sábado, 19 de abril de 2008

Benedicto XVI en Estados Unidos


Junto a este corto vídeo del encuentro del Papa con los Obispos de USa, te copio unas palabras suyas en esa ocasión, que te pueden ayudar.
"Para una sociedad rica, un nuevo obstáculo para un encuentro con el Dios vivo está en la sutil influencia del materialismo, que por desgracia puede centrar muy fácilmente la atención sobre el “cien veces más” prometido por Dios en esta vida, a cambio de la vida eterna que promete para el futuro (Mc 10,30). Las personas necesitan hoy ser llamadas de nuevo al objetivo último de su existencia. Necesitan reconocer que en su interior hay una profunda sed de Dios. Necesitan tener la oportunidad de enriquecerse del pozo de su amor infinito. Es fácil ser atraídas por las posibilidades casi ilimitadas que la ciencia y la técnica nos ofrecen; es fácil cometer el error de creer que se puede conseguir con nuestros propios esfuerzos saciar las necesidades más profundas. Ésta es una ilusión. Sin Dios, el cual nos da lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar (cf. Spe salvi, 31), nuestras vidas están realmente vacías. Las personas necesitan ser llamadas continuamente a cultivar una relación con Cristo, que ha venido para que tuviéramos la vida en abundancia (cf. Jn 10,10).".
Un saludo.

martes, 15 de abril de 2008

Mis abuelos


Guardo un gratísimo recuerdo de mis abuelos. Pude conocer a todos ellos, y es verdad que dejaron una impronta en mi vida. Mis abuelo paternos Heliodoro y Ana, y mis abuelos maternos Juan y María. Cada uno de ellos era de una forma diferente, y cada uno -podría decir- me enseñó algo diferente: el orden, la generosidad, la sencillez, el carácter, etc.
Seguro que todos hemos recibido de nuestros abuelos un cariño inmenso (a veces desmedido), pero sí que nos han enseñado desde la visión que dan los años a dar y recibir amor. Por eso, me parece que es importante en cada familia contar con ellos. ¡Cuántos abuelos confinados en Residencias, anónimos, y ayunos de cariño! Hace unos días el Papa decía sobre ellos lo siguiente:
"Ojalá que los abuelos vuelvan a ser una presencia viva en la familia, en la Iglesia y en la sociedad. Por lo que respecta a la familia, los abuelos deben seguir siendo testigos de unidad, de valores basados en la fidelidad a un único amor que suscita la fe y la alegría de vivir. (...) En efecto, no se puede proyectar el futuro sin hacer referencia a un pasado rico en experiencias significativas y en puntos de referencia espiritual y moral."
Mirar al pasado representado y vivido por nuestros abuelos será siempre una enseñanza, por ello pienso que debemos tratarlos son respeto, amor y comprensión ¡qué se lo merecen!
Un saludo.

martes, 8 de abril de 2008

Dolor de cabeza


Hay días en los que no nos levantaríamos de la cama (alguien me dijo en una ocasión: ¡yo, todos los días!). Son esas jornadas en las que, por ejemplo, nos duele la cabeza, todo nos molesta, todo se hace cuesta arriba y vemos todo de "tejas abajo", con sentido negativo. Desearíamos no tener ese dolor, que nos lo quiten, si es necesario ¡¡¡qué nos quiten la cabeza!!!
En esos momentos, cualquier cosa nos parece mal, desearíamos estar sólos (luego no nos sirve para nada), queremos estar en silencio, que nadie nos hable, el mínimo ruido nos perturba y enfada..., ! qué fácil es que, en esos momentos, sólo pensemos en nosotros mismos!
Bien mirado, me parece que verdaderamente es ridículo. Sobre todo cuando uno es capaz de darse cuenta que no está sólo en el mundo, y que hay muchas, muchísimas cosas, por las que vale la pena aguantar un dolor de cabeza, olvidarse de uno mismo y mirar a los demás. Descubriremos muchos dolores de cabeza en los demás, e intentaremos compartir, olvidar nuestro "rollito" y dejar de mirarnos el ombligo.
Algo así experimenté hace unos días hablando con una madre de familia, con bastante hijos (hay que usar los 10 dedos de las manos para contarlos), que apenas llega a final de mes con los sueldos de su marido y el suyo, con mala salud, cansada muy cansada (yo diría con un cansancio crónico, de esos que no hay manera ni futuro de quitarse) pero con una alegría y una paz envidiables..., feliz por su situación, y afirmando que su situación era una bendición de Dios. ¿Qué te parece? Para que dejemos de mirarnos el ombligo de nuestro ego.
Un saludo

viernes, 4 de abril de 2008

Inmensa alegría


¿Qué cual es el motivo de nuestra alegría? Quizás sea mejor preguntarnos qué motivo tenemos para no estar alegres. Cuando uno lo piensa, se da cuenta de que tiene cientos de motivos para dar gracias y estar contento, y que "las razones" de la tristeza se reducen a las mínimas y se diluyen en cuanto mira a Dios, y a la esperanza que Dios nos da con su Resurrección.

Seguramente te ayudarán estas palabras del Papa que me enviaron ayer y que me hicieron un gran bien. Espero que te ayuden.

"No estoy solo. No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce. Y me acompañan, queridos amigos, vuestra indulgencia, vuestro amor, vuestra fe y vuestra esperanza". (Benedicto XVI).

Un saludo y espero tus comentarios.

jueves, 3 de abril de 2008

2 de abril de la Divina Misericordia


Un nuevo aniversario del fallecimiento del queridísimo Juan Pablo II, nos trae el recuerdo de tantos momentos inolvidables vividos junto a él. Me quedo con las Jornadas Mundiales de la Juventud a las que pude asistir, y con el día en el que impuso sus manos en mi cabeza en mi ordenación sacerdotal.
Juan Pablo II nos dejó un poso de esperanza y alegría inmensos, basta ver lo que pasó en todo el mundo el día de su muerte y los días posteriores ¡impresionante! Fue el apóstol de la Misericordia divina, que tanta falta nos hace. Hemos de ser responsable y fieles continuadores de su predicación. No dejes de pedir por él, y de pedirle a él. Te copio, casi sin pensarlo un trozo de la homilía que ayer pronunció el Papa con este motivo. Ojalá nos ayuden a todos.
"En esta reflexión evocativa nos guían las lecturas bíblicas que se acaban de proclamar: «¡No tengáis miedo!» (Mateo 28, 5). Las palabras del ángel de la resurrección, dirigidas a las mujeres ante el sepulcro vacío, que acabamos de escuchar, se han convertido en una especie de lema en los labios del Papa Juan Pablo II, desde el solemne inicio de su ministerio petrino. Las repitió en varias ocasiones a la Iglesia y a la humanidad en el camino hacia el año 2000, y después al atravesar aquella histórica etapa, así como después, en la aurora del tercer milenio. Las pronunció siempre con inflexible firmeza, primero enarbolando el báculo pastoral coronado por la Cruz y, después, cuando las energías físicas se iban debilitando, casi agarrándose a él, hasta aquel último Viernes Santo, en el que participó en el Vía Crucis desde su capilla privada, apretando entre sus brazos la Cruz. No podemos olvidar aquel último y silencioso testimonio de amor a Jesús. Aquella elocuente escena de sufrimiento humano y de fe, en aquel último Viernes Santo, también indicaba a los creyentes y al mundo el secreto de toda la vida cristiana. Aquel «No tengáis miedo» no se basaba en las fuerzas humanas, ni en los éxitos logrados, sino únicamente en la Palabra de Dios, en la Cruz y en la Resurrección de Cristo. En la medida en la que iba desnudándose de todo, al final, incluso de la misma palabra, esta entrega total a Cristo se manifestó con creciente claridad. Como le sucedió a Jesús, también en el caso de Juan Pablo II las palabras dejaron lugar al final al último sacrificio, la entrega de sí. Y la muerte fue el sello de una existencia totalmente entregada a Cristo, conformada con Él incluso físicamente con los rasgos del sufrimiento y del abandono confiado en los brazos del Padre celestial. «Dejad que vaya al Padre», estas palabras --testimonia quien estuvo a su lado-- fueron sus últimas palabras, cumplimiento de una vida totalmente orientada a conocer y contemplar el rostro del Señor."
Un saludo.