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domingo, 19 de mayo de 2013

Domingo

Hoy acaba la Pascua. El domingo de Pentecostés cierra el tiempo litúrgico de la Pascua.
Esta mañana he podido ayudar a un muy buen amigo sacerdote que los domingos -como todos los sacerdotes- tiene muchísimo trabajo. Estuve atendiendo a quien lo necesitaba en el confesonario (por cierto que siguen existiendo los confesonarios y la confesión, por si alguien pensó que los habían quitado), en las dos misas que celebró.
Gracias a Dios pude atender a mucha gente.
Te aseguro -estoy convencido- que si acudieramos más frecuentemente a la confesión, gastaríamos menos tiempo en psiquiatras (no quiero decir que no sean necesarios los psiquiatras), pero muchos de nuestros problemas se resolverían pidiendo perdón.
No nos podemos imaginar la paz y el gozo que da recibir y sentir la Misericordia de Dios.
Pues al terminar la mañana cansado, sólo me vino a la cabeza un pensamiento: ¡gracias Señor por el don del sacerdocio! ¡Gracias porque me has dado la posibilidad de ser instrumento -eso sí, muy limitado- de tu Gracia.
No dejes de pasar por el confesonario. Te -nos- vendrá muy bien.
Un saludo.

domingo, 14 de abril de 2013

¿Dónde está Dios?

Es la típica pregunta ante un suceso catastrófico, o ante una desgracia grande, y sobre todo cuando se trata de personas inocentes.
No lo entendemos -no es fácil, por no decir imposible- y pienso que no vale la pena intentar entenderlo. Lo que sí que estoy seguro es que está, a pesar de que nos cueste descubrirlo. Está porque El es el primer inocente que sufre, y porque con su sufrimiento nos acompaña y sea hace solidario del nuestro.
Me mandaron esta foto que acompaña a esta entrada y me impresionó.
La prisión de alta seguridad es en Kamiti (Kenya). Vi la foto y me conmovió.
El está, no tengo duda.
Un saludo

viernes, 25 de junio de 2010

El santo de lo ordinario

Mañana celebra la Iglesia la Memoria de San Josemaría Escrivá. Pienso que mucha gente ya conoce su vida con detalle, pero para quienes todavía no sepan quién es, qué hizo, y porqué la Iglesia lo declaró santo, adjunto un enlace con una breves ideas sobre su vida.
Tengo en mi haber haberlo conocido en dos encuentros con mucha gente en Valencia en noviembre de 1972. Para mí es un regalo ese encuentro del que nunca daré bastantes gracias a Dios, pues a su fidelidad le debo mi vocación al Opus Dei, y mi vocación al sacerdocio.

martes, 22 de junio de 2010

Pasar el relevo

El pasado sábado día 19 asistí a la ordenación sacerdotal de tres diáconos en Orense. Conocía a uno de ellos por un viaje que hicimos juntos a Lourdes cuando fue el Papa Benedicto XVI.
Entonces Miguel (así se llama) sólo era seminarista de cuarto curso, con una vocación muy clara, y con una ilusión porque su sacerdocio que llegaría, que saltaba a la vista.
Desde entonces nos hemos visto de vez en cuando, hemos hablado, y se ha creado una amistad que ha ido en aumento. No podía faltar a esa ceremonia.
Me fijé en un detalle: la ilusión e incluso la emoción que los sacerdotes más veteranos (que no viejos, porque todos los sacerdotes somos jóvenes de corazón), ponían al imponer las manos en la cabeza de los ordenados. Era como decirles: ¡te paso al Espíritu Santo!, ¡te confío el tesoro del que ya somos participes los demás! ¡Hazlo tu mejor que nosotros! ¡Contamos con que no nos falles!
Realmente, me emocioné a pensar que esa imposición de manos (por otra parte, signo evangélico) era como pasar el relevo de una carrera.
Me ayudó leer una entrevista con el actual Prelado del Opus Dei que salió publicada hace unos días en la página web de la Prelatura. Te añado un enlace.
Un saludo.

martes, 1 de junio de 2010

La última cima

Conocí a Pablo hace años, con motivo de unas convivencias en Galicia, y también le escuché en alguna conferencia en Zaragoza. Pablo tenía un algo especial que atraía, y que con sencillez facilitaba que te acercaras a él.
Me ha alegrado enormemente que se haya hecho esta película –que estoy deseando ver- sobre su vida. Se lo merece.
Pero estoy seguro que lo que más desearía Pablo es que esta película sirva para que mucha gente conozca la vida de un sacerdote que sólo quiso ser eso (nada y nada menos): SACERDOTE, y por lo tanto, CRISTO; porque ese era el deseo más profundo, que a través de él, muchas personas se acercaran, conocieran y amaran a Cristo.
Al acabar el próximo día 11, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el Año Sacerdotal, es muy oportuno este estreno, sencillamente porque ya va siendo hora de que se conozca y se valore la vida de muchos sacerdotes que sólo han querido ser eso: buenos sacerdotes.
Recojo la noticia y una entrevista con el director de la producción.

El próximo jueves 4 de junio se estrena en España la película «La Última Cima», un largometraje sobre la vida del sacerdote español Pablo Domínguez Prieto, fallecido en febrero del año pasado a los 42 años en un accidente de montaña en el Moncayo.

El director de la producción es Juan Manuel Cotelo, un hombre que quedó impactado por su figura, tras conocerle en una conferencia. Doce días después, ocurrió el accidente en el que falleció este sacerdote.

Cotelo, actor, guionista y director de cine y televisión, se autodenomina simplemente «contador de historias que merezcan la pena ser contadas». Dirige la productora Infinito + 1. Ha dirigido también producciones como «El sudor de los ruiseñores» y es autor del libro «Opera Prima. Así logré escribir, producir y dirigir».

Pablo no era un sacerdote más sino un buen sacerdote
Cotelo confiesa que un amigo le invitó a grabar la charla del padre Pablo: «yo no veía por ninguna parte el interés en conocer a un sacerdote más», confiesa. «¡Y ése fue mi error! Porque Pablo no era "un sacerdote más", sino un buen sacerdote», dice.

«Por quitarme de encima la insistencia de mi amigo... fui y la grabé», recuerda Cotelo. «Además, hablé con él unos escasos minutos y comprobé su buen humor y su generosidad. No dudó en decirme: "si puedo ayudarte en algo, sólo tienes que pedírmelo". Aquello me impresionó porque sentí que lo decía en serio».

Pablo Domínguez Prieto era el decano de la facultad de Teología San Dámaso de Madrid. Nació en la capital española en 1966 y fue ordenado sacerdote a los 24 años. Doctor en Filosofía y en Teología, publicó 7 libros y decenas de artículos, impartió más de 50 conferencias. Era un buen alpinista y escalador. Coronó todas las cimas españolas superiores a 2.000 metros y otras superiores en los Alpes y los Andes. Cuando podía, celebraba misa en la cumbre.
Enamorado de Dios, la Iglesia y las montañas
Cotelo destaca del padre Pablo «su alegría y buen humor, su optimismo, incluso en los momentos más dramáticos, porque confiaba totalmente en su gran amor: Dios... "que no es un amigo cualquiera, sino que es un Padre Todopoderoso", dicho con sus palabras».
«Estaba enamorado de Dios y servía a Dios sirviendo a los demás», dice Juan Manuel a pesar de su brevísimo trato con él. «Ésa era la segunda cualidad que llamaba más la atención en él: su reacción inmediata para ponerse al servicio de cualquier persona, fuera quien fuese», testimonia.

«Estaba enamorado de la Iglesia», asegura. «Por último, estaba enamorado de las montañas, de la naturaleza, el lugar en el que se encontraba con Dios de modo más íntimo. En resumen, diría que el amor de Pablo a Dios era el mismo amor que tenía a los demás, a la Iglesia y al mundo. Todo lo unía en Dios» asegura el director de La Última Cima.

Cotelo recuerda el día en que se enteró de la muerte de Pablo viendo las noticias: «Escribí a un amigo montañero y, para mi sorpresa, me respondió llorando, diciéndome que había muerto "su amigo Pablo". ¡Yo no sabía que eran amigos! Desde ese día hasta hoy sigo topando con amigos de Pablo, del modo más inaudito. Con eso he descubierto que conocer a Pablo era querer a Pablo».
La idea de «La Última Cima»
Alguien le sugirió hacer una película sobre el padre Pablo. Juan Manuel se negó rotundamente. Pero poco a poco empezó a cambiar de parecer: «Fui conociendo a personas que habían tratado a Pablo y que me contaban de qué modo el cariño que habían recibido de parte suya había transformado sus vidas. Había que estar ciego para no darse cuenta de que su historia merecía la pena ser contada», dice.

«Además, siempre he concentrado mi trabajo en contar historias de personas buenas, sin prestar atención a los que hacen el mal, porque personalmente no me interesan esas historias de las que, además, se ocupan muchos otros con gran profesionalidad», confiesa Juan Manuel.
Me ha cambiado la vida
Este cineasta cuenta cómo aquella conferencia y su breve trato con Pablo alteraron su vida: «Pablo es la demostración de que cualquier persona puede tener una vida fértil. Porque sus virtudes son accesibles a cualquiera», dice.

«Gracias a él, ahora procuro escuchar con más atención a las personas, prestar pequeños servicios a quien se ponga delante, sonreír cuando no me apetece, alterar mi horario sin enfadarme cuando surge alguien que me lo pide... y unas cuantas cosas más en las que veo que él era mucho mejor que yo», señala.

«Sobre todo, procuro buscar a diario y en todo la voluntad de Dios para mí», agrega. «Por último, con Pablo uno puede descubrir que el Cielo no está "más allá" ni empieza "más tarde", sino que desde ahora uno ya puede empezar a vivir en el Cielo, si dejas que Dios entre en tu vida», dice Juan Manuel.

Este trabajo le ha permitido a Cotelo encontrarse con la belleza de la vocación sacerdotal que para él «es la belleza de un Dios humilde quien, pudiendo actuar sin depender de nadie, nos hace llegar su gracia a través de otros hombres».

«Cristo, pudiendo dar de comer a una multitud, con un simple chasquido de dedos, lo hizo con la colaboración de hombres vulgares: "dadles vosotros de comer". Y hoy sigue actuando igual», dice Juan Manuel. «Son los sacerdotes quienes nos dan el alimento para el alma, que no es suyo, sino del mismo Dios, que se nos entrega en persona a cada uno», asegura.

«Es innegable que Pablo ha vivido y ha fallecido con fama de santidad, sin eufemismos: santidad real», asegura el director de «La Última Cima».

«Además, lo que destacan de él quienes le trataron no son sus cualidades intelectuales, a pesar de tener dos licenciaturas y dos doctorados», dice el director. «Me sorprendió mucho que nadie diera importancia a eso, a pesar de ser cierto. De él destacan sus virtudes: su alegría, su humildad, su generosidad, su amor a Dios, su castidad, su desprendimiento de todo lo material...».

«He querido dar la cara por los curas», dice Juan Manuel Cotelo, y por ello dedicó este largometraje a un sacerdote que, minutos antes de morir, llamó por móvil a su familia y dijo «He llegado a la cima».
Un saludo

martes, 25 de mayo de 2010

Los sacerdotes que “abusaron” de mí

Recibí este artículo que me envió un sacerdote amigo. Me gustó. En realidad esta es la verdadera acción de muchos buenos y santos sacerdotes, que pasan desapercibidos, que no salen en los periódicos, de los que nadie habla, pero que hacen una honda labor silenciosa y profunda, y que nos han ayudado tanto “abusando” de nuestra libertad, y empujándonos hasta el cielo. Dios les bendiga.

Los sacerdotes que “abusaron” de mí
Cuidémonos gravemente de tratar con ellos

Cuando era muy niño, sin tener conciencia, sin libertad, sin poderme defender, uno de ellos me hizo hijo de Dios, heredero de la vida eterna, templo del Espíritu Santo y miembro de la Iglesia; nunca podré perdonarle haberme hecho tanto bien.

Otro insistió, durante mis años tiernos, en inculcarme, violentando mi voluntad, el respeto por el Nombre de Dios, la necesidad absoluta de la oración diaria, la obediencia y la reverencia a mis padres, el amor por mi patria y un largo etcétera; me enseñó la utopía de no mentir, de no robar, de no hablar mal de otros, de perdonar y de todas esas cosas que nos hacen tan mojigatos y ridículos.

Otro apareció diciendo que el Espíritu Santo debía venir a completar la obra comenzada en el Bautismo; que me harían falta sus dones y sus frutos, que ya era hora de que viniera en mi ayuda aquel que me haría defender la fe, como un soldado. ¡Qué osadía hablar en términos tan bélicos! Hizo en esa época que cuidara mi alma de las del mundo, que fuera noble, leal y honesto.

Otro abusó dándome libros para leer, pues no le bastaban sus consejos, que hacían poner la mirada en la eternidad y vivir como extraños aquí, en la tierra. ¿Quién sacará ahora de mi cabeza los cuatro evangelios?, ¿Las glorias de María, de san Alfonso?, ¿La imitación de Cristo, de Tomás de Kempis?, ¿las Confesiones, de san Agustín?, ¿las Moradas, de santa Teresa? ¿Quién será capaz de curarme de todos esos tesoros que me marcaron para siempre?

Otro abusó de mi ignorancia enseñándome cosas que no sabía; otro no hablaba, pero su vida virtuosa me inclinaba cada vez más a imitarlo. Hubo algunos que se aprovecharon de mí en momentos inesperados y me corrigieron, me alentaron y hasta rezaron por mí.

Otros, cuando yo ya estaba en un círculo del cual no podía salir, se empecinaron con mi naturaleza caída y me incitaron a recibir a Jesucristo en su Cuerpo y Sangre para resistir los embates del enemigo, para fortalecer mi flaqueza y santificarme cada día más. Aunque, para aquel que lea esta denuncia le parezca que esto ya es demasiado y que más bien no se puede hacer, les digo que los abusos siguieron en aumento y que todo pasó a mayores: cada vez que conocía a un sacerdote, se aprovechaba de mí con renovados métodos, tales como reliquias, estampas, agua bendita, rosarios, bendiciones y oraciones de todo tipo, armaban una cárcel de tremendos beneficios que llegaron al límite de lo soportable.

Quiero dejar claro esta injusticia llena de perversidad y que atiendan a mi reclamo en esta denuncia, porque sé que algunos de ellos me estarán esperando para seguir con esta iniquidad, sentado en un confesonario o al lado de mi cama cuando esté moribundo y que, aunque desaparezca, seguirán abusando con sufragios por mi alma y súplicas de misericordia.

Quiero que se sumen a mi voz todos aquellos que han sido víctimas de estos atropellos y se han sentido ultrajados por estas personas, pues sé que a otros los han unido en matrimonio, a otros le descubrieron su vocación, a otros hasta llegaron a ayudarlos materialmente o guardaron con llave en su corazón para siempre secretos tremendos de sus miserias humanas.

Cuidémonos gravemente de tratar con ellos, no les demos nuestros datos, no los miremos a los ojos, no les consultemos absolutamente nada, no sigamos ninguno de sus pasos, pues corremos el riesgo, un día, de caer en sus trampas y salvarnos eternamente.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Cambios

Supongo que los que seguís el blog vais comprobando que en estos días he ido cambiando la plantilla, para conseguir alguna más atractiva..., voy a descansar ya y dejo la que acabo de "subir". Me parece bonita, teniendo en cuenta que blogger no ofrecen muchas que me gusten.
Pero me viene bien este comentario, para hablarte brevemente de algo que estos días estoy viviendo más detenidamente.
Estoy predicando una "tanda" de ejercicios espirituales a un grupo de sacerdotes, esto es como dar "miel al colmenero" (con decía San Josemaría Escrivá cuando tenía que predicar a sacerdotes). Te pido oraciones. Son muy majos y lo están haciendo muy bien. No se si el predicador está a la altura, lo dudo.
Hemos hablado de conversión, de cambiar de traje, de dar pasos de santidad..., es lo propio además de este tiempo de Cuaresma. La verdad es que en este país hay tantos temas de los que hablar, y por los que preocuparse: crisis económica, paro, desconfianza en los políticos (de un signo y de otro), crisis social, desgraciada ley del aborto recién aprobada, etc., etc., que hablar de conversión parece tontería, pero pienso que o empezamos por ahí, y cada uno de nosotros cambiamos, o no mejoramos el mundo en el que vivimos.
Además somos los sacerdotes quienes tenemos mucho que dar y aportar, no por nada, ni mucho menos por nuestros méritos, sino por la responsabilidad de ser iconos de Cristo en la tierra; así que si no somos mejores... Reza pos nosotros, que lo necesitamos.
Un saludo.