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martes, 20 de marzo de 2012

Y tu ¿Porqué no?

Me gustan los vídeos, testimonios que gente que vive una vocación, un camino. No se si convencen, si tienen "fuerza" sus testimonios, pero lo que si te puedo decir es que esta es una vocación que compensa, que vale la pena..., después de 28 años no puedo decir otra cosa, y eso que pasas momentos mas o momentos difíciles, pero siempre felices. Además, estás seguro de una cosa: El siempre está contigo, también cuando te parece que está lejos.
Un saludo.

jueves, 19 de agosto de 2010

Un cachito de cielo

Así he querido titular esta noticia en el blog, porque así se expresa ella. Hoy he leído esta noticia, y no quería resistir a escribirla, trasmitirla y que todos los que podáis la conocierais, porque es una bendición de Dios.
No conozco a Alicia, pero la admito por su valentía (como la de otras muchas mujeres que en un mundo secularizado, dejan todo por Amor a Dios). Quizás muchos no lo entiendan, pero da igual. Ahí está el testimonio, que entendiéndolo o no, hace pensar y -a mi por lo menos-, hace elevar el corazón en acción de gracias. Leela y si te parece escribe tu comentario. Un saludo.

(Noticia del Semanario Alba. La firma Luis Losada).
Es mi sobrina y no debería escribir este reportaje. Pero después de lo de Iker y Carbonero, creo que estaré disculpado. La historia es bonita, pero no fácil. Un streaptease espiritual en el que no se siente cómoda. Si lo hace, es por dar testimonio de las grandezas que Dios es capaz de hacer con los que se dejan.
Todo comienza en el verano de 2007.
Alicia Losada viajaba a Roma al encuentro organizado por la diócesis de Madrid con el Papa. Ahí escuchó el “No tengáis miedo” de Juan Pablo II. Alicia se lo tomó en serio. “¿A qué tengo miedo si todo me va bien?” Familia ordenada, colegio con vocación de educar, amigos de la parroquia de Caná. “Tenía miedo a tratarle, a que me pidiera algo que no quisiera darle”, relata.
Ahí quedó la inquietud. No le contó nada a nadie. Tan sólo a su director espiritual, don Nicolás. ¿Qué te dijo? “Que me lo tomara con calma y que rezara”. ¿Qué hiciste? “Compuse una canción y pasé”. En parte porque Alicia estaba empeñada en demostrar al mundo que se podía ser una católica con vida de piedad intensa, oración y misa diaria y no ser monja. Alicia va a misa y reza a diario. “Rezar es como estar con tu novio; me encanta”. ¿Y la misa? “La necesito; es como si un día no comes, estás anémico, irascible, falto de fuerzas; a mí me pasa lo mismo con la misa”.
La muerte de Álvaro Ussía
Con el empeño de demostrar al mundo que se puede ser piadosa y no ser monja vivió hasta el verano siguiente: encuentro con el Papa en Sydney. “¿Y por qué no?”, se preguntó. “Me dije, vale, pues sí, me lo puedo plantear”.
Al regreso habló con su madre y le planteó por vez primera su vocación. “¿No será que estás huyendo de los hombres?”. Pregunta obligada que a Alicia no le sentó nada bien. Había tenido experiencias no positivas, “pero no tenía nada que ver”. Alicia esperaba una felicitación y se encontró con la prudencia materna, así que acudió a su cura. ¿Qué te dijo? “Tranquilidad y que rezara”.
Comienza 2º de Bachillerato, último curso de colegio. Año clave y de mal recuerdo para Alicia. Sufrió el estrés emocional de la muerte de su compañero Álvaro Ussía, cayó enferma, y los resultados académicos no la acompañaron. Y sobre todo, tenía que resolver su incógnita, porque dependiendo de su decisión, estudiaría una cosa u otra. La tensión de la encrucijada. “¿Cómo se sabe lo que Dios quiere de ti?”, se preguntaba.
Durante el curso cayó en sus manos la frase de la madre Teresa: “No importa lo que hagas, sino el amor con que lo hagas”. En Reyes le regalaron un libro de la madre y una chica la llevaría a uno de los hogares de las Misioneras de la Caridad. “Igual es una señal”, se dijo. El cura, lo de siempre: que rezara.
Rezaba, pero no venía. Así que, cansada, decidió lanzarle un reto al Señor. “Si quieres que me meta monja, dímelo, que yo me meto, sin ningún problema. Pero dímelo claro, escríbeme una carta”. No hubo carta, aunque sí algo parecido. Don Nicolás le regaló Camino. “Me enamoré de Él; fue mi carta; fue como descubrir un cachito de Cielo, sólo quiero a Dios”.
Tomada la decisión y tras las pistas de madre Teresa, fue a preguntar a las hermanas. No le terminó de convencer. En primer lugar, porque tenía que dejar de estudiar. “Me siento más útil si tengo formación que si no la tengo”.
Sonreír todo el día
Asunto descartado. ¿Y ahora? Dios no deja nunca sin su carta. Un día de ese verano la familia fue a misa de nueve a Caná. Ahí conoció a las monjas de las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús, también conocidas como ‘café con leche’ por el color de su hábito. Durante el curso comenzó a ir a sus retiros y les empezó a coger gusto a pesar de que ella quería dedicarse a cuidar enfermos y las ‘café con leche’ no tenían enfermos. La decisión seguía sin tomarse y el cura le recomendaba que siguiera rezando hasta estar segura. Acabó estándolo, porque como ella dice, “la oración funciona”. A principios de noviembre decidió decírselo a sus padres. Planeó la estrategia. “Tenía que hacerlo bien, soy la hija mayor, la única hija, había que explicarlo bien y buscar el momento”. No le salió muy bien. Como es lógico, sus padres empezaron a preguntar dónde, cuándo, por qué... Preguntas para las que Alicia no tenía respuesta y que encendieron la preocupación de sus padres hasta que don Nicolás -testigo fiel y puntual de la historia- les tranquilizó: va en serio y las monjas son serias.
¿Sientes que renuncias a algo? “Dejas tu vida, tus amigos, tu familia para darte a los demás”. A Alicia lo que le impone es cortar con su vida. La pobreza no le preocupa. Tampoco la obediencia. ¿Y si tu jefa es obstinada, tiene manías, es ineficiente? “Da igual, pero sonríen todo el día”. ¿Y la castidad? “Es fácil”. ¿Y renunciar al sexo? “Yo no lo veo como un problema. ¡Es que le entrego mi virginidad a Dios!”. ¿Y nostalgia de fundar una familia? “Es que me veo más feliz de monja que de casada; quiero casarme con Dios, no me cabe otra posibilidad”.
En todo caso, ¿esto es un noviazgo o es un matrimonio; o sea, es definitivo? “Sí, es un noviazgo; si veo que no es lo mío, rectifico y busco mi camino, aunque creo que no me he equivocado”. Alicia afirma que las ‘café con leche’ son su vocación. Pero ¿te apetece?, ¿es atractivo humanamente? “Yo siempre le pedía Dios que me diera hermanas y sólo he tenido hermanos; ahora resulta que voy a tener 160 hermanas; Dios siempre responde”. Además, concluye que cada madre de Galapagar “es un cachito de Cielo, se respira amor por todas partes y, sobre todo, ellas siempre sonríen: yo también quiero”.

martes, 23 de marzo de 2010

El camino de la vida

El pasado jueves 17 de marzo y en el marco de la preparación de la solemnidad de San José, día del Seminario, se presentó en uno de los salones Caixa Galicia situado en la Rúa del Villar de Santiago de Compostela, el mediometraje “El Camino de la vida”.
D. Andrés Barbé, productor de la película y director de Formato producciones comenzó hablando del origen de esta idea, cuyos antecedentes están en querer acercar el Camino de Santiago como itinerario vocacional, a quienes en este año santo y en otras ocasiones lo recorran.
En esto mismo insistió D. José Mª Santana, director de la Asociación Social y Cultural Porta do Camiño, que es quien ha producido la película, y que agradeció a quienes han facilitado que este mediometraje se haya podido llevar a cabo.
Terminó la presentación el Obispo de Mondoñedo-Lugo Mons. Manuel Sánchez Monge que animó a los presentes y a quienes recorran el camino de Santiago a plantearse el sentido vocacional de su existencia, como se ve reflejado en la película.
"El Camino de la vida" es un mediometraje destinado a remover las conciencias sobre el verdadero sentido del Camino de Santiago, un sentido profundo de búsqueda interior, de fortalecimiento de la fe y de aceptación de la llamada a la vocación.
"El Camino de la vida" narra la historia de un grupo de jóvenes que haciendo el Camino de Santiago encuentran en él algo que buscan.
El protagonista es Germán, un estudiante de Física en Santiago de Compostela que tiene veinte años, inteligente y "triunfador", que haciendo el Camino se encontrará con una propuesta que no se espera. A la altura de O Cebreiro conoce a un grupo de jóvenes acompañados de Don Enrique, un sacerdote joven, de buen humor, que va en silla de ruedas por un accidente de tráfico.
La relación con este grupo, y especialmente con don Enrique, mueve en Germán y lo enfrenta a las grandes preguntas que él ha intentado eludir durante todo el camino: que Dios le pide algo, algo especial. Germán tendrá que enfrentarse a la decisión de renunciar a una vida "que le va muy bien" para lanzarse a una vocación que le asusta.
Dentro del grupo está Gloria, una chica bastante guapa por la que Germán se siente atraído -aunque ella tiene novio desde hace años-. Gloria tiene sus propias dudas y se plantea su propio camino.
Al final el grupo de chicos y chicas cambia gracias al camino. Germán encuentra algo que estaba buscando, un objetivo en su vida: responde a la llamada para el sacerdocio. Gloria -guapa, atractiva, con un trabajo y novio formal- seguirá un camino paralelo y probará en un convento de clausura de Monjas Mercedarias.
El camino aparece como la ruta que siguen los caminantes y como metáfora visual del recorrido interior que tienen que seguir en su vida, para plantearse y encontrar un sentido mayor.
Se puede enlazar con la página web de la película en El Camino de la vida. En esa página se puede encontrar el modo de conseguir la película, aunque ya adelanto que va a distribuirlas comercialmente Edibesa.
Te animo a que la consigas y la veas, vale la pena y es muy sugerente. Un saludo.

martes, 16 de marzo de 2010

Joven rico

Acabo de leer el mensaje del Papa con motivo de la próxima Jornada Mundial de la Juventud que este año que se celebra en la diócesis, y que nos prepara para la siguiente Jornada que será en 2011 en Madrid.
Benedicto XVI toma como referencia la Carta a los Jóvenes de Juan Pablo II de 1985 –que sigue siendo actual- y que entonces nos hizo mucho bien, y a mi particularmente me sirvió para hablar de vocación y de seguimiento del Señor en aquel entonces cuando comenzaba a vivir mi sacerdocio. Esa carta tenía como tema de fondo la escena del joven rico.
El joven rico es como el prototipo del joven actual, de aquel que se hace preguntas y no sabe qué responder; que tiene miedo a cuestionarse muchas cosas de la vida porque desconoce las respuestas, o porque tiene miedo a lo que le digan.

Recuerdo que André Frossard cuenta en un de sus libros, que en un encuentro con universitarios en La Soborna en el difícil año 1968, al acabar una de sus clases se le acercó un grupo de aquellos alumnos y le dijeron.
- Profesor, tenemos una pregunta que hacerle: ¿por qué vivir?
Dice Frossard que se paró en seco y se dio cuenta de que tenía que responder algo que les dejara convencidos, pero claro y concreto. Entonces se le ocurrió la siguiente respuesta-pregunta:
- Habéis formulado mal la pregunta, realmente tendrías que preguntaros: ¿por quién vivir?
Parece ser que fue suficiente para apaciguarlos y dejarles pensando, porque efectivamente el sentido de nuestra existencia está más allá de nuestros pobres horizontes personales, de un egoísmo que sólo mire para dentro, y no sepa encontrar en Dios y en los demás el sentido de nuestra vida.
Precisamente el Papa anima a pensar a los jóvenes en el sentido de la existencia mirando “a lo alto”, es decir, trascendiendo y no quedándose en lo limitado de lo que alcanza nuestra mirada:
Preguntarse sobre el futuro definitivo que nos espera a cada uno de nosotros da sentido pleno a la existencia, ya que orienta el proyecto de vida hacia horizontes no limitados y pasajeros, sino amplios y profundos, que llevan a amar el mundo, tan amado por el mismo Dios, a dedicarnos a su desarrollo, pero siempre con la libertad y la alegría que nacen de la fe y de esperanza. Son horizontes que ayudan a no absolutizar las realidades terrenas, sintiendo que Dios nos prepara una perspectiva más grande, y a repetir con san Agustín: “Deseemos juntos la patria celeste, suspiremos hacia la patria celeste, sintámonos peregrinos aquí abajo” (Comentario al Evangelio de san Juan, Homilía 35, 9). Teniendo fija la mirada en la vida eterna, el Beato Pier Giorgio Frassati, muerto en 1925 a la edad de 24 años, decía: “¡Quiero vivir y no vivaquear!”, y en la foto de una escalada, enviada a un amigo, escribía: “Hacia lo alto”, aludiendo a la perfección cristiana, pero también a la vida eterna.
Queridos jóvenes, os exhorto a no olvidar esta perspectiva en vuestro proyecto de vida: estamos llamados a la eternidad. Dios nos ha creado para estar con Él, para siempre. Ésta os ayudará a dar un sentido pleno a vuestras elecciones y a dar calidad a vuestra existencia.”.
Verdaderamente estamos llamados a la eternidad, a mirar a lo alto, pero me pregunto ¿nos enteraremos en algún momento?
Un saludo.

viernes, 26 de febrero de 2010

Curas y árbitros

Escuchaba esta mañana en la radio mientras iba a mi cole en el coche, una tertulia acerca de los árbitros: la polémica de lo malo que son los árbitros de todas las categorías, etc. La verdad es que no se porqué escuchaba esto, pues me hubiera ido mejor ir rezando el rosario u otras oraciones.
El caso es que uno de los tertuliantes dijo: "si mi hijo me dice que quiere ser árbitro, le doy una bofetada que le da cuatro vueltas la cabeza"; me ha hecho gracia, ya que era la manera de decir que es mejor no meterse a árbitro, por el riesgo que supone. Otro de los participantes a la tertulia en ese momento dijo: "hay tan pocas vocaciones a árbitros como a cura, las escuelas de árbitros están tan vacías como los seminarios".
Pensé que enorme tontería comparar la vocación a árbitro (si la hay) con la de sacerdote. Lo único que se parecen es que van de negro -y ahora lo árbitros ni eso-, y los curas vamos recuperando el negro.
Estos días he estado en un encuentro con sacerdotes, la mayoría jóvenes, y todos ellos se identificaban con signo externo. Han sido unos días gozosos, de dar muchas gracias a Dios.
Pero el tema que yo quería comentar no era ese, sino el de la vocación.
Se dice que no hay vocaciones a cura, que cada día hay menos y que es una "especie" que se extingue. Me parece una sandez. Es cierto que los números han bajado, pero de lo que estamos absolutamente seguros quienes tenemos fe es de que siempre habrá sacerdotes, y que en buena parte eso dependerá de que los que ya lo somos seamos fieles, buenos y santos.
Sólo os pido que nos ayudéis a que esto se así.
Un saludo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

The Kelly Family

Esta es una de esas historias que no me he pensado dos veces contártela porque vale la pena. Ten paciencia, lee la historia y después escucha con detenimiento el video. Te dejo para que tu mismo pienses sobre el relato, y saques tus consecuencias. Sólo una cosa ¿no estaremos perdiendo demasiado el tiempo en nosotros mismos, y nos hemos olvidado de lo importante, de Dios? Ya me dirás y un saludo cariñoso.

Paddy, una de las estrellas de The Kelly Family, es hoy monje en Francia

"¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Cuál mi destino en la tierra?" Estas son las preguntas que resonaban en la mente de Paddy Kelly antes de entregarse a Dios en un monasterio francés. Cantante, guitarrista, pianista y compositor, ídolo de millones de adolescentes en los 90, dejó el éxito, su familia y su novia por seguir los planes de Dios.

Cuando Paddy cumplió tres años, su familia entraba en el mundo de la música por la puerta grande: su primer single era número uno en Holanda y Bélgica, y había alcanzado el número quince en Alemania. Los Kelly Kids recorría toda Europa en su propio autobús.
Un año más tarde, la madre de Paddy moría tras una rápida enfermedad. Los primeros fans temieron no volver a ver a los Kelly sobre los escenarios, pero lejos de dejarse llevar por la pena, siguieron el consejo de su madre: "No dejéis de cantar". Paddy, con apenas cinco años, ahogaba las lágrimas mientras entonaba frente al público la canción preferida de su madre (en YouTube se encuentran videos conmovedores).
Tras el triunfo arrollador en Europa, viajaron por Estados Unidos para promocionar sus canciones. Más tarde crearon su propia discográfica. Todo quedaba en familia: Kathy se encarga de los vestuarios, John de la producción, Jimmy de los arreglos musicales… En la misma década compraron un barco, el Sean O´Kelley, y alternaron su residencia entre un castillo medieval en Alemania y el mar. Parecía que disfrutaban de un éxito imparable: abarrotaban estadios de fútbol en sus conciertos, acumulaban hasta cuarenta y ocho discos de platino…
Al borde del suicidio
A principios de los 90, Daniel, el padre del clan, se retiró de los escenarios por una parálisis que afectó a la mitad de su cuerpo. En pocos años, otra de las hermanas tuvo también que abandonar la formación musical a causa de otra enfermedad. Paddy había crecido, estaba dotado de una voz maravillosa y le acompañaba un físico que volvía locas a las adolescentes. Los discos le proporcionaban cantidades ingentes de dinero, sus fotos llenaban las portadas de las revistas y no podía salir a la calle sin guardaespaldas. Sin embargo, bajo su sonrisa encantadora se escondía una profunda depresión que lo empujó al borde del suicidio.
"No sabía cuál era la razón de mi vida: la música no me llenaba; el dinero tampoco. Ni siquiera la fama. No encontraba sentido a las cosas. Entonces decidí acabar para siempre". Paddy se estremece al relatar aquel episodio. Se subió a la ventana y miró hacia abajo. "Cuando estaba a punto de lanzarme al vacío, oí claramente la voz de Dios en mi interior. Me aparté de la ventana y comencé a llorar".
Paddy ni siquiera imaginaba lo mucho que iba a cambiar su vida tras aquel incidente. Comenzó a buscar una respuesta en distintas religiones. Se acercó al budismo y leyó el Corán. Entonces conoció a un sacerdote que vivía cerca del castillo. A través de largas conversaciones con él, recuperó una fe que creía olvidada. Poco después le rogó que le confesara: "Había hecho cosas malas de las que estaba arrepentido y necesitaba pedir perdón a Dios".
Sus fans, en contra
En 1999 visitó el Santuario de Lourdes. Lo que al principió juzgó como un lugar para enfermos y abuelas, le cautivó. Se sorprendió cuando, entre los grupos de enfermos y "pelos grises" –como él llama a los ancianos– encontró también jóvenes como él, amantes del rock, del cine y la televisión… Ellos le enseñaron a hacer oración, a contarle todo a Dios sin miedo. "Yo estaba bautizado, pero no sabía que los hombres podemos hablar a Dios con tanta confianza". Se compró un rosario y comenzó a leer el Evangelio todos los días. Al mismo tiempo, proseguía su carrera musical, grabando incluso algún disco en solitario.
En el verano de 2000, la enfermedad de su hermana empujó a toda la familia Kelly a peregrinar hasta Medjugorje, una aldea bosnia. Dicen que la Virgen se aparece allí desde 1981. Como en Lourdes, son varios los enfermos que han recibido el don de la curación. Allí entró en contacto con la orden de San Juan. Paddy reconoce que, gracias a aquel viaje, sus hermanos también reencontraron a Dios: "Uno de ellos ha vivido un tiempo en un monasterio; otra pensó hacerse monja: pero ambos están ahora casados y tienen niños. Su fe sigue siendo fuerte".
Los jóvenes de toda Europa que acudieron, el verano de 2008, al encuentro que se organiza en Medjugorje, pudieron ver a The Kelly Family cantar a la Virgen. Paddy narró, frente a los peregrinos, cómo encontró por fin su vocación: "Estaba haciendo oración y, de repente, entendí que quería pertenecer sólo a Jesús, dedicar mi vida entera a Él. No quería otra cosa".
En 2004 ingresó como novicio en el monasterio de Burgundy, en Francia. Sus fans lo lamentan en sus blogs: "Se ha cortado la melena, viste con un horrible hábito gris y estudia teología". Él reconoce que tampoco fue fácil: "Lo más duro fue despedirme de mi familia y de mi novia. Ella me animó a que me uniera a Jesús si allí se encontraba mi felicidad". Ahora Paddy proclama a los jóvenes un mensaje que recuerda al que tantas veces repitió Juan Pablo II: "Jóvenes, sed los santos del nuevo milenio: ¡no tengáis miedo!".
"Sólo sé que es muy feliz"
The Kelly Family lleva sin lanzar un disco desde su último recopilatorio, en 2006. Dan Kelly murió en el verano de 2002. John canta ahora junto a su esposa, Maite Itoiz, y tres de los hermanos se han retirado temporalmente para dedicarse a su familia y a sus hijos. Pero todo el mundo recuerda sus canciones e Internet está repleto de chats en los que se pide información sobre sus conciertos. Sobre todo, nadie olvida a Paddy en los escenarios. En uno de los últimos recitales, Kathy Kelly se dirigió al público antes de cantar An Angel, la canción preferida de su hermano: "Rezad por él. Me preguntáis si volverá a cantar algún día; no lo sé. Sólo os puedo decir que es muy feliz".

domingo, 10 de diciembre de 2006

Volví a leerlo


"No permitas que lo impidan los afanes del mundo; guíanos hasta él (tu Hijo) con sabiduría divina". He querido ponerte unas palabras de una de las oraciones de la liturgia de la Palabra de hoy, domingo segundo de Adviento, porque me han hecho recordar y volver a leer un documento de hace unos años, al que me parece que debemos volver, más cuando cada vez es más necesario plantearnos nuestro encuentro con El. ¿Te lo planteas de verdad? Que sepas que mientras no te plantees con sinceridad en el encuentro con la Verdad, no tendrás paz en tu vida (me refiero a la verdadera Paz, la que dura en la contradicción). Aunque sea un poquito largo lee lo que te añado, y a ver qué te sugiere..., a mí me ha vuelto a conmover.
"Es tiempo, ahora, de que aquella llamada suscite nuevos modelos de santidad, porque Europa tiene necesidad, sobre todo, de la santidad que el momento exige, original por tanto y, en algún modo, sin precedentes.
Se necesitan personas, capaces de « echar puentes » para unir cada vez más a las Iglesias y a los pueblos de Europa y para reconciliar los espíritus.
Son precisos « padres » y « madres » abiertos a la vida y al don de la vida; esposos y esposas que testimonien y celebren la belleza del amor humano bendecido por Dios; personas capaces de diálogo y de « caridad cultural » para transmitir el mensaje cristiano mediante los lenguajes de nuestra sociedad; profesionales y personas sencillas capaces de imprimir al compromiso en la vida civil y a las relaciones de trabajo y amistad, la transparecia de la verdad y la fuerza de la caridad cristiana; mujeres que descubran en la fe cristiana la posibilidad de vivir plenamente su condición femenina; sacerdotes de corazón grande, como el del Buen Pastor; diáconos permanentes que anuncien la Palabra y la libertad del servicio para con los más pobres; apóstoles consagrados, capaces de sumergirse en el mundo y en la historia con corazón contemplativo, y místicos tan familiarizados con el misterio de Dios como para saber celebrar la experiencia de lo divino y hacer ver a Dios presente en la vorágine de la acción.
Europa necesita nuevos confesores de la fe y del gozo de creer, testigos que sean creyentes creíbles, valientes hasta la sangre, vírgenes que no sean tales sólo para sí mismas, sino que sepan decir a todos que la virginidad reside en el corazón de cada uno y reenvía inmediatamente al Eterno, manantial de todo amor.
Nuestra tierra está ávida no sólo de personas santas, sino de comunidades santas, de tal forma enamoradas de la Iglesia y del mundo que sepan presentar al mundo mismo una Iglesia libre, abierta, dinámica, presente en la historia diaria de Europa, cercana a los sufrimientos de la gente, acogedora con todos, promotora de la justicia, solícita para con los pobres, no preocupada por su minoría numérica ni por las barreras puestas a su acción, no asustada por el clima de descristianización social (real pero quizá no tan radical ni generalizado), ni de la escasez (a menudo sólo aparente) de los resultados.
¡Será ésta la nueva santidad capaz de reevangelizar a Europa y de construir la nueva Europa!"
(Nuevas vocaciones para una Nueva Europa, 1997)