jueves, 15 de mayo de 2008

Marionetas

Hace unas semanas mantenía esta conversación muy interesante con una de mis sobrinas preferidas (es adolescente, pero muy maja y lista) mientras fregábamos los platos (de verdad te lo digo):

- ¿Se puede saber porqué siempre estás enfadada?, le dije después de aguantarle un día entero en la que todo eran quejas;
- ¿En qué se me ha notado? me dijo, sorprendida;
- Sencillamente en tu cara y en que no has parado de protestar por todo.
- Es verdad, contestó, pero estaríamos una tarde entera hablando; se trata no sólo de una cosa, sino de muchas.
- Bueno, pues tu dirás.
- En el fondo, ya lo sabes... y ¡la verdad es que no tengo ni idea de porque estoy enfadada, pero lo estoy!.

Esa era la explicación que me daba, y lo entiendo porque es cierto que a veces no sabemos porqué nos pasa lo que nos pasa. Somos como marionetas que hacen lo que hacen y no saben porqué, y en nuestro caso no nos lo preguntamos con sinceridad.

Esta misma tarde leía con atención un breve resumen de lo que el Papa dijo a los jóvenes en Estados Unidos. Me dio luces la diferenciación que hace acerca de lo que llama las "tinieblas del espíritu" y las "tinieblas del corazón". Las tinieblas del corazón son esa vaciedad de tantos sucedáneos con los que pretendemos suplir la ausencia del verdadero Amor, de manera que cuando no amamos, mendigamos afectividad de forma errónea. Es como si dijéramos: "la droga, el sexo, la diversión desenfreneda no me hacen feliz, pero son lo único que me compensa de no serlo". Y en el fondo lo que se consigue es sumergirse en la insensibilidad para el amor.

Las tinieblas del espíritu son más densas y opacas. Se trata de la manipulación de la verdad, de modo que confundimos el bien con el mal, la verdad con la mentira. Reivindicamos la libertad, pero no hacemos referencia a la verdad que debe orientarla. Sigue siendo actual aquello de "La Verdad os hará libres (Juan 8, 32).

En pocas palabras: si las tinieblas del corazón se caracterizan por frustrar nuestra vocación al amor, las tinieblas del espíritu impiden realizar nuestra vocación a la verdad.

Así pues, somos o nos convertimos en marionetas, en esclavos de la mentira y de la libertad. Lógicamente intentamos justificarlo y por eso: "no sabemos lo que nos pasa". Que conste que yo sí que se que le pasa a mi sobrina preferida, en realidad y en su caso, no le pasa nada.

Un saludo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Parece mentira las profundidades a las que se puede llegar sólo "fregando unos platos", ¿verdad?...Eso prueba la grandeza de corazón y de miras que se puede alcanzar haciendo algo tan...¿"rustico"?

Éste y el de Paloma son entrañabilísimos.

Javier dijo...

Gracias Anonimo.