viernes, 30 de mayo de 2008

¡No para de llover!

Estos días no para de llover. Sales de casa con el paraguas preparado porque amenaza lluvia continuamente. Llevamos así ¡dos meses! Cada mañana cuando me asomo a la ventana al despertarme y miro al cielo, intento ver si hay algún resquicio entre las nubes, pero lo único que veo, mientras el sol nace perezoso, son las inquietantes y permanentes nubes que no quieren irse. Y lo que me viene a la cabeza es otra vez una queja ¿¡Cuándo veremos el sol!?
Realmente dependemos tanto del tiempo que hasta el buen humor o el malo es resultado de la lluvia o del sol. Me pregunto si para amar hace falta que haga sol o que llueva, si la alegría la descubrimos en una cielo azul o en unas nubes negras, si el ambiente que me rodea será mejor o peor cuando utilizo el paraguas o voy en mangas de camisa.
Lo que sí que sé es que mi buen humor, mi alegría –independientemente de llueva o haga sol- hace mejorar el ambiente en el que vivo, que cuando pasamos días sin ganas de hablar y sin esforzarnos por hacerlo, -o como esos niños que aguantando la respiración dicen enfadados: ¡pues ahora no respiro!, para que les hagan caso-, llamamos la atención, entonces sí que convierto lo que me rodea no ya en un día triste de lluvia, sino en un pequeño purgatorio donde lo único que consigo es hacer infelices a los demás. Como alguien dijo hacen falta tener al lado caras alegres. Ya ves, lo que verdaderamente importa no es que llueva a que haga sol, sino que sepa amar con todo mi corazón.
De todas formas, espero que mañana haga sol. Un saludo

martes, 27 de mayo de 2008

Gritos de vendedores


El sábado pasado regresaba a casa después de una jornada normal e intensa de trabajo. Cuando esperaba que el semáforo se pusiera verde escuché a mi espalda unos gritos, voces de tono femenino, pero fuertes y agudas. Me volví y me encontré con un grupo de jóvenes (no más de 13-15 años) que se notaba iban de movida o de botellón. Me resisto a describir la pinta que llevaban (y no escribo la palabra pinta con todo despectivo), porque realmente me dio pena.

No estamos todavía en verano, pero la forma de vestir que llevaban la 2 ó 3 chicas era llamativa por lo provocativa y falta de pudor (espero que se entienda esa palabra). Te aseguro que no eran más atractivas por el modo de vestir aunque provocaban las miradas, sino que realmente daban pena. Estaban gritando y mucho para llamar la atención, no se si a sus amigos o a los que íbamos por la calle. Me pareció que más que llamar la atención, convocaban con su presencia y voces a la gente, eran como vendedoras de su jolgorio y su deseo de divertirse, o –y perdona la frase- exponían sus deseos de ser contempladas como mercancía que se vende y se compra.

Miré a la cara a una de ellas. Iba llena de pintura, pero aun así se distinguían sus rasgos femeninos atractivos, pero infantiles (tendría 12 ó 13 años). Intenté pensar qué pensaba ella en esos momentos, qué deseos y razones para estar ahí y de ese modo podría tener, y no acerté a llegar a una conclusión, sino que me embargó la tristeza al ver aquella alma joven –casi niña- en la que latía la semilla de Dios (a su imagen y semejanza) expuesta al mercado de quienes podrían infravalorar su dignidad.

Por la noche me llamó un buen amigo que vive lejos y llevaba tiempo pidiendo encontrar una chica con la que pudiera formar una familia. Me contó que estaba muy contento porque por fin había conocido a una chica que no se le ofreció de primeras irse con él a su casa “a pasar la noche”, como hasta ahora le habían ofrecido otras, sino que simplemente salieron juntos en varias ocasiones. Había visto en sus ojos y en su alma la belleza de Dios, el esplendor de la Verdad que realmente atrae me decía. Estaba cada vez más convencido de su “química” y amor a esa persona, por que lo que más le convencía es que le llevaba a Dios.

Volví a convencerme de que tenemos mucho que hacer, pues en todos los jóvenes late la semilla de Dios, y tenemos que llegar a tiempo para ayudarles a que la descubran, antes de que otros la destruyan.

Un saludo.

miércoles, 21 de mayo de 2008

¡Te necesito!


Hace unos días tuve una conversación amena y distendida con un buen amigo. Comimos juntos. La comida era casi la excusa, el caso era compartir un rato, conocernos más y aprender, especialmente yo, porque me lleva bastantes años, y en él veo y leo la experiencia de una vida entera dedicada a Dios y a los demás. Aunque el me llama para que le ayude, en realidad el gran beneficiado soy yo.

En un momento concreto de la conversación-comida, me contó el triste final de otro amigo que, prácticamente fue abandonado por sus hijos..., "toda una vida viviendo para su mujer y para sus hijos, para que al final viviera y muriera en el abandono más tremendo", me comentaba.

Noté que al decir esas palabras se conmovía.

En realidad reflejaba lo que a él le estaba sucediendo. Toda una vida trabajando y viviendo para el bien de los demás (en su caso para el bien de muchos que se beneficiaron de su trabajo generoso y callado), y ha acabado recluido en una habitación, y casi pidiendo por favor que le vayan a ver, que le den cariño, necesitando tener alguien delante para conversar, para mirar y sentirse querido y acompañado.

Es tremendo, pero es una realidad. Al salir de allí y darle un abrazo de hermano al despedirnos, me quedé en silencio y volví a casa pensando. Pensé en cómo hemos llegado a esta situación, y en cómo podemos tener los ojos tan ciegos para no ser capaces de dedicar un tiempo (¡¡nuestro tiempo es muy importante!!) a quien nos está pidiendo, casi suplicando: ¡por favor, acompáñame, párate conmigo un momento, mírame a los ojos y escúchame!, ¡sólo necesito eso!

Qué terrible es la soledad que hemos creado en este mundo en el que parece que sólo tenemos tiempo para nosotros. En realidad tenemos miedo a toparnos con la soledad de otros y a curarla, mirándoles a los ojos y dándoles un abrazo.

Un saludo.

domingo, 18 de mayo de 2008

El pavo y la ensalada


No se si ha sido un sueño o una escena real, el caso es que la sensación que tuve fue de satisfacción y de asombro, porque no entendía que una criatura tan pequeña pudiera pensar y actuar de esa manera.
Fue un gesto, un detalle, pero lo suficiente para ver que aquello no era algo propio, sino que ahí actuaba algo distinto, yo diría “mágico”.
Estábamos comiendo. La conversación era amena y divertida. Como estábamos unas 12 personas no era una conversación, sino muchas. En algún momento era difícil escuchar, entenderse. Mi madre procuraba atender a todos: a este le falta el pan, aquel ha terminado ya el primer plato, a una de mis sobrina pequeñas no le gustaba la comida y era difícil hacerle comer, etc. Algún grito que otro, etc…, en fin, una comida normal de familia, con “sus más y sus menos”. En un momento preciso mi madre dijo algo como:
- Javi (mi sobrino) pásame la ensalada.
Javi está en la edad del pavo, y se entera de lo que puede, más bien de poco, pero que conste que hace esfuerzos. La voz de mi madre apenas se oyó. Pienso que nadie se enteró, probablemente por el ruido de las conversaciones.
En ese momento me percaté de como una de las hermanas de Javi (una de las más pequeñas), Chus se levantó y fue a la cocina a por más ensalada y se le trajo, como pudo, a mi madre. Chus tiene 5 años, ya es “mayor” pero todavía no puede con una fuente de ensalada. La escena pasó prácticamente desapercibida. A Chus no le gustaba la comida (es una niña normal) y le estaba costando comer, pero “se dio cuenta” de la necesidad de su abuela, de que nadie la escuchaba, y de cómo su hermano no se había enterado, o no quiso enterarse. A ella no fue dirigida la petición, pero la captó en su alma de niña y reaccionó haciendo un pequeño acto de servicio. Mi madre le dio un sonoro beso de agradecimiento.
Seguramente no tiene más importancia, y es muy probable que hayas visto algo parecido muchas veces, pero a mi me hizo pensar
Chus no tiene uso razón, pero tiene a Dios en su alma. Y Dios actúa, si le dejamos. En especial nos ayuda a ver a los demás, a mirar las necesidades de los demás. La acción de Dios Uno y Trino en el alma se manifiesta, entre otras cosas, en las relaciones de amor, así leía hace unos días:

“La contemplación de la Trinidad puede tener un precioso impacto en nuestra vida humana. (…)La felicidad y la infelicidad en la tierra dependen en gran medida, lo sabemos, de la calidad de nuestras relaciones. La Trinidad nos revela el secreto para tener relaciones bellas. Lo que hace bella, libre y gratificante una relación es el amor en sus diferentes expresiones. Aquí se ve cuán importante es que se contemple a Dios ante todo como amor, no como poder: el amor dona, el poder domina. Lo que envenena una relación es querer dominar al otro, poseerle, instrumentalizarlo, en vez de acogerle y entregarse.”
Y es realmente cierto que Dios, casi sin enterarnos nos empuja, nos ayuda, nos hace reaccionar, y nos muestra la necesidad del otro. El cómo actuemos depende de nuestra disposición interior, de la calidad de nuestro corazón, y de la gracia de Dios en nosotros.
Chus tiene un corazón fantástico, y se le nota hasta en la cara y en su sonrisa. Javi es como su padre: divertido, deportista, amable. Como todo chaval de 14 años “tiene un pavo subido” (así dice su hermana mayor), pero un pavo que pronto estará maduro. Estoy seguro.
Un saludo.

jueves, 15 de mayo de 2008

Marionetas

Hace unas semanas mantenía esta conversación muy interesante con una de mis sobrinas preferidas (es adolescente, pero muy maja y lista) mientras fregábamos los platos (de verdad te lo digo):

- ¿Se puede saber porqué siempre estás enfadada?, le dije después de aguantarle un día entero en la que todo eran quejas;
- ¿En qué se me ha notado? me dijo, sorprendida;
- Sencillamente en tu cara y en que no has parado de protestar por todo.
- Es verdad, contestó, pero estaríamos una tarde entera hablando; se trata no sólo de una cosa, sino de muchas.
- Bueno, pues tu dirás.
- En el fondo, ya lo sabes... y ¡la verdad es que no tengo ni idea de porque estoy enfadada, pero lo estoy!.

Esa era la explicación que me daba, y lo entiendo porque es cierto que a veces no sabemos porqué nos pasa lo que nos pasa. Somos como marionetas que hacen lo que hacen y no saben porqué, y en nuestro caso no nos lo preguntamos con sinceridad.

Esta misma tarde leía con atención un breve resumen de lo que el Papa dijo a los jóvenes en Estados Unidos. Me dio luces la diferenciación que hace acerca de lo que llama las "tinieblas del espíritu" y las "tinieblas del corazón". Las tinieblas del corazón son esa vaciedad de tantos sucedáneos con los que pretendemos suplir la ausencia del verdadero Amor, de manera que cuando no amamos, mendigamos afectividad de forma errónea. Es como si dijéramos: "la droga, el sexo, la diversión desenfreneda no me hacen feliz, pero son lo único que me compensa de no serlo". Y en el fondo lo que se consigue es sumergirse en la insensibilidad para el amor.

Las tinieblas del espíritu son más densas y opacas. Se trata de la manipulación de la verdad, de modo que confundimos el bien con el mal, la verdad con la mentira. Reivindicamos la libertad, pero no hacemos referencia a la verdad que debe orientarla. Sigue siendo actual aquello de "La Verdad os hará libres (Juan 8, 32).

En pocas palabras: si las tinieblas del corazón se caracterizan por frustrar nuestra vocación al amor, las tinieblas del espíritu impiden realizar nuestra vocación a la verdad.

Así pues, somos o nos convertimos en marionetas, en esclavos de la mentira y de la libertad. Lógicamente intentamos justificarlo y por eso: "no sabemos lo que nos pasa". Que conste que yo sí que se que le pasa a mi sobrina preferida, en realidad y en su caso, no le pasa nada.

Un saludo.

domingo, 11 de mayo de 2008

Paloma y Pentecostés

Hace una semana Paloma tuvo la fortuna de recibir por vez primera la Comunión. Estaba radiante, guapísima. Se le notaba la mirada y la sonrisa feliz, llena de vida y de sencillez.
Te aseguro que esa felicidad no era por los regalos que más tarde fue abriendo con cara de sorpresa uno a uno. Su cara de asombro y de alegría tuvo su momento culmen cuando recibió y abrió su interior al mejor Regalo de todo el día; fue en el preciso momento en que Dios Espíritu Santo entró en su alma limpia.
Un día antes estuve hablando con ella.
- Paloma ¿qué le vas a pedir cuando Le recibas por primera vez? Me miró contenta y con cara de complicidad, y hasta un poco asustada, porque pensaba que le estaba haciendo un examen para averiguar si se sabía todo o no, y me dijo:
- Hace unos días escuché a un sacerdote que nos contaba que cuando él recibió a Jesús por vez primera le pidió su vocación. (Paloma es muy inteligente y con siete años, capta todo lo que escucha, lo medita y se lo guarda en el corazón).
- Y tú ¿qué vas a decirle?, le dije.
Se quedó pensativa unos segundos, pocos, y me miró con una sonrisa hermosísima que manifestaba que lo que me iba a decir era verdad, era algo que tenía muy dentro, que me hacía partícipe de su verdadero secreto.
- Pues..., yo he pensado que ¡le voy a pedir lo mismo!
Te aseguro que no he visto una cara de mayor felicidad y de más sinceridad en mi vida. Era una confirmación más de que ahí estaba el Espíritu Santo. La "Blanca Paloma" se mostraba en esa alma de niña sencilla.
Y es que, como dijo su padre al comienzo de la celebración, Paloma es un regalo de Dios.
Un saludo.

jueves, 8 de mayo de 2008

La Madre



¿Y tu en mayo, qué haces? A ver si esto te ayuda. Un saludo.