos con la publicidad. En su indigencia, el hombre del siglo XX se pregunta si la Iglesia no significará para él también esclavitud. No admite las respuestas de la tradición y la moral. Sólo lo vivo convence. Un amigo que durante 35 años de su vida había seguido el lema "mejor morir de pie que vivir de rodillas" me contó que experimentó por vez primera la sensación de libertad sin límites del ser obediente al arrodillarse en una iglesia". Tatiana Goritschewa.
Un saludo