viernes, 12 de octubre de 2007

Dios en China

Hace unos día tuve la suerte de ver un reportaje bien hecho sobre la situación de los creyentes en China, y digo "creyentes" porque se hablaba de todos los que creen en Dios, rezan, etc., ya sean católicos, budistas, musulmanes, protestantes, ortodoxos, etc.
Es impresionante ver ese inmenso mundo en que cientos de millones de almas no conocen a Dios, y en el que unos pocos creyentes se abren camino defendiendo su fe en las catacumbas, perseguidos y apartados de la sociedad y de cualquier bien: casa, trabajo, sanidad, etc., por el simple hecho de ser creyentes.
Coincidió con que un buen amigo mio sacerdote (prefiero no desvelar su nombre para evitarle mayores males), me escribió una conmovedora carta contando algunas experiencias que había vivido allí. Te trascribo unos párrafos:

"Llegué a esa gran ciudad, y me hospedé en casa de un amigo. Al día siguiente el primer contacto me esperaba ya en un lugar de la ciudad. En realidad no sabía ni el nombre ni el lugar donde iríamos luego por seguridad. Se trataba de un seminario clandestino.

Unos cuantos seminaristas y varios sacerdotes en lo que era una antigua fábrica. El lugar decían que era seguro que no les habían molestado demasiado. Una gran austeridad, y una vida sencillísima pero llena de alegría y de piedad. Allí di unas clases y charlas, celebré y prediqué cada día en la Misa y todo eso sin salir del lugar. Qué ganas de formarse, de saber. Sin medios, un libro de filosofía que sirve hoy para mi mañana para ti. Impresionante. Los sacerdotes todos los días a las 5.30 ya estaban de rodillas haciendo la oración ante aquel sagrario tan sencillo pero tan acompañado por el cariño y las visitas de todos. Cuantos sagrarios más ricos y artísticos estarán más solos y abandonados.

Después de tres días y medio dejé aquel lugar con nostalgia y dando muchas gracias a Dios por lo que había vivido con aquellos hermanos nuestros que como bien me dijeron: no somos clandestinos, vivimos en la luz y queremos ser fieles a la Iglesia y al Papa. Emocionante. (...)

En un piso de una familia católica se había organizado un retiro para un grupo de chicas. Son mujeres jóvenes con deseos de entrega y apostolado pero sin ayuda ni mucha formación pero buenísimas. Todas jóvenes y con deseos de crecer interiormente. Aquella experiencia me marcó fuertemente. Aquellas misas en el comedor de la casa tenían una presencia tan especial del Señor que cada día venía, nunca mejor dicho escondido, pero con deseo de manifestarse a todos. (...)

Por la noche mi amigo me invitó a ir con él para visitar a sus feligreses en una reunión clandestina en un lugar del campo con los cristianos que más colaboran y ayudan en la pastoral. Es increíble pero la Iglesia en su original clandestinidad funciona con una gran vida. Hay misas en las casas, reuniones, etc...

Aquella noche fue inolvidable. Habría unas cincuenta personas. Una bombilla apenas iluminaba aquel lugar que estaba lleno de luz y entusiasmo en el corazón de todos. Yo les hablé del amor a la Iglesia, de la comunión eclesial y del apostolado. Que paradoja a unos cristianos que viven así por ser fieles a la Iglesia. Fue maravilloso. Al final rezamos con gran entusiasmo por las intenciones del Papa.

China no cabe duda que es un gran país, es un continente. Cuanto hay que rezar ahora especialmente por la libertad y la reconciliación de la Iglesia."

En fin, creo que estas palabras lo dicen todo. Sólo me pregunto si nosotros católicos o creyentes occidentales que gozamos de toda la libertad del mundo, hemos olvidado la fuerza de la fe de nuestros hermanos perseguidos. Seguro que podemos rezar más por ellos, y acompañarles con la fidelidad a nuestra fe. Un saludo.

6 comentarios:

Semilla dijo...

Gracias por visitarme y por tus palabras...
Cariños miles

Javier dijo...

gracias a ti querida semilla, y que sigas en tu camino de conversion, en el que todos estamos. Un saludo muy cariñoso

caminante dijo...

Javier, gracias por este testimonio, fresco como el agua manantial, claro como los primeros rayos del amanecer, sereno como la suave brisa.
Un fuerte abrazo.

Javier dijo...

Gracias a ti caminante que supongo que llegaras descansado de tus viajes. Un abrazo

haciendo camino dijo...

Realmente es un testimonio que invita a seguir cada día un poco más.
Un saludo estimado Javier.

Javier dijo...

asi querido Daniel. Un abrazo