viernes, 31 de octubre de 2008

¿Por quién vivir?

Ayer viví una experiencia realmente inimaginable. Me llamaron para atender a una enferma. Fui sin demasiadas ganas (también tenemos nuestras miserias los curas), pues se trataba de un caso difícil en el que, me imaginaba, había que poner cabeza, corazón y mucho esfuerzo. Junto a ello, el día fue muy complicado, desde la mañana a la noche no paré. Te lo aseguro, estaba muy cansado.
Cuando vi a la enferma me conmoví. Se trataba de una enferma de ELA. Un chica de 40 y pocos años, guapísima, pero desmejorada por la enfermedad; madre de tres hijos, y ya muy limitada por los efectos que produce la esclerosis. Pero sabes porqué me pareció guapísima, porque sonreía, e incluso reía, y alguna vez, en el trascurso de la nuestra conversación, lloró. Tuve que secarle las lágrimas porque ella no podía.
Me pareció un alma grande, confundida y apenada por no poder ser útil, pero serena y contenta, a pesar de lo que tiene encima. Tuvimos una larga conversación, reconfortante para mí, y espero que para ella.
La cuestión que más hablamos es aquella que cuenta André Frossard en uno de sus libros cuando unos universitarios de La Sorbona le plantean la siguiente cuestión después de una conferencia (era el año 1968):
- Profesor ¿por qué vivir? Su respuesta, rápida, elocuente fue:
- Habéis formulado mal la pregunta, la cuestión es ¿por quién vivir?
Esa es la pregunta que debemos hacernos, ¿por quién vivir? Mi amiga lo sabe; a pesar de su enfermedad, lo entiende, aunque le duele, pero sabe por quién vivir, los tiene a su lado todos los días, y está feliz. Piensa manifestarlo hasta el final con su alegría -que esa está en el corazón-, aunque no sea capaz de mover los labios para sonreír.
Un saludo

viernes, 24 de octubre de 2008

El mendigo de las bolsas

Tengo sobre mi conciencia que cada semana me encuentro con un hombre pobre que -sin parecerlo- va pidiendo por las calles, y por las iglesias. No es viejo. Incluso se le nota que ha tenido una cierta educación (quiero decir que no tiene un porte dejado o mugriento como otros). Lo único que le distingue es que lleva cientos de bolsas de plástico que llena no se de qué cosas. Se adelanta y te pide..., para un café, para una cerveza, para tomarse un bocadillo, etc.
Decía que lo tengo sobre mi conciencia porque me lo encuentro casi a diario y alguna vez le he dado, pero no siempre.

Lo verdad es que si las cosas van cómo van, vamos a encontrarnos con mendigos cada vez con más frecuencia..., y ¿quién dice que un día no seremos nosotros?

La pobreza o la riqueza no es cuestión sólo de suerte o de haber trabajado mucho. Hay quienes se han pasado la vida trabajando muy duro, y sólo les queda un mísera pensión que no da para llegar a fin de mes.

Esta sociedad capitalista cierra los ojos con demasiada frecuencia a lo que pasa en su entorno, y se olvida principalmente, no de lo que la gente pueda ganar o perder, sino de las mismas personas.

Mientras vivamos con un sistema político y social que no piense en las personas, sino sólo en el bienestar o en el modo de acumular riqueza, vamos a ver muchos "pobres de la bolsa", y quizás en algún momento seamos nosotros uno de ellos, no te extrañe.

Un saludo

sábado, 18 de octubre de 2008

No me lo esperaba

Eran las tres y media de la mañana. Me despertó el ruido y la lluvia. Me asomé a la galería que hay en mi habitación, y vi como llovía a mares, pero ellos seguían allí bebiendo y cantando. Me dio pena ver el espectáculo y la "movida".
El botellón se ha trasladado a un parque enfrente de mi casa; pero un botellón selectivo, sólo es la noche de jueves a viernes, y sólo hasta las cuatro de la mañana. Eso sí, la calle queda sembrada de botellas, papeles, desperdicios, y otro tipo de inmundicia que recogen pacientemente una hora después los barrenderos.
La escena te la puedes imaginar. En este caso eran chicos de entre 14-17 años, no más mayores. Te insisto, me dio pena, no asco ni enfado, sino verdadera pena ver aquello. Me acordé de los días pasado en Lourdes en Village de jeunes, acompañando al Papa, junto a cientos de jóvenes normales, de la edad de los que estaban en el parque, pero con otra filosofía (si es que los del parque tienen alguna).
Pero realmente lo que me dio coraje fue la siguiente escena. Estaba lloviendo a mares, los participantes del botellón se marchaban a dormir a sus casas, y en ese momento aparecieron un montón de coches con algunos de los padres de esos chicos que ¡¡¡iban recogerles!!!
Me volví a la cama (de donde no tenía que haber salido) realmente triste; ¿qué hijos pueden salir de unos padres que tienen la debilidad de ir a recoger a sus hijos a la movida porque llueve, o porque son las tres de la mañana? Sin comentarios.
Un saludo

lunes, 13 de octubre de 2008

¿Y la esperanza?

No se qué cara puse, pero la conversación se desarrolló así:
- ¿Es usted sacerdote?
- Bueno, supongo que lo habrá notado por el modo cómo visto;
- Si, ya me imaginé. Perdone, Padre, rece mucho, rece de verdad, que la situación está muy mal.
- De acuerdo, pero yo sólo no, lo haré con usted.
Esta fue la breve conversación que tuve con un señor de mediana edad, difícil de entender porque hablaba medio gallego medio castellano, en plena calle, donde me paró sin esperarlo.
Me quedé sorprendido y contento, no porque me reconocieran por lo que soy en medio de la calle, sino porque todavía hay gente que se da cuenta que o recurrimos a la oración, o estamos perdidos. Parece que hay gente que sigue aquello de "la esperanza es lo ultimo que se pierde".
¿Qué estamos haciendo en esta crisis donde los bancos se desmoronan, las hipotecas crecen, los sueldos bajan, etc.? Desde luego tenemos que trabajar codo con codo y a destajo, para sacar adelante esto -como un repartidor de periódicos gratuitos que me encontré momento antes de esa conversación que no paraba de ir de un sitio a otro, compulsivamente repartiendo su mercancía-, pero debemos hacer algo más, y yo te animo a que verdaderamente no pierdas la esperanza, pero no porque sea lo ultimo que se pierde, sino porque la esperanza nos salva verdaderamente.
Pero con un matiz, sino ponemos la esperanza en Quien no falla, ¿dónde la vamos a poner? Cuando ya nadie te escucha, El te escucha, cuando ya a nadie le importan tus problemas, a El le importan. Háblale, y sobre todo escúchale. Yo llevo haciéndolo más de 30 años, y me va muy bien.
Un saludo

sábado, 4 de octubre de 2008

Fatal equivocación

Hace ya unos meses, estuve visitando a un amigo enfermo en un hospital enorme. Cuando le acompañaba, la enfermera me hizo salir de la habitación para realizarle una curas.
Me fui a la sala de espera, una salita con vistas preciosas (era el piso 10).
Allí me encontré la siguiente escena que me conmovió: una chica muy joven leía en voz alta una novela de aventuras y amor, deliciosa y atrayente. La leía a una mujer mayor, muy mayor, con signos evidentes de cansancio, enfermedad, y de vejez, que claramente era ciega.
Me atreví a decirle (me salió del corazón) que me conmovía ver esa escena tan tierna..., que era muy impresionante ver cómo trataba con tanto cariño a su abuela (le dije).
En seguida me dijo (y he aquí la fatal equivocación) que no era su abuela, sino su madre. Le pedí perdón por el atrevimiento y por la equivocación (realmente la diferencia de edad era clara, quizás por el aspecto envejecido y enfermizo de la madre).
Les volví a pedir perdón, y le animé a que siguiera leyendo, pues les había interrumpido. Siguió leyendo pausada y decididamente.
Lo hacía con voz cálida, esponjosa, clara. Me quedé absorto ante la escena, y como la enfermera tardó, disfruté de aquella situación, llegando a emocionarme con el relato de la novela, y muy especialmente con la escena.
Aunque han pasado unos meses, todavía tengo el recuerdo reciente y fresco. Me hizo pensar enseguida en cómo tratamos a nuestros mayores, y en concreto, en cómo debemos corresponder el enorme cariño que han tenido con nosotros nuestros padres.
Ayer falleció repentinamente una madre joven, muy joven (41 años) del colegio que atiendo.
No lo entiendo, es difícil poder entenderlo. Deja una hija de 1º de Bachiller -16 años- y un crío de 5 de Educación Primaria -10 años-, y a su marido.
Que se vaya así, de repente, sin esperarlo, una madre, es realmente penoso y es ,sobre todo, un vacío de alguien a quien queremos tiernamente.
Te pido que reces por esa familia, acompañales con tu oración, y aunque no les conozcas seguro que les ayudas con esa Comunión de oraciones y afecto. Hay mucho modos de acompañar y ayudar a quienes queremos, aunque no les conozcamos.
Un saludo

miércoles, 1 de octubre de 2008

La crisis

No me acabo de aclarar si estamos en crisis o no. Por aquí nos dicen un día que no, que estamos saliendo de la crisis, y otro que es la peor crisis que hemos vivido, y que lo malo está por llegar. Mientras la superpotencia se derrumba, nosotros estamos en la cresta del bienestar, y nos sobra de todo. No sé a que atenerme; me da la impresión de que somos como marionetas a quienes manejan como quieren, recibimos la información que quieren y pretenden que pensemos como quieren.
No sé que pensar, pero te puedo afirmar que salí con un ánimo verdaderamente renovado después de estar escuchando en Lourdes a Benedicto XVI, y viendo que lo que me trasmitía no eran palabras, palabras, palabras..., sino verdades que se sostienen por sí solas, con contenido y que llenan de esperanza. No escuché palabras vacías y sin contenido, o faltas de vida, sino que se respiraba en el ambiente todo lo contrario: esperanza, seguridad, libertad, valentía ante los miedos que nos rodean.
Ignoro si estamos pasando la peor crisis, pero sí que te aseguro que en Lourdes intuí la alegría y la esperanza que da un viejecito de 81 años que habla claro, fuerte y convencido de lo que dice, y quienes le escuchan no son sólo ancianos sin esperanzas, sino jóvenes que están cansados de ser marionetas, y de que les manipulen. Y es que la esperanza la da el Único que puede hacernos libres.La crisis puede continuar y llevarnos a situaciones materiales peores, pero estoy seguro de que no existirá en los corazones de quienes entienden que el hombre es ante todo hijo de Dios, aunque no tenga un euro en los bolsillos.
Un saludo.