Mostrando entradas con la etiqueta Mother Teresa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mother Teresa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de octubre de 2007

Apreder a compartir

COMPARTIR

En una ocasión, por la tarde, un hombre vino a nuestra casa, para contarnos el caso de una familia hindú de ocho hijos. No habían comido desde hacía ya varios días. Nos pedía que hiciéramos algo por ellos. De modo que tomé algo de arroz y me fui a verlos. Vi cómo brillaban los ojos de los niños a causa del hambre. La madre tomó el arroz de mis manos, lo dividió en dos partes y salió. Cuando regresó le pregunté: qué había hecho con una de las dos raciones de arroz. Me respondió: "Ellos también tienen hambre". Sabía que los vecinos de la puerta de al lado, musulmanes, tenían hambre. Quedé más sorprendida de su preocupación por los demás que por la acción en sí misma. En general, cuando sufrimos y cuando nos encontramos en una grave necesidad no pensamos en los demás. Por el contrario, esta mujer maravillosa, débil, pues no había comido desde hacía varios días, había tenido el valor de amar y de dar a los demás, tenía el valor de compartir. Frecuentemente me preguntan cuándo terminará el hambre en el mundo. Yo respondo: Cuando aprendamos a compartir". Cuanto más tenemos, menos damos. Cuanto menos tenemos, más podemos dar. (Madre Teresa de Calcuta)

Siempre que leo o recuerdo este suceso de la Madre Teresa me lleno de vergüenza, y me pregunto si en algún momento aprenderemos esta enseñanza que, en el fondo, es un reflejo de la grandeza del hombre, hijo de Dios, y hecho a imagen y semejanza de Dios. ¿Acabaremos creyendo alguna vez eso de que somos imagen de EL? Un saludo.

lunes, 12 de febrero de 2007

Hasta que duela

Siempre me ha entusiasmado la vida, las palabras y la valentía de la Madre Teresa. Todos la entendemos, no creyentes y creyentes.
Seguramente habrás escuchado una de sus frases: "hay que amar hasta que duela". Dándole vueltas estos días a esas palabras, concluía que se podrían aplicar a otras muchas situaciones, y que deberíamos llegar en nuestras acciones positivas hasta eso, "hasta que duela". Enseguida me dí cuenta de que "perdonar hasta que duela" es heroico, pero que verdaderamente -lo puedes comprobar-, es entonces, -cuando perdonar duele-, el momento en que uno experimenta el verdadero amor, la verdadera felicidad. Si nos lo proponemos, y con la ayuda del de Arriba, uno puede intentar conseguirlo, y te aseguro que eso da una paz enorme. Como decía un escritor al que suelo leer con frecuencia, deberíamos "callar, trabajar, rezar, sonreír". Un saludo.