lunes, 20 de noviembre de 2006

Los Borgia


Los verdaderos Borgia

Santiago Correa

(Sacerdote. Profesor de Historia de la Iglesia de la diócesis de Málaga)

en “Diócesis” (Málaga), 477 (19.XI.2006), p. 7.

www.diocesismalaga.es



En estas últimas semanas se pro­yecta en nuestras salas de cine la película "Los Borgia". El guión responde más a lo escabroso que a lo real. Una película o una novela his­tórica no son un libro de historia, pues las novelas y películas de este género se escriben y se filman para entretener. Pero no se puede tergiversar la verdad, y menos en nom­bre de la historia, que debe ser lo más objetiva posible.

El humanismo renacentista sos­tenía un principio, hoy inadmisible, y es el de que "todo lo bello, es bueno". Así lo sentían todos: prínci­pes, nobles, eclesiásticos, pueblo en general. Fiestas, bailes, teatros y diversiones se justificaban por su belleza y esplendor. Nadie las cen­suraba por muy sensuales que fue­ran. Aquella sociedad que recorda­ba el esplendor de la Roma antigua, estaba retornando el paganismo.



ALEJANDRO VI

Y en este ambiente, hay que situar el Pontificado del Renacimiento, que oscilaba entre un deseo de reforma y una añoran­za de la Roma Imperial. Eran Papas cultos, brillantes, distingui­dos, buenos políticos y administra­dores, amantes del arte y de las letras, verdaderos mecenas. Entre ellos figura la personalidad de Alejandro VI, Borgia. De este Papa se ha escrito mucho y sobre él se ha construido una auténtica leyenda negra. La historiografía italiana se ha cebado centra él, por ser un Papa no italiano. Pocos años des­pués, en Roma, se criticó al inta­chable Adriano VI, a quien los romanos consideraban como un bárbaro, por ser holandés.

En la película aparecen muchos errores inadmisibles respecto a Alejandro VI y su familia. La elec­ción de este Papa no fue simoníaca. No murió envenenado, sino de malaria. No le sucedió Julio II, sino Pío III. No mantuvo relaciones sexuales ni con su hija Lucrecia, ni con Julia Farnese y menos aún siendo Papa.

Actualmente, muchos historiado­res de la Iglesia lo recuerdan como el Papa que impulsó las misiones en América, que convocó el año santo de 1500, que logró detener el avance turco, que evitó la disgrega­ción de los Estados Pontificios, que impulsó la reforma de muchas órdenes religiosas, que amparó a los monasterios de los Países Bajos contra los nobles que los oprimían, que fomentó él culto a la Virgen María, de la que era muy devoto, que dignificó la liturgia, que fundó numerosos hospicios y hospitales, que protegió el arte (salas Borgia) y las letras (Universidad romana de la Sapienza). Curiosamente este Pontífice está relacionado con Málaga, cuya diócesis fue erigida como sufragánea de Granada (11 de abril, 1493) delimitando su terri­torio contra los pretendidos dere­chos de Sevilla y Cádiz sobre Marbella y otros territorios que fue­ron concedidos a Málaga (Reg. Vat 687, fols.48v-49v).

En resumen, el Pontificado del Papa Borgia fue célebre no sólo por las guerras, intrigas y fiestas, sino por obras estrictamente religiosas. A un amante de la historia deben interesar más las realizaciones de la persona pública que las vicisitu­des de la persona privada y debe comprender que nuestra sociedad actual es muy distinta a la de otras épocas y no por ello es necesaria­mente mejor.

La película "Los Borgia" ofrece al espectador un conjunto de escenas tenidas de traiciones, de crímenes, de depravación sexual, que se acer­can más a la fantasía del Romanticismo ("Lucrecia Borgia" de Víctor Hugo), que a la realidad histórica. Con “Los Borgia'' se pre­tende halagar esa corriente de anticlericalismo y anticatolicismo tan en boga en nuestra España actual y, sobre todo, alimentar esa atmós­fera de morbo, violencia y sexo en la que vivimos hoy.



José María Santana

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