viernes, 29 de diciembre de 2006

Abrir el Corazón II

A punto de terminar este año, y comenzar el nuevo año 2007, y en plena Navidad, tenemos que seguir abriendo el corazón a la gracia que nos ha llegado, una vez más por la sencillez del Niño recién nacido. No te canses de contemplarle estos días en Belén. No es sólo un puro mirar o ver, sino "guardar en el corazón" lo que El quiera decirte.
El día de Navidad el Papa nos lo decía de esta manera en su homilía:
"La señal de Dios es la sencillez. La señal de Dios es el niño. La señal de Dios es que Él se hace pequeño por nosotros. Éste es su modo de reinar. Él no viene con poderío y grandiosidad externos. Viene como niño inerme y necesitado de nuestra ayuda. No quiere abrumarnos con la fuerza. Nos evita el temor ante su grandeza. Pide nuestro amor: por eso se hace niño".

Abre el corazón a esa sencillez y no te fies de ti mismo. En el sendero de tu vida el encuentro con la Sencillez supone olvidarse de uno mismo. Si te ayuda leete la segunda parte del poema de Navidad:

Sé atrevido: háblale al oído a María,
mira a José de reojo, pídeles que te dejen,
y con sumo cuidado, despacio,
con los labios bien cerrados, bésale fuerte.

Gracias Dios mío por estar con nosotros,
no dejes que se me olvide,
ni que cierre mis puertas.
Que el calor de mi entrega te proteja
del frío oscuro de mis propios pecados.

Que no se repita en mi vida otra vez aquello tantas veces recitado:
¡Cuántas veces el ángel me decía:
Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!

¡Y cuántas, hermosura soberana:
Mañana le abriremos –respondía–,
para lo mismo responder mañana!

viernes, 22 de diciembre de 2006

Abrir el Corazón I


Recientemente el Papa ha recordado unas palabras de San Máximo de Turín, Obispo que vivió entre los siglos IV y V: «El tiempo nos advierte de que la Navidad de Cristo Señor está cerca. El mundo, con sus mismas angustias, habla de la inminencia de algo que lo renovará, y desea con una espera paciente que el esplendor de un sol más fúlgido ilumine sus tinieblas… Esta espera de la creación también nos lleva a nosotros a esperar el surgimiento de Cristo, nuevo Sol» (Sermón 61a, 1-3). Y se preguntaba el Papa si realmente el mundo lo espera, o vive al margen de su venida y lo considera como un obstáculo. Concluía Benedicto XVI que realmente el mundo espera un salvador, pero que nuestra actitud ha de ser la de espera vigilante y orante, como los protagonistas del momento del nacimiento de Cristo. Añado parte de una poesía de Navidad que te puede ayudarte. En la próxima cita te pondré el resto. Feliz y Santa Navidad.

Aquella noche la Ciudad dormía,
no había luces de fiesta,
sólo el bullicio de quienes
están al lado de lo Sublime
y no se enteran.

Ella era portadora del Amor,
Custodia de la Salvación,
Pregonera de la Palabra todavía
Muda, y quienes la oyen,
no le abren la puerta.

Dolor de la Madre Virgen
que sólo Le puede ofrecer un pesebre,

"porque no había lugar para ellos en la posada";

dolor convertido en Amor en su regazo,
envuelto en pañales.

Asómbrate ante el Amor Niño,
acompáñale en la Noche fría,
quédate quieto, de pié, firme;
olvida ahora tus inquietudes,
y contempla sin prisas, poco a poco, al Dios inerme.



domingo, 10 de diciembre de 2006

Volví a leerlo


"No permitas que lo impidan los afanes del mundo; guíanos hasta él (tu Hijo) con sabiduría divina". He querido ponerte unas palabras de una de las oraciones de la liturgia de la Palabra de hoy, domingo segundo de Adviento, porque me han hecho recordar y volver a leer un documento de hace unos años, al que me parece que debemos volver, más cuando cada vez es más necesario plantearnos nuestro encuentro con El. ¿Te lo planteas de verdad? Que sepas que mientras no te plantees con sinceridad en el encuentro con la Verdad, no tendrás paz en tu vida (me refiero a la verdadera Paz, la que dura en la contradicción). Aunque sea un poquito largo lee lo que te añado, y a ver qué te sugiere..., a mí me ha vuelto a conmover.
"Es tiempo, ahora, de que aquella llamada suscite nuevos modelos de santidad, porque Europa tiene necesidad, sobre todo, de la santidad que el momento exige, original por tanto y, en algún modo, sin precedentes.
Se necesitan personas, capaces de « echar puentes » para unir cada vez más a las Iglesias y a los pueblos de Europa y para reconciliar los espíritus.
Son precisos « padres » y « madres » abiertos a la vida y al don de la vida; esposos y esposas que testimonien y celebren la belleza del amor humano bendecido por Dios; personas capaces de diálogo y de « caridad cultural » para transmitir el mensaje cristiano mediante los lenguajes de nuestra sociedad; profesionales y personas sencillas capaces de imprimir al compromiso en la vida civil y a las relaciones de trabajo y amistad, la transparecia de la verdad y la fuerza de la caridad cristiana; mujeres que descubran en la fe cristiana la posibilidad de vivir plenamente su condición femenina; sacerdotes de corazón grande, como el del Buen Pastor; diáconos permanentes que anuncien la Palabra y la libertad del servicio para con los más pobres; apóstoles consagrados, capaces de sumergirse en el mundo y en la historia con corazón contemplativo, y místicos tan familiarizados con el misterio de Dios como para saber celebrar la experiencia de lo divino y hacer ver a Dios presente en la vorágine de la acción.
Europa necesita nuevos confesores de la fe y del gozo de creer, testigos que sean creyentes creíbles, valientes hasta la sangre, vírgenes que no sean tales sólo para sí mismas, sino que sepan decir a todos que la virginidad reside en el corazón de cada uno y reenvía inmediatamente al Eterno, manantial de todo amor.
Nuestra tierra está ávida no sólo de personas santas, sino de comunidades santas, de tal forma enamoradas de la Iglesia y del mundo que sepan presentar al mundo mismo una Iglesia libre, abierta, dinámica, presente en la historia diaria de Europa, cercana a los sufrimientos de la gente, acogedora con todos, promotora de la justicia, solícita para con los pobres, no preocupada por su minoría numérica ni por las barreras puestas a su acción, no asustada por el clima de descristianización social (real pero quizá no tan radical ni generalizado), ni de la escasez (a menudo sólo aparente) de los resultados.
¡Será ésta la nueva santidad capaz de reevangelizar a Europa y de construir la nueva Europa!"
(Nuevas vocaciones para una Nueva Europa, 1997)

lunes, 4 de diciembre de 2006

Sugerente y comprometedor

Seguramente has visto la película. Es sugerente. Si lees el libro -o los libros- de Narnia todavía te sugerirá más. Lucy enciende su vela para dirigirse a la puerta del armario que le introduce en Narnia, otro mundo... ¿irreal? que le fascina. Quizás sea más irreal el mundo en el que vive que está en guerra, una guerra que le ha separado de sus padres. Narnia parece irreal, por el modo de presentarlo, pero quizás te quedes con la idea de que lo que sucede en Narnia no es tan irreal, que la salvación ha llegado por medio de Alguien, Víctima Inocente, que fue capaz de ofrecer su vida por el culpable, cargando El con las culpas. Esto ocurrió hace ¡¡20 siglos!! y todavía no nos hemos enterado o, mejor dicho: no queremos enterarnos.
Tenemos que "estar al loro" para comprometernos, como hicieron los santos, que "se enteraron" de lo que EL había hecho, y ese Amor les arrebató el corazón hasta ser capaces de darlo entero, y dejarse la vida. Nuestro querido Juan Pablo II los decía así a los jóvenes: "os invita a dejaros 'capturar' completamente por Él, de tal modo que veréis vuestra vida bajo una luz nueva" (Roma, 14 de abril de 1981)
¿Ves? la luz nueva es EL, es quien da sentido a tu búsqueda del sendero cierto. Encontarás la puerta para entrar en la vida eterna.

domingo, 3 de diciembre de 2006

Buscadores de la Verdad


Buscar la verdad, quizás Verdad con mayúscula. Sólo una es la Verdad con mayúscula, porque la verdad es El. "Muestranos, Srñor, tu misericordia y danos tu salvación". Hoy me han sonado a nuevas estas palabras, me han sonado a una Esperanza nueva. Me he acordado de Francisco de Jasu y Xabier. El ímpetu misionero de quien buscó la Verdad después de unos años de ir y venir, saciando sus hambres en lugares que no le llenaron, como tantos jóvenes hoy. Te propongo que en estos días, siguiendo el sendero de Belén, te animes a buscar "la verdadera Verdad", la que sacia sin saciar, la que no nos deja indiferentes, aunque suponga ir contra corriente de tu propia vida y de las de los demás. Feliz Adviento.

viernes, 1 de diciembre de 2006

En pocas palabras


El mejor "drive" de Dios
Quizás lo hayáis leído en la prensa. Andrea Jaeger se convirtió de una de las mejores raquetas del circuito -se midió con Cris Evert, Navratilova, etc.--, en Sor Andrea, tras haber creado una fundación para niños con cáncer, apoyada por su fe y por sus amigos de la raqueta.
Todo ello comenzó cuando después de un entrenamiento fue a un hospital a visitar a un conocido. Allí se encontró con el dolor y con Dios. Su vida cambió, y hoy se dedica con todas su fuerzas a amar y a servir a Dios en los niños que sufren. Vale la pena que demos a conocer estos testimonios, pues aunque no lo parezca hay muchos encuentros con Dios que cambian la vida. El sendero que nos lleva hasta Dios es en ocasiones difícil de encontrar, pero la suerte es que es EL quien nos busca, y nosotros debemos estar atentos.

viernes, 24 de noviembre de 2006

A mi me impresionó


A mí me impresionó ver esta imagen que casi parece tomada desde un avión. Me imaginé volando, pero en realidad está tomada en la subida a una cima. Me la envió un amigo. Pensé en las "alturas" no las que dan vértigos, sino en esas otras alturas desde las que se llega más facilmente a EL, desde la que se divisa mejor lo que los ojos humanos no pueden atisvar. Te animo a que vayas por esos senderos, que son de luz y de amor, en especial porque iluminan al alma y la transforman hasta hacerla capaz de Amar "con mayúscula".
Quizás recuerdes estas palabras que nos dijo el Papa hace unos meses; me trajeron a la memoria el "NO TENGAIS MIEDO A SER SANTOS" que Juan Pablo II no gritó en El Monte del Gozo en 1989, allí estuve presente, y desde ese momento no he dejado de oírlas. Ojalá te pase lo mismo.
"¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo –si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a él–, miedo de que él pueda quitarnos algo de nuestra vida? ¿Acaso no tenemos miedo de renunciar a algo grande, único, que hace la vida más bella? ¿No corremos el riesgo de encontrarnos luego en la angustia y vernos privados de la libertad? Y todavía el Papa quería decir: ¡no! quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera."

jueves, 23 de noviembre de 2006

Para que lo pienses



En la audiencia que ayer tuvo el Papa Benedicto XVI bajo una verdadera tormenta de agua que la gente soportó con paciencia, dijo a los jóvenes allí presentes, y a todos los demás: «Queridos jóvenes, poned a Jesús en el centro de vuestra vida, y recibiréis de Él luz y valentía en toda decisión cotidiana».

«Que Cristo, que hizo de la Cruz su trono regio», dijo después dirigiéndose a los enfermos, algunos de ellos presentes en sillas de ruedas, «os ayude a comprender el valor redentor del sufrimiento vivido en unión con Él».
Ojalá que estre breve pero sustancioso comentario pueda servirte de punto de consideración para estos días.

martes, 21 de noviembre de 2006

Decir la verdad


Decir la verdad supone tener un corazón noble, como el agua limpia, cristalina, que mana de la fuente. Hoy lo que vemos en nuestra sociedad -por desgracia- es mentira y falta de nobleza, corazones sucios y poco claros, faltos de claridad y transparencia. Para la próxima fiesta de Cristo Rey pido que todos tengamos un corazón así: noble, capaz de decir siempre la verdad, de amar siempre lo verdadero, que no ande con medias mentiras, o medias verdades, que no fomente el amor propio como única medida de todas la cosas.

lunes, 20 de noviembre de 2006

Los Borgia


Los verdaderos Borgia

Santiago Correa

(Sacerdote. Profesor de Historia de la Iglesia de la diócesis de Málaga)

en “Diócesis” (Málaga), 477 (19.XI.2006), p. 7.

www.diocesismalaga.es



En estas últimas semanas se pro­yecta en nuestras salas de cine la película "Los Borgia". El guión responde más a lo escabroso que a lo real. Una película o una novela his­tórica no son un libro de historia, pues las novelas y películas de este género se escriben y se filman para entretener. Pero no se puede tergiversar la verdad, y menos en nom­bre de la historia, que debe ser lo más objetiva posible.

El humanismo renacentista sos­tenía un principio, hoy inadmisible, y es el de que "todo lo bello, es bueno". Así lo sentían todos: prínci­pes, nobles, eclesiásticos, pueblo en general. Fiestas, bailes, teatros y diversiones se justificaban por su belleza y esplendor. Nadie las cen­suraba por muy sensuales que fue­ran. Aquella sociedad que recorda­ba el esplendor de la Roma antigua, estaba retornando el paganismo.



ALEJANDRO VI

Y en este ambiente, hay que situar el Pontificado del Renacimiento, que oscilaba entre un deseo de reforma y una añoran­za de la Roma Imperial. Eran Papas cultos, brillantes, distingui­dos, buenos políticos y administra­dores, amantes del arte y de las letras, verdaderos mecenas. Entre ellos figura la personalidad de Alejandro VI, Borgia. De este Papa se ha escrito mucho y sobre él se ha construido una auténtica leyenda negra. La historiografía italiana se ha cebado centra él, por ser un Papa no italiano. Pocos años des­pués, en Roma, se criticó al inta­chable Adriano VI, a quien los romanos consideraban como un bárbaro, por ser holandés.

En la película aparecen muchos errores inadmisibles respecto a Alejandro VI y su familia. La elec­ción de este Papa no fue simoníaca. No murió envenenado, sino de malaria. No le sucedió Julio II, sino Pío III. No mantuvo relaciones sexuales ni con su hija Lucrecia, ni con Julia Farnese y menos aún siendo Papa.

Actualmente, muchos historiado­res de la Iglesia lo recuerdan como el Papa que impulsó las misiones en América, que convocó el año santo de 1500, que logró detener el avance turco, que evitó la disgrega­ción de los Estados Pontificios, que impulsó la reforma de muchas órdenes religiosas, que amparó a los monasterios de los Países Bajos contra los nobles que los oprimían, que fomentó él culto a la Virgen María, de la que era muy devoto, que dignificó la liturgia, que fundó numerosos hospicios y hospitales, que protegió el arte (salas Borgia) y las letras (Universidad romana de la Sapienza). Curiosamente este Pontífice está relacionado con Málaga, cuya diócesis fue erigida como sufragánea de Granada (11 de abril, 1493) delimitando su terri­torio contra los pretendidos dere­chos de Sevilla y Cádiz sobre Marbella y otros territorios que fue­ron concedidos a Málaga (Reg. Vat 687, fols.48v-49v).

En resumen, el Pontificado del Papa Borgia fue célebre no sólo por las guerras, intrigas y fiestas, sino por obras estrictamente religiosas. A un amante de la historia deben interesar más las realizaciones de la persona pública que las vicisitu­des de la persona privada y debe comprender que nuestra sociedad actual es muy distinta a la de otras épocas y no por ello es necesaria­mente mejor.

La película "Los Borgia" ofrece al espectador un conjunto de escenas tenidas de traiciones, de crímenes, de depravación sexual, que se acer­can más a la fantasía del Romanticismo ("Lucrecia Borgia" de Víctor Hugo), que a la realidad histórica. Con “Los Borgia'' se pre­tende halagar esa corriente de anticlericalismo y anticatolicismo tan en boga en nuestra España actual y, sobre todo, alimentar esa atmós­fera de morbo, violencia y sexo en la que vivimos hoy.



José María Santana

Guadalupe



Es una maravilla ver cómo todavia se hacen pelis que vale la pena. Os recomiendo que entreis en estas dos páginas webb para disfrutrar un poco. Espero que os guste y que pronto esté en España.
htpp://www.guadalupelapelicula.com
htpp://www.theresemovie.com

sábado, 18 de noviembre de 2006

Dejarse guiar


Seguramente puede ayudar este comentario que hace un amigo mio y que me acaba de enviar. Por este sendero es más sencillo que podamos andar con más alegría y ánimo.

Podemos ser una bella sinfonía
Dejemos que toque el Artista

José Martínez Colín

1) Para pensar

Un organista de la iglesia estaba practicando una pieza de Felix Mendelssohn y
no estaba tocando muy bien. Frustrado, recogió su música y se dispuso a irse.
No había notado a un extraño que se había sentado en un banco de atrás.

Cuando el organista se dio la vuelta para irse, el extraño se le acercó y le
preguntó si él podía tocar la pieza. El organista respondió bruscamente: "Nunca
dejo que nadie toque este órgano." Finalmente, después de dos peticiones amables
más, el músico gruñón le dio permiso con renuencia. El extraño se sentó y llenó
el santuario de una hermosa e impecable música.

Cuando terminó, el organista preguntó: "¿Quién es usted?" El hombre contestó:
"Yo soy Félix Mendelssohn." El organista sorprendido le pidió disculpas llenó
de vergüenza al gran artista. Por poco el organista impide al creador tocara su
propia música.

Hemos de dejar que el verdadero artista haga una hermosa melodía con nuestras
vidas. Y para ello hemos de dejar que entre el Señor en nuestras vidas. El
encuentro con Cristo cambia la vida, también hoy, aseguró el Papa Benedicto XVI
en su reciente audiencia general del 8 de noviembre ante más de 15,000
asistentes, en que recordó la figura del apóstol Pablo.


2) Para pensar

Somos "creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de
antemano" (Efesios 2:10). Pero nuestras vidas no producirán una música hermosa
a menos que le dejemos obrar en nosotros. Dios tiene una sinfonía escrita para
nuestras vidas. Dejémosle que haga su voluntad en nosotros.

El Papa ha señalado "la centralidad de Jesucristo" como el aspecto más
destacado de la vida cristiana del "decimotercer apóstol", Saulo de Tarso.
Recordando el encuentro de Pablo con Cristo, constató cómo aquel momento
"revolucionó literalmente su vida". "Cristo se convirtió en su razón de ser y
en el motivo profundo de todo su trabajo apostólico". Fue ese encuentro con
Jesús que decidió el apóstol a partir de entonces ser un buen instrumento en
las manos de Dios.

En la medida en que dejemos obrar al Señor en nosotros, seremos mejores
personas. Pensemos qué tan buenos instrumentos hemos sido hasta ahora y si
nuestras obras son según el querer de Jesús.


3) Para vivir

El Papa señaló que la historia de San Pablo, nacido en la actual Turquía
permite comprender "cómo Jesucristo puede influir en la vida de una persona y,
por tanto, también en nuestra misma vida". "En realidad -recalcó-, Jesucristo
es el ápice de la historia de la salvación y por tanto el verdadero punto
discriminante en el diálogo con las demás religiones". "¿Cómo tiene lugar el
encuentro de un ser humano con Cristo? La "identidad cristiana", dijo el Papa,
se compone de dos elementos: no buscarse a sí mismo, sino revestirse de Cristo
y entregarse con Cristo.

"Por otra parte -añadió-, nuestra radical pertenencia a Cristo y el hecho de
que "estamos en Él" tiene que infundirnos una actitud de total confianza y de
inmensa alegría". En definitiva, propuso, "tenemos que exclamar con san Pablo:
"Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?"".


José Martínez Colín es sacerdote, Ingeniero en Computación por la UNAM y Doctor
en Filosofía por la Universidad de Navarra

martes, 14 de noviembre de 2006

Sidney 2008 ¡Tan pronto!

Ya ves, nos estamos preparando. La Navidad, como sabes está cerca, aunque tenemos que pasar el Adviento de interiorización, y acercarnos. Las cosas buenas hay que recibirlas con atención, sin despistes. El encuentro de la JMJ de Sindey 2008 (aun queda, dirás) es un encuentro con la verdadera realidad, con miles de corazones jóvenes de todos los idiomas, que están ansiosos de EL, al que encuentran en ese hombre vestido de blanco, poca cosa -humanamente hablanso-, pero, aun sin quererlo, su representante entre nosotros... ¡No te lo pierdas! Te iré dando datos, pues que estés seguro que nos vamos a Australia ¿te animas a seguir ese sendero?

Para ello, perdona qu sea largo, lee lo que te dejo..., vale la pena. En 4 Vientos lo oimos y lo vivimos, aquello si que valió la pena. Un saludo

Seminarista

¡Santo Padre!
Me llamo Enrique, tengo veintisiete años y soy diácono de la diócesis de Madrid. Dentro de ocho días, si Dios quiere, con otros catorce compañeros seré ordenado sacerdote. ¡Sacerdote de Jesucristo! En este momento crucial de mi vida, al contemplar hasta dónde ha llegado el amor de Dios por mí... sólo puedo adorarlo y darle gracias por el don de la vocación, que no ha sido otra cosa sino la historia de un amor que ha cambiado mi vida, que ha roto el estrecho marco de mi puerta, que ha ensanchado mi corazón..., que me ha abierto a un horizonte de plenitud.
Como muchos jóvenes que en esta tarde han venido a encontrarse con Vuestra Santidad, conocí a Dios desde niño en mi familia, en mi parroquia, mis catequistas, mi grupo de amigos. Como muchos otros, entré en la universidad, salía con una chica y era un joven normal. Pero poco a poco, mi amistad con Cristo lo fue inundando todo, pedía más. Y yo reconocía que era más feliz cuando no me reservaba nada. La oración, la Eucaristía diaria, la dirección espiritual... eran los medios de los que Dios se servía para mostrarme con absoluta claridad su bondad y su amor. Mi sed de felicidad la iba llenando Cristo.
Santo Padre: recuerdo qué profunda impresión me causaron sus palabras cuando en junio del noventa y tres, nos dijo a los jóvenes reunidos en Madrid: “¡No tengáis miedo! ¡No tengáis miedo a ser santos!”. En ese mismo lugar, el Papa que había visto siendo niño animando a los jóvenes a “abrir las puertas a Cristo”... me hablaba a mí. Hablaba a todos, pero me lo decía a mí: “¡Enrique! ¡Ábrele a Cristo el corazón de par en par! ¡No tengas miedo!” Y en su voz y en su mirada reconocía la voz y la mirada amorosa de Jesucristo, que desde su Cruz tiene sus ojos puestos en los míos... Desde entonces, no he cesado de buscar esa mirada...
París, Roma,... La última cita, el verano pasado en Toronto, donde esa mirada nos prometía “la misma alegría de Jesús”. Hay que dar la vida. Sabemos que nuestro mundo está herido por el odio, el pecado y la muerte... y que muchos no han recibido la Buena Noticia de que Dios les ama tiernamente. Los hombres tienen hambre y sed, ¡hambre y sed de Cristo!, de su perdón y misericordia. Por eso, en esta tarde estamos aquí varios cientos de seminaristas de toda España para decir a Vuestra Santidad que puede contar con nosotros, que el Señor puede contar con nuestras vidas, para realizar a través nuestro la obra de la salvación de los hombres.
Santo Padre, en nombre de todos y, muy especialmente de los que seremos ordenados el próximo domingo, ¡gracias por su palabra, su testimonio sacerdotal y su vida entregada, que tanto ha significado en nuestro camino vocacional! Le ruego que nos encomiende al Señor para que seamos santos sacerdotes. Y que su palabra y su mirada alcancen el corazón de muchos jóvenes para que también ellos respondan sí a Jesucristo con la entrega sacerdotal de sus vidas, que nosotros nos disponemos a comenzar. Enrique González Torres (Seminario Conciliar de Madrid)


Monja contemplativa

Santo Padre:
Soy una monja de Belén y de la Asunción, que vive una vida de soledad según la tradición monástica de San Bruno. Tengo 25 años. Antes de ingresar en el Monasterio he vivido una fuerte experiencia de Iglesia. En varios momentos de mi camino he participado en Encuentros de jóvenes convocados por Vuestra Santidad y sus palabras han sido determinantes en mi vocación.
En ellos he descubierto que era pequeña, débil, ni por asomo mejor que los demás, pero he descubierto también que el Señor me ha elegido para vivir en la tierra lo que todos vivirán en el cielo. El Señor me ha cubierto con su mano y me ha llevado al desierto para vivir un proceso o viaje interior al corazón. Día tras día, el Señor me va despojando de las muchas capas que recubren mi verdadera identidad, mi yo profundo, mi ser de gracia.
Es un trabajo interior que a veces se presenta como un combate, para renunciar a todo lo falso que me habita y a las seducciones del mundo. Recibo la llamada a vivir un nuevo y radical nacimiento de lo alto, un nacimiento del Espíritu. En esta esperanza, cada día, cada minuto, muero con Cristo y resucito con Él. La Virgen glorificada me hace participar de su Asunción y también de su doloroso alumbramiento de las multitudes de hijos de Dios, “el resto de sus hijos”, como dice el Apocalipsis.
En lo más secreto de mi celda, y más aún, en lo más profundo de mi corazón, tienen cabida todos los hombres y mujeres del mundo, mis hermanos. Viviendo en el silencio y la soledad con Dios, siento aún más, si cabe, que no puedo disociar el Amor a Dios del amor a cada persona humana. Por eso sé con toda la certeza de la fe que estoy participando en la Nueva Evangelización, a la que Vuestra Santidad nos ha convocado, desde mi puesto en la Iglesia, con una inmensa alegría, esperando el momento en que la vida de todo hombre no sea más que alabanza eterna de Aquél que nos amó.
Muchas gracias, Santo Padre, por su testimonio de amor a Jesucristo y de entrega incondicional a la Iglesia, y por lo que este testimonio significa para mí, para mis Hermanas, para la Iglesia y para toda la humanidad. Una monja de Belén, de la Asunción de la Virgen y de San Bruno en el Monasterio de Sigena.


Hermana de la Cruz

Querido Santo Padre:
Soy la Hermana Rut de Jesús. Tengo 28 años. Pertenezco al Instituto de Hermanas de la Cruz, fundado por La Beata Ángela de la Cruz, que mañana canonizará Vuestra Santidad. Ingresé en él a los 20 años. Aunque soy juniora de votos temporales, estoy comprometida con Jesús para siempre, con un amor indiviso, en una vida de oración y de servicio a los más pobres, enfermos y abandonados en sus propios domicilios. Les lavo la ropa, les arreglo la casa, les hago la comida, curo sus llagas, los velo por las noches,... y lo más importante, les doy todo el amor que necesitan, porque en la oración Jesús me lo regala. Dios es amor (1 Jn 4,8) y yo se lo devuelvo amando a los pobres, entregándoles mi juventud y mi vida entera.
Antes de ingresar en el Instituto, era una joven normal: me gustaba la música, las cosas bellas, el arte, la amistad, la aventura,... Había soñado muchas veces con mi futuro. Pero un día vi por la calle a dos Hermanas que me llamaron la atención: por su recogimiento, su paso ligero y la paz de su semblante. Eran jóvenes como yo. Me sentí vacía y en mi interior oí una voz que me decía: ¿qué haces con tu vida? Quise justificarme: estudio, saco buenas notas, tengo muchos amigos,.. Me quedé mirándolas hasta que desaparecieron de mi vista mientras yo me preguntaba: ¿quiénes son? ¿a dónde van?.
Como Nicodemo, invité a Jesús en la noche de mi inquieto corazón y en la oración entré en diálogo con Él. Con Él sentí la llamada de tantos hermanos que me pedían mi tiempo, mi juventud, el amor que había recibido del Señor. Y busqué, y me encontré con la mujer que estaba más cerca del misterio de la Cruz de Jesús, junto a María: Sor Ángela de la Cruz. Ella se había configurado tanto con la Cruz de Jesús que se hizo amor para los pobres que sufren. Me cautivó y quise ser de las suyas.
Y aquí estoy, Santidad. Consciente de lo que he dejado. He dejado todo lo que los jóvenes que están con nosotros en esta tarde poseen: la libertad, el dinero, un futuro tal vez brillante, el amor humano, quizá unos hijos... Todo lo he dejado por Jesucristo que cautivó mi corazón, para hacer presente el amor de Dios a los más débiles en mi pobre naturaleza de barro.
Tengo que confesarle, Santidad, que soy muy feliz y que no me cambio por nada ni por nadie. Vivo en la confianza de que quien me llamó a ser testigo, me acompaña con su gracia. Gracias, Santo Padre, por su vida entregada sin reservas como testigo fiel del Evangelio, por fortalecer nuestra fe, avivar nuestra esperanza y abrir nuestro corazón al amor ardiente del que sabe perder su vida para que los demás la ganen. Gracias, Santo Padre, por su vida, que a muchos de nosotros nos ha marcado. Gracias por venir a decirnos a los jóvenes de España que el mundo necesita testigos vivos del Evangelio y que cada uno nosotros podemos ser uno de esos valientes que se arriesguen a construir la nueva civilización del amor, porque lo que nosotros no hagamos por los pobres, contemplando en ellos el rostro de Cristo, se quedará sin hacer. Gracias de nuevo, Santo Padre. Hna. Rut de Jesús (Instituto Hermanas de la Cruz)

Ayuda para caminar en la santidad


Si tienes un rato, intenta leerte esta homilia del Papa. Vale la pena, seguro que te hace mucho bien, y te ayuda a caminar con más seguridad y alegría por los senderos de tu santidad.

Benedicto XVI: Los santos, «amigos y modelos de vida»

Homilía en la solemnidad de Todos los santos
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 10 noviembre 2006

Queridos hermanos y hermanas:
Nuestra celebración eucarística se inició con la exhortación "Alegrémonos todos en el Señor". La liturgia nos invita a compartir el gozo celestial de los santos, a gustar su alegría. Los santos no son una exigua casta de elegidos, sino una muchedumbre innumerable, hacia la que la liturgia nos exhorta hoy a elevar nuestra mirada. En esa muchedumbre no sólo están los santos reconocidos de forma oficial, sino también los bautizados de todas las épocas y naciones, que se han esforzado por cumplir con amor y fidelidad la voluntad divina. De gran parte de ellos no conocemos ni el rostro ni el nombre, pero con los ojos de la fe los vemos resplandecer, como astros llenos de gloria, en el firmamento de Dios.

Hoy la Iglesia celebra su dignidad de "madre de los santos, imagen de la ciudad celestial" (A. Manzoni), y manifiesta su belleza de esposa inmaculada de Cristo, fuente y modelo de toda santidad. Ciertamente, no le faltan hijos díscolos e incluso rebeldes, pero es en los santos donde reconoce sus rasgos característicos, y precisamente en ellos encuentra su alegría más profunda.

En la primera lectura, el autor del libro del Apocalipsis los describe como "una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua" (Ap 7, 9). Este pueblo comprende los santos del Antiguo Testamento, desde el justo Abel y el fiel patriarca Abraham, los del Nuevo Testamento, los numerosos mártires del inicio del cristianismo y los beatos y santos de los siglos sucesivos, hasta los testigos de Cristo de nuestro tiempo. A todos los une la voluntad de encarnar en su vida el Evangelio, bajo el impulso del eterno animador del pueblo de Dios, que es el Espíritu Santo.

Pero, "¿de qué sirve nuestra alabanza a los santos, nuestro tributo de gloria y esta solemnidad nuestra?". Con esta pregunta comienza una famosa homilía de san Bernardo para el día de Todos los Santos. Es una pregunta que también se puede plantear hoy. También es actual la respuesta que el Santo da: "Nuestros santos ―dice― no necesitan nuestros honores y no ganan nada con nuestro culto. Por mi parte, confieso que, cuando pienso en los santos, siento arder en mí grandes deseos" (Discurso 2: Opera Omnia Cisterc. 5, 364 ss).

Este es el significado de la solemnidad de hoy: al contemplar el luminoso ejemplo de los santos, suscitar en nosotros el gran deseo de ser como los santos, felices por vivir cerca de Dios, en su luz, en la gran familia de los amigos de Dios. Ser santo significa vivir cerca de Dios, vivir en su familia.

Esta es la vocación de todos nosotros, reafirmada con vigor por el concilio Vaticano II, y que hoy se vuelve a proponer de modo solemne a nuestra atención.

Pero, ¿cómo podemos llegar a ser santos, amigos de Dios? A esta pregunta se puede responder ante todo de forma negativa: para ser santos no es preciso realizar acciones y obras extraordinarias, ni poseer carismas excepcionales. Luego viene la respuesta positiva: es necesario, ante todo, escuchar a Jesús y seguirlo sin desalentarse ante las dificultades. "Si alguno me quiere servir ―nos exhorta―, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará" (Jn 12, 26).

Quien se fía de él y lo ama con sinceridad, como el grano de trigo sepultado en la tierra, acepta morir a sí mismo, pues sabe que quien quiere guardar su vida para sí mismo la pierde, y quien se entrega, quien se pierde, encuentra así la vida (cf. Jn 12, 24-25). La experiencia de la Iglesia demuestra que toda forma de santidad, aun siguiendo sendas diferentes, pasa siempre por el camino de la cruz, el camino de la renuncia a sí mismo.

Las biografías de los santos presentan hombres y mujeres que, dóciles a los designios divinos, han afrontado a veces pruebas y sufrimientos indescriptibles, persecuciones y martirio. Han perseverado en su entrega, "han pasado por la gran tribulación ―se lee en el Apocalipsis― y han lavado y blanqueado sus vestiduras con la sangre del Cordero" (Ap 7, 14). Sus nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 20, 12); su morada eterna es el Paraíso. El ejemplo de los santos es para nosotros un estímulo a seguir el mismo camino, a experimentar la alegría de quien se fía de Dios, porque la única verdadera causa de tristeza e infelicidad para el hombre es vivir lejos de él.

La santidad exige un esfuerzo constante, pero es posible a todos, porque, más que obra del hombre, es ante todo don de Dios, tres veces santo (cf. Is 6, 3). En la segunda lectura el apóstol san Juan observa: "Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!" (1 Jn 3, 1). Por consiguiente, es Dios quien nos ha amado primero y en Jesús nos ha hecho sus hijos adoptivos. En nuestra vida todo es don de su amor. ¿Cómo quedar indiferentes ante un misterio tan grande? ¿Cómo no responder al amor del Padre celestial con una vida de hijos agradecidos? En Cristo se nos entregó totalmente a sí mismo, y nos llama a una relación personal y profunda con él.

Por tanto, cuanto más imitamos a Jesús y permanecemos unidos a él, tanto más entramos en el misterio de la santidad divina. Descubrimos que somos amados por él de modo infinito, y esto nos impulsa a amar también nosotros a nuestros hermanos. Amar implica siempre un acto de renuncia a sí mismo, "perderse a sí mismos", y precisamente así nos hace felices.

Ahora pasemos a considerar el evangelio de esta fiesta, el anuncio de las Bienaventuranzas, que hace poco hemos escuchado resonar en esta basílica. Dice Jesús: "Bienaventurados los pobres de espíritu, los que lloran, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los puros de corazón, los artífices de paz, los perseguidos por causa de la justicia" (cf. Mt 5, 3-10).

En realidad, el bienaventurado por excelencia es sólo él, Jesús. En efecto, él es el verdadero pobre de espíritu, el que llora, el manso, el que tiene hambre y sed de justicia, el misericordioso, el puro de corazón, el artífice de paz; él es el perseguido por causa de la justicia.

Las Bienaventuranzas nos muestran la fisonomía espiritual de Jesús y así manifiestan su misterio, el misterio de muerte y resurrección, de pasión y de alegría de la resurrección. Este misterio, que es misterio de la verdadera bienaventuranza, nos invita al seguimiento de Jesús y así al camino que lleva a ella.

En la medida en que acogemos su propuesta y lo seguimos, cada uno con sus circunstancias, también nosotros podemos participar de su bienaventuranza. Con él lo imposible resulta posible e incluso un camello pasa por el ojo de una aguja (cf. Mc 10, 25); con su ayuda, sólo con su ayuda, podemos llegar a ser perfectos como es perfecto el Padre celestial (cf. Mt 5, 48).

Queridos hermanos y hermanas, entramos ahora en el corazón de la celebración eucarística, estímulo y alimento de santidad. Dentro de poco se hará presente del modo más elevado Cristo, la vid verdadera, a la que, como sarmientos, se encuentran unidos los fieles que están en la tierra y los santos del cielo. Así será más íntima la comunión de la Iglesia peregrinante en el mundo con la Iglesia triunfante en la gloria.

En el Prefacio proclamaremos que los santos son para nosotros amigos y modelos de vida.
Invoquémoslos para que nos ayuden a imitarlos y esforcémonos por responder con generosidad, como hicieron ellos, a la llamada divina.

Invoquemos en especial a María, Madre del Señor y espejo de toda santidad. Que ella, la toda santa, nos haga fieles discípulos de su hijo Jesucristo. Amén.


[Traducción distribuida por la Santa Sede
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]

lunes, 13 de noviembre de 2006

Senderos de Belén


Hoy quiero que llegue la Navidad pronto. Para seguir el sendero de Belen, quiero que me acompañes con este breve poema que igual te gusta o no. A mi me ayuda y me hace pensar en aquella noche, la noche más feliz de todas las noche que ha vivido la Humanidad, aunque mucho ni se enteraron, y mucho más siguen sin enterarse. Espero que te ayude. Sigue el sendero y llegarás a Belén , pero has de pasar por la puerta de la gruta con humildad, agachándote, sino es imposible que entres.

Casi sin tiempo, de prisa llegan a la gruta,
todo es oscuridad y frío,
y en la noche nace la Luz que da
calor y alegría.

Luz que cantan los Angeles, y
Los Pastores adoran.
Despacio, sin nada que nos
quite la paz;

Contempla, mira al recién nacido;
Haz que tus ojos no se cansen
de asombrarse ante el Misterio,
Despacio, reza, mira, contempla.

Dios entre los hombres;
¡qué profundidad de humildad!
¡qué difícil de entender!
¡qué fácil de amar!

Un Niño nos ha nacido,
Un Dios se nos ha dado.
El Cielo en la tierra,
la esperanza colmada

Puer natus est nobis;
Sí, entre nosotros, cerca de
nosotros, para que tu y yo contemplemos
el Cielo en la tierra

Y El es Dios, Dios hecho carne,
carne humana que los hombres
despreciamos y violamos;
Carne que adoramos en el Pan,
y contemplamos escondida en el
Sagrario.

¡Qué grandeza de Misterio,
Incomprensible y adorable!
Verbum caro factum est!
Para que le adores, le ames.

domingo, 12 de noviembre de 2006

Parones


Si quieres seguir senderos lo importante es que te prepares. El camino es largo, y no hay que correr, sin prisa y sin pausa, pero siempre adelante. La vida parece larga y en realidad es corta. Te aconsejo que te pares antes de comenzar a contemplar. ¿Qué debemos contemplar? Pues mira quien no sabe contemplar, mirar, no aprovecha el camino porque solo va pensando en cuando llegaré y no saboreo "el hoy", vivimos más en el pasado o en el mañana y no vemos el hoy. Paraté y mira; asombrate ante el misterio y mira despacio.
El silencio contemplativo te ayudará a seguir senderos y caminar seguro. Que bueno es que cada día puedas tener unos momentos de parón, y mirarle a EL. Ten la seguridad de que El siempre te está mirando, y lo hace con ojos de misericordia. Un saludo

Primera vez


Seguir senderos. Con este titulo abro este blog para caminar juntos, para que puedas conversar en el camino de tu vida, y para que -si eres lector de estas palabras- puedas tener ocasión de abrir nuevos senderos en tu vida ¡ojalá pueda ayudarte a ello, y quizás pueda tu también ayudarme a abrir esos caminos que nos conducen a la felicidad! Cuento con tu ayuda y cuenta con la mia.