martes, 16 de marzo de 2010

Joven rico

Acabo de leer el mensaje del Papa con motivo de la próxima Jornada Mundial de la Juventud que este año que se celebra en la diócesis, y que nos prepara para la siguiente Jornada que será en 2011 en Madrid.
Benedicto XVI toma como referencia la Carta a los Jóvenes de Juan Pablo II de 1985 –que sigue siendo actual- y que entonces nos hizo mucho bien, y a mi particularmente me sirvió para hablar de vocación y de seguimiento del Señor en aquel entonces cuando comenzaba a vivir mi sacerdocio. Esa carta tenía como tema de fondo la escena del joven rico.
El joven rico es como el prototipo del joven actual, de aquel que se hace preguntas y no sabe qué responder; que tiene miedo a cuestionarse muchas cosas de la vida porque desconoce las respuestas, o porque tiene miedo a lo que le digan.

Recuerdo que André Frossard cuenta en un de sus libros, que en un encuentro con universitarios en La Soborna en el difícil año 1968, al acabar una de sus clases se le acercó un grupo de aquellos alumnos y le dijeron.
- Profesor, tenemos una pregunta que hacerle: ¿por qué vivir?
Dice Frossard que se paró en seco y se dio cuenta de que tenía que responder algo que les dejara convencidos, pero claro y concreto. Entonces se le ocurrió la siguiente respuesta-pregunta:
- Habéis formulado mal la pregunta, realmente tendrías que preguntaros: ¿por quién vivir?
Parece ser que fue suficiente para apaciguarlos y dejarles pensando, porque efectivamente el sentido de nuestra existencia está más allá de nuestros pobres horizontes personales, de un egoísmo que sólo mire para dentro, y no sepa encontrar en Dios y en los demás el sentido de nuestra vida.
Precisamente el Papa anima a pensar a los jóvenes en el sentido de la existencia mirando “a lo alto”, es decir, trascendiendo y no quedándose en lo limitado de lo que alcanza nuestra mirada:
Preguntarse sobre el futuro definitivo que nos espera a cada uno de nosotros da sentido pleno a la existencia, ya que orienta el proyecto de vida hacia horizontes no limitados y pasajeros, sino amplios y profundos, que llevan a amar el mundo, tan amado por el mismo Dios, a dedicarnos a su desarrollo, pero siempre con la libertad y la alegría que nacen de la fe y de esperanza. Son horizontes que ayudan a no absolutizar las realidades terrenas, sintiendo que Dios nos prepara una perspectiva más grande, y a repetir con san Agustín: “Deseemos juntos la patria celeste, suspiremos hacia la patria celeste, sintámonos peregrinos aquí abajo” (Comentario al Evangelio de san Juan, Homilía 35, 9). Teniendo fija la mirada en la vida eterna, el Beato Pier Giorgio Frassati, muerto en 1925 a la edad de 24 años, decía: “¡Quiero vivir y no vivaquear!”, y en la foto de una escalada, enviada a un amigo, escribía: “Hacia lo alto”, aludiendo a la perfección cristiana, pero también a la vida eterna.
Queridos jóvenes, os exhorto a no olvidar esta perspectiva en vuestro proyecto de vida: estamos llamados a la eternidad. Dios nos ha creado para estar con Él, para siempre. Ésta os ayudará a dar un sentido pleno a vuestras elecciones y a dar calidad a vuestra existencia.”.
Verdaderamente estamos llamados a la eternidad, a mirar a lo alto, pero me pregunto ¿nos enteraremos en algún momento?
Un saludo.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Verdaderamente estamos llamados a la eternidad, a mirar a lo alto, pero me pregunto ¿nos enteraremos en algún momento?
De acuerdo. Estamos llamados a la eternidad. Pero, si abandonaste la fe, todo te da igual, no sientes nada ¿cómo puedes volver al "redil".? ¿Cómo se puede hacer realidad el: ¡levántate y anda¡?

Javier dijo...

como decia hace poco un lector anonimno del blog, cada caminante siga su camino, quizas tengas que comenzar en la fe para tenerla. SI te quedas parado nunca saldrás, y además, y lo más importante, PIDELA QUE ES UN DON. Un saludo

Anónimo dijo...

Sé que la fe es un don que recibí con el Bautismo. Quiero pedirla con ahínco porque es la unica forma de salvación. Te pido, por favor, que me ayudes en esta petición para que, cuando la recupere, ayude a otros. Gracias. Un saludo

Javier dijo...

Cuenta conmigo. Quizas si lees, pero no solo leer sino meditar el Evangelio, es posible que tengas más luces.

MARU dijo...

No me gusta el anonimato y te diré, de momento, que soy Maru. Leo el Evangelio y, como casi me le sé de memoria, me resulta imposible meditarlo. Te agradezco que me escuches pues, hoy en día, es difícil encontrar a alguien que lo haga.
De verdad, estoy en una situación complicada.
Un saludo

Javier dijo...

Me alegra llamarte por tu nombre, Maru, hay ediciones de evangelio con algun comentario que ayuda mucho, pues es un brevisimo comentario que da pie a la meditacion. Rezo por ti y aqui me tienes para lo que necesites.

maru dijo...

Gracias. Espero que escuchen tu oración.