viernes, 15 de febrero de 2008

El recuerdo del silencio


Ya se que dos entradas en el mismo día después de tanto tiempo de no escribir, puede parecer excesivo, pero no me resisto, muy brevemente, a contarte la última experiencia que tuve hace unos días dando unos ejercicios a un grupito de jóvenes con ganas de rezar, y cada uno rezaba según lo entendía: leyendo, de rodillas, postrados, sentados, paseando, etc.

Me conmovió el silencio, la oración continua, la ganas de estar, así estar (de permanecer) sin prisas delante de Dios para mirarle y sentirse mirado, para preguntarle y obtener respuesta, aunque fuera en el silencio, y en ese silencio encontrar algo muy distinto de lo que el mundo hoy nos ofrece. Seguramente los y las asistentes hayan vuelto a encontrarse en su estudio o trabajo con el mundo que "tiene prisa" y no deja pensar, pero estoy seguro que, al menos, lo ven de otra manera, desde el silencio de quien deja que Dios entre en su alma.

¿Porqué no te animas estos días a probarlo, dedicando un tiempo a mirarle, o quizás haciendo unos ejercicios?

Un saludo

Cuaresma y Conversión

Estos días he vuelto a reflexionar sobre el verdadero sentido de la Cuaresma, "tiempo de gracia", pero no tiempo de tristeza, ni de una visión negativa de la vida, como si lo único importante de estos días fuera la penitencia, o como si la fe sólo hiciera hincapié en el sacrificio y la mortificación.
Una vez más intenté leer despacio, procurando poner todos los sentidos en ello algunos salmos, y en especial el Salmo 50. Cuando repasaba esas palabras tan conocidas:

"Devuélveme el son del gozo y la alegría (...) Retira tu faz de mis pecados, borra todas mis culpas. Crea en mí, oh Dios, un puro corazón, un espíritu firme dentro de mí renueva; no me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu. Vuélveme la alegría de tu salvación, y en espíritu generoso afiánzame (...)"
volví a confirmarme en que la alegría es también parte importante de la Cuaresma, la alegría de la conversión, de volver a Dios, de mirar otra vez donde está El, y lo que nos ama.
Sería una pena que de la ceniza y de la disciplina cuaresmal nos quedaramos únicamente con el aspecto de sacrificio y penitencia, como si la razón del carnaval fuera sencillamente compensar la penitencia de la cuaresma.
Quizás lo entiendas mejor con estas palabras del Papa el pasado miércoles de ceniza:
"La invitación a la conversión es, por tanto, un impulso a volver a los brazos de Dios, Padre tierno y misericordioso, a fiarse de Él, a encomendarse a Él como hijos adoptivos, regenerados por su amor...
La experiencia demuestra que no se es feliz por el hecho de satisfacer las expectativas y las exigencias materiales. En realidad, la única alegría que llena el corazón humano es la que procede de Dios: tenemos necesidad, de hecho, de la alegría infinita. Ni las preocupaciones cotidianas, ni las dificultades de la vida, logran apagar la alegría que nace de la amistad con Dios. La invitación de Jesús a cargar con la propia cruz y a seguirle en un primer momento puede parecer algo duro y en contra de lo que queremos, mortificador para nuestro deseo de realización personal. Pero si lo analizamos con más atención, nos damos cuenta de que no es así: el testimonio de los santos demuestra que en la Cruz de Cristo, en el amor que se entrega, renunciando a la posesión de sí mismo, se encuentra esa profunda serenidad que es manantial de entrega generosa a los hermanos, en especial, a los pobres y necesitados".
Pienso que aquí está el verdadero sentido de estos días; ojalá sepamos aprovecharlos.
Un saludo