miércoles, 5 de marzo de 2008

Testimonio de Amor


Lo leí ayer y me quedé impresionado. No tengo palabras. Es sólo un pequeño relato de la larga aventura de este matrimonio que viajó caminando de París a Jerusalén, como viaje de bodas. Leelo y medítalo.

Sorprendente relato de la luna de miel de los peregrinos Mathilde y Edouard Cortés: A pié más de 3.700 kilómetros. Mathilde y Edouard Cortés están peregrinando de París a Jerusalén a pié, más de 3.700 kilómetros, mendigando albergue y comida. Un viaje de luna de miel «por la paz y la unidad de los cristianos», hecho de sacrificios y sufrimientos (fueron agredidos al llegar a Turquía) pero también de encuentros inolvidables. Puedes consultarlo en www.enchemin.org

VIERNES, 24 DE AGOSTO, 68 DÍA. 35 KILÓMETROS GRACAC-PRIBUDIC. 1.970 KILÓMETROS DESDE PARÍS

Las aldeas abandonadas por sus habitantes serbios se siguen sucediendo. El calor canicular ha invadido la landa agostada. Necesitamos agua. Estamos casi al borde de nuestras reservas y no nos atrevemos a usar los pozos abandonados por miedo a que hayan sido contaminados con cadáveres o envenenados. La landa ondulada y pedregosa no nos puede ofrecer otra cosa que tierra reseca. Pequeños robles nos dan de vez en cuando un poco de sombra. Pero nada de agua. Me duele la cabeza. Mi pañuelo húmedo anudado no me ha protegido lo suficiente de este sol que cae a plomo.

La sed aumenta. No hablamos. Caminamos soñando con un pozo. Mi cabeza explota. Estoy al borde de las fuerzas. La lengua me duele, la garganta me arde. Me derrumbo sobre una piedra y me pongo a llorar. Edouard trata de darme ánimos. A lo lejos aparecen tejados de casas. ¿Estarán habitadas?

Casi le salto al cuello a esta anciana que echa el cubo en un pozo de piedra. El agua me resbala por la boca, la garganta, todo el cuerpo. Bebo dos litros de una vez. Ávidamente. Continuamos otra hora pero el aplacante frescor del agua dura poco. No me siento muy bien. Otra aldea serbia desierta. Por suerte, hay una casa habitada, en medio de ruinas. Dos mujeres y un hombre. Vienen del pueblo cercano. « ¿Tendrían un pequeño refugio para dormir?» Dudan por largo tiempo... «No, no, no se ve».

Hacemos ademán de partir más lejos. Pero la noche cae. No puedo más. Mi cabeza está como en una tenaza. Me derrumbo sobre una piedra ante una casa en ruinas. Las lágrimas corren por mis mejillas y vomito de una vez los dos litros de agua bebidos. Dolores de cabeza, vómitos, frío y calor. Tengo todos los síntomas de la deshidratación. Estamos a kilómetros de una aldea habitada, y todavía a más de un pueblo. Nos giramos hacia estas personas que nos han rechazado.

« ¿Podemos dormir aquí, en la casa abandonada al lado de la suya?», pregunta Edouard, con la secreta esperanza de que nos inviten a su casa. «Sí, pero cuidado, es peligroso. No entren dentro. Quédense fuera». Me derrumbo delante de ellos, temblando, en mi alfombrilla.

Tengo una insolación. No sé bien lo que me pasa. Edouard a mi lado está inquieto. Me vigila y me fuerza a beber con regularidad, despertándome a lo largo de toda la noche. ¿Y si esto se agrava? ¿Qué hacer en este país desierto? ¿Sin teléfono? ¿Sin dinero? ¿A casi cien kilómetros del primer hospital? A nuestro lado, se oyen las risas, los ruidos de cubiertos que llegan de la única casa habitada de la aldea. Mi corazón está triste. En esta landa desierta, ¡tres personas no han entendido la sed que tenemos de su humanidad!

Somos pobres. Ninguna moneda es capaz de comprar lo que reconforta una acogida generosa. El cielo está cubierto. No hay estrellas. Tengo sed de un corazón de carne. El suyo está seco. Esta noche, dormimos al lado de su puerta, sobre las piedras y las ruinas de una casa bombardeada. Mi corazón está deshidratado por la indiferencia. Es triste una noche a la intemperie cuando no hay estrellas.■■■■■

Crónica de Mathilde y Edouard Cortés

ZENIT.org


sábado, 1 de marzo de 2008

La Mujer nueva


"Yo hago nuevas todas las cosas", recordé hace poco estas palabras de una escena de La Pasión del Señor. Es ese momento en que Cristo cargando con la Cruz le dice a su Madre esa frase, o semejante. Se estaba haciendo realidad la Redención.
Estamos en Cuaresma, ya cercanos a volver a vivir la Semana Santa, el Triduo Pascual. La Muerte de Cristo en la Cruz "nos hace nuevos", nos renueva, nos saca de nuestra postración, y nos da la Vida.
He comprobado en algunas personas como esto es así, y cómo el Perdón y la Reconciliación hace nueva a una alma.
Pienso que tenemos que saber perder el miedo a ese Perdón. Es el camino para que se pueda realizar de verdad la novedad en nuestras vidas.
Un saludo.

viernes, 15 de febrero de 2008

El recuerdo del silencio


Ya se que dos entradas en el mismo día después de tanto tiempo de no escribir, puede parecer excesivo, pero no me resisto, muy brevemente, a contarte la última experiencia que tuve hace unos días dando unos ejercicios a un grupito de jóvenes con ganas de rezar, y cada uno rezaba según lo entendía: leyendo, de rodillas, postrados, sentados, paseando, etc.

Me conmovió el silencio, la oración continua, la ganas de estar, así estar (de permanecer) sin prisas delante de Dios para mirarle y sentirse mirado, para preguntarle y obtener respuesta, aunque fuera en el silencio, y en ese silencio encontrar algo muy distinto de lo que el mundo hoy nos ofrece. Seguramente los y las asistentes hayan vuelto a encontrarse en su estudio o trabajo con el mundo que "tiene prisa" y no deja pensar, pero estoy seguro que, al menos, lo ven de otra manera, desde el silencio de quien deja que Dios entre en su alma.

¿Porqué no te animas estos días a probarlo, dedicando un tiempo a mirarle, o quizás haciendo unos ejercicios?

Un saludo

Cuaresma y Conversión

Estos días he vuelto a reflexionar sobre el verdadero sentido de la Cuaresma, "tiempo de gracia", pero no tiempo de tristeza, ni de una visión negativa de la vida, como si lo único importante de estos días fuera la penitencia, o como si la fe sólo hiciera hincapié en el sacrificio y la mortificación.
Una vez más intenté leer despacio, procurando poner todos los sentidos en ello algunos salmos, y en especial el Salmo 50. Cuando repasaba esas palabras tan conocidas:

"Devuélveme el son del gozo y la alegría (...) Retira tu faz de mis pecados, borra todas mis culpas. Crea en mí, oh Dios, un puro corazón, un espíritu firme dentro de mí renueva; no me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu. Vuélveme la alegría de tu salvación, y en espíritu generoso afiánzame (...)"
volví a confirmarme en que la alegría es también parte importante de la Cuaresma, la alegría de la conversión, de volver a Dios, de mirar otra vez donde está El, y lo que nos ama.
Sería una pena que de la ceniza y de la disciplina cuaresmal nos quedaramos únicamente con el aspecto de sacrificio y penitencia, como si la razón del carnaval fuera sencillamente compensar la penitencia de la cuaresma.
Quizás lo entiendas mejor con estas palabras del Papa el pasado miércoles de ceniza:
"La invitación a la conversión es, por tanto, un impulso a volver a los brazos de Dios, Padre tierno y misericordioso, a fiarse de Él, a encomendarse a Él como hijos adoptivos, regenerados por su amor...
La experiencia demuestra que no se es feliz por el hecho de satisfacer las expectativas y las exigencias materiales. En realidad, la única alegría que llena el corazón humano es la que procede de Dios: tenemos necesidad, de hecho, de la alegría infinita. Ni las preocupaciones cotidianas, ni las dificultades de la vida, logran apagar la alegría que nace de la amistad con Dios. La invitación de Jesús a cargar con la propia cruz y a seguirle en un primer momento puede parecer algo duro y en contra de lo que queremos, mortificador para nuestro deseo de realización personal. Pero si lo analizamos con más atención, nos damos cuenta de que no es así: el testimonio de los santos demuestra que en la Cruz de Cristo, en el amor que se entrega, renunciando a la posesión de sí mismo, se encuentra esa profunda serenidad que es manantial de entrega generosa a los hermanos, en especial, a los pobres y necesitados".
Pienso que aquí está el verdadero sentido de estos días; ojalá sepamos aprovecharlos.
Un saludo

viernes, 18 de enero de 2008

Asombro y Sabiduría

La lechuza es el símbolo de la sabiduría. Así se representa a la diosa Atenea en la cultura griega. La sabia lechuza mira con sus grandes ojos, observa, calla, y, parece que comprende el sentido más profundo de los que ve.
En muchos relatos, la lechuza es quien da el consejo acertado, quien dirime en un juicio, quien tiene la última palabra, porque sabe, porque reflexiona, y porque su juicio siempre da confianza.
Es fácil darse cuenta que hoy nos falta el tiempo y la paz suficiente para reflexionar, escuchar, mirar, pensar, observar. Corremos, corremos y corremos. Todo es un vertigionoso camino que nunca acaba, y que no tiene tiempo para nada, que todo tiene que ser ya; nos falta la sabiduría para escuchar y observar, la paciencia para mirar.
Además, si añadimos a esto la capacidad de sufrir, la paciencia ante las contrariedad, el entender que aquel pequeño o gran sufrimiento no es simplemente una cruz insufrible, sino que es parte de nuestra vida, que enriquece nuestra existencia, y aceptamos ese dolor, nos iremos haciendo sabios, nos "asombraremos" ante el efecto que tiene el dolor, ante la madurez que da peso y contenido a nuestra vida.
Mi experiencia es que cuando uno sólo se mira a si mismo, se dedica a observarse, -en vulgar, sólo se mira el ombligo-, se agota de veras, se deprime y sólo vive para quejarse y amargar a los demás, además de vivir agotado y agotando. Como me decía hace años un universitario de 20 años -¡todo un hombre maduro!-, "mire, a mí lo que verdaderamente me agota, es mi propia imbecilidad!".
Cuánta sabiduría da el callar, escuchar, reflexionar y no tener miedo al sufrimiento. Uno aprende a darse cuenta de que en esta vida pocas cosas son importantes, y que podemos vivir y ser felices con mucho menos de lo que tenemos.
Un saludo y perdón por haber tardado tanto en volver al blog. Prometo ser más constante.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Santa Navidad



Hace unos días tuve la fortuna de participar en una celebración de Adviento que me conmovió, en especial por los cantos y todos los signos que hablaban de la cercanía de Dios. En otra ocasión te lo contaré más despacio.
Me sirvió mucho para esa celebración, leer y meditar las siguientes palabras que copio por si te ayudan. Espero que te sirvan para ir vamos preparándote para esa celebración, que debería remover y cambiar nuestros corazones.

Un profundo silencio lo envolvía todo, y en el preciso momento de la medianoche, tu Palabra Omnipotente vino desde el trono real de lo cielos”.

En el silencio que envuelve al hombre y al universo, en aquella oscuridad de frío y soledad que todo lo llenaba, hizo su entrada tu Palabra redentora.

Los antiguos Padres, Profetas, Jueces y Reyes, cientos de Santos hombres que esperaban en el silencio este momento y suspiraban por la llegada de la Plenitud de la obra redentora, asisten en una tensión expectante al estallido de la Luz en una pobre cueva de Belén.

Serenamente, en silencio, sin que nada ni nadie fuera consciente, excepto unos elegidos por su sencillez y humildad, la Luz se hizo visible. Una estrella lo indicó, pero sólo la vieron en la noche silenciosa, unos Sabios de corazón sencillo y humilde.

Unos Pastores oyeron Gloria, y se extasiaron ante el primer villancico angélico, de forma que aquella armónica sinfonía tocó sus corazones generosos, y se encaminaron hacia el Amor hecho Hombre, convirtiéndose en los primeros apóstoles de la Eterna Luz.

El mundo dormía su monótona rutina y vulgarmente incidía en su pecado, sin enterarse ni entender que, en el silencio, la Luz acampó entre nosotros.
Y el mundo no quiso recibirla, se negó a abrir lo ojos para ver la Luz, y ni siquiera le hizo un sitio en la posada; el mundo siguió en su silenciosa sordera llena de monotonía.

La Luz entró en el umbral de lo caduco y de la Historia, y es que “el Amor hace cosas así”, no hay mejor explicación que ésa para acercarse torpemente a captar lo ininteligible del Misterio.

Porque aquella silenciosa noche era la noche del Amor encarnado, del Amor Niño, del Amor recién nacido, del Amor que llora en el silencio de la miserable cueva, del Amor que cargó las culpas de toda la Humanidad, mis culpas, tus culpas.

Y habitó entre nosotros”. Y sigue habitando, presente en cada hombre, en cada rincón de este mundo que continúa con su monotonía pecadora. Nosotros no nos enteramos, aunque pasa cerca, muy cerca, porque estamos ciegos por las prisas, por el orgullo, porque hemos puesto al pobre y miserable hombre en lo alto del Universo.

Está en cada Sagrario habitado, donde muchos pasamos sin mirar, ciegos por nuestra indolente borrachera de soberbia, o simplemente, ignorantes de que La Luz comenzó a brillar, y está realmente presente con su Cuerpo y Sangre.

Hemos de pararnos en esta Navidad a oír el silencio y mirar la oscuridad de la noche de Belén, para no perder ni un segundo del estallido de la Luz.

Hemos de llenarnos de alegría con los Padres, Profetas, Jueces y Reyes, que se gozaron infinitamente con la Plenitud que llegaba, y esperaron impacientemente la Otra Noche Redentora de la Pascua, que les despertaría de su letargo de siglos.

Hemos de acompañar a los Pastores, revistiendo nuestros corazones de su candorosa sencillez y simplicidad, para ser capaces de encaminarnos esta Navidad a Belén, sino será imposible que oigamos el Gloria a Dios en las alturas…, y nos convirtamos en apóstoles de la Luz.

Hemos de llenar nuestra vida de la humildad de los Sabios y Reyes, para poder entrever en el silencio de la noche oscura, la Estrella que indica dónde está la Luz, y qué camino seguir hasta Ella, sino andaremos perdidos sin decidirnos a seguirle nunca, temerosos de dejar todas las cosas, para ser pescadores de hombres.

Hemos de contemplar al Amor que hace cosas así, para meter en el hondón de nuestra alma el convencimiento de que la Navidad no es lo que los pobrecitos hombres hemos montado: miserables luces de colores, ni fiestas llenas de una pobre riqueza, y epulones que olvidan a multitud de lázaros que pasan hambre y frío sin que nadie se acuerde de ellos.

Hemos de limpiar nuestros ojos para ver que la Santa Noche de Belén, no tienen nada que ver con una vorágine de ir y venir, comprar y vender, regalar y ser regalado, prisas y prisas por llegar a la Santa Noche aparentando una felicidad en corazones vacíos e incapaces de cargar con las culpas de los demás, de perdonar y pedir perdón, de amar y dejarse amar.

Hemos de saber mirar la Santa Cueva, y ver con ojos limpios y llenos de la Esperanza en la que hemos sido salvados, que la Luz está entre nosotros, que la Luz ilumina los corazones de todos los hombres, llenándolos de calor y brillo, de Fe, Esperanza y Amor.

Si aprendemos todo esto, descubriremos esta Navidad, que la Luz llegó del seno de la Madre que la acogió con generosidad y valentía, sin miedo al SI definitivo y comprometedor, a la entrega total y para siempre en la lozanía de su juventud, y que aquella sencilla doncella de Nazaret, es y será siempre la Madre de Dios, la Madre de todos los hombres, nuestra Madre Santa María.

FELIZ Y SANTA NAVIDAD

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Entender desde el corazón

Esa era la conclusión, y así lo han entendido, ¡menos mal! El asunto era adentrarse una poquillo más en el misterio de la Misa..., dentro de lo que humanamente podemos entender los hombres. Cuando he preguntado a las alumnas del colegio que atiendo el porqué de ir a Misa, ha habido múltiples respuestas: la presencia de Dios, la grandeza de recibir a Dios, realmente es "un rollo" al que tenemos que ir por obligación, depende del cura, me gustan los cantos si ayudan a rezar..., prefiero el silencio, etc. Respuestas todas ellas dignas de consideración...
Después hemos visto dos escenas de la película La Pasión de Cristo, (alguna no la había visto) en concreto el momento en el que quitan las vestiduras a Cristo, y el que levantan la Cruz y la relación con la Ultima Cena. Me parecen unas escenas estupendas, pues se explica la relación entre la Misa y la Cruz. Al terminar de ver esas escenas, cuando se han encendido las luces de la sala, he visto expresiones de estar conmovidas y alguna que otra "lagrimilla".
Me parece que hemos entendido un poco más -insisto en la pobre medida que los hombres podemos entender este Misterio-, y la conclusión que hemos sacado ha sido esa... vivir la Misa entendiendo que lo que vivo, participo, etc., es algo más serio, más grande que una simple cuestión de obligación, es algo que he de vivir entendiendo que Dios entra en mi, me transforma con su Presencia y me lleno de Amor siendo un personaje más en su Sacrificio Redentor. Ojalá nos sirva a todos a valorarla un poco, y amar y entender la Misa poniendo más el corazón, o desde el corazón.
De todas formas, no olvides que hablamos de un Misterio, y no he pretendido dar una explicación en estas breves palabras. Un saludo.

martes, 13 de noviembre de 2007

Montesquieu

Escuché hace unos días la siguiente frase de Montesquieu: "La libertad no es hacer lo que se quiere, sino poder hacer lo que se debe querer". No es que en general esté de acuerdo con los pensamientos del Barón de Montesquieu, pero -salvado el contexto en el que dice esta frase-, me parece muy acertada.
Estoy seguro que Montesquieu y su "Espíritu de las Leyes" sabía muy lo que decía y porqué, pero a mi me sirvió esa afirmación para pensar en que la libertad es un don muy grande de Dios, que el hombre posee, y que da muchos frutos de amor y santidad.
Estos días lo he podido comprobar. ¿Es posible sentirse feliz dando de comer, limpiando todo el cuerpo de un disminuido físico, sin que a uno le paguen nada, e incluso nadie se entere de ese acto de servicio? Seguramente pensaras que mucha gente buena lo hace, y es verdad gracias a Dios, pero quizás el verlo hecho realidad en un alma que tenía una vida tranquila y hecha, me ha impresionado más, por eso te lo cuento.
Pero ¿sabes que es lo que más me ha conmovido?, pues ver cómo este personaje me decía con un gran convencimiento: "Lo que más me hace sentir feliz es oír a esas personas darte las gracias cuando les limpias o les das de comer, pues en realidad soy yo quien debe darles las gracias continuamente, pues me están haciendo un gran bien". Ya ves, la libertad de hacer lo que se debe querer, aunque eso no sea agradable, ni nadie lo agradezca..., esa sí que es la verdadera libertad. Un saludo

jueves, 8 de noviembre de 2007

La sabiduría del Cardenal


Hoy he tenido la fortuna, junto a un nutrido grupo de amigos sacerdotes, de escuchar al Cardenal Herranz acerca de la Libertad religiosa. Me ha encantado.
La verdad es que la Iglesia sabe elegir a sus hombres. Quizás sea porque lleva 2000 años haciéndolo, y cierta experiencia dan esos años, o quizás porque es el Espíritu Santo quien elige..., casi me quedo con la segunda opción.
El caso es que he pasado un rato muy agradable escuchándole, y reafirmándome en la idea de la importancia de la dignidad humana, de los derechos inalienables de la persona, y del respeto que debe haber por parte de cualquier autoridad de facilitar, o no impedir, que todos podamos ejercer nuestra libertad, entre otras, la de manifestar nuestra fe y dar culto público a Dios. Te recuerdo aquello de que la Palabra de Dios no puede ser encadenada.
También nos ha recordado el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos, y de que no les impongan el modelo de educación que el estado quiera dar, sino que ese derecho es exclusivo de los padres, etc. En fin, ha sido un gozo escucharle y compartir junto a otros amigos esas ideas.
Hoy me he vuelto a encontrar con esa acción de Dios en los hombres, en personas como el Cardenal Herranz, que ha dejado su vida por la Iglesia, y en cómo el Señor corresponde. Te recomiendo su libro recientemente publicado: En la afueras de Jericó.
Pero no ha acabado ahí la historia, porque también hoy he tenido la "suertaza" de ver hecha realidad la acción de Dios en un alma privilegiada, que ha dicho que SI a Dios dejando una vida más o menos tranquila, sin grandes contratiempos y con un futuro seguro, para ponerse a disposición de Dios y comenzar a trabajar en un Cottolengo, sin otro afán de que sea EL quien actúe en su alma, y le lleve por caminos menos fáciles, en los que pueda encontrarse con el verdadero Amor.
Realmente me he vuelto a encontrar con los caminos inexplicables de Dios, de ese Dios que sabe elegir los mejor para sus hijos, y lo hace a pesar nuestro. Te seguiré contando de esto.
Un saludo

sábado, 3 de noviembre de 2007

El verdadero gozo


Realmente hacía tiempo que no lo experimentaba. Hace unos días tuve la oportunidad de explicar en una clase a las alumnas mayores del colegio que atiendo algunas ideas sobre el noviazgo. Utilicé un power point que me facilitó un buen amigo construido sobre la película Un paseo para recordar.

Aparte de que el tema era interesante para las oyentes (están en la edad del primer enamoramiento), verdaderamente vi en aquellas caras una capacidad impresionante de captar lo que estaban oyendo y viendo (no sé si porque el protagonista es muy interesante para ellas, o por otras razones), pero disfruté muchísimo viendo el interés y la atención que ponían, contemplando aquellas caras que disfrutaban con lo que estaban escuchando. ¡Se sabían la película de memoria!

Eso sí, quedó claro que no basta la mera atracción física (que habitualmente queda un encuentro puntual y que deja mal sabor y amargura), ni con el enamoramiento puntual (que puede durar más, pero se agosta en el primer momento de dolor y sufrimiento), sino que hace falta el compromiso de amor verdadero, que se prueba en el dolor pero que acepta ese sufrimiento, y entiende que esa es la prueba del amor verdadero, y que ahí se hace el amor más fuerte.

Y es que sigue siendo verdad aquello de que Quien nos ha amado infinítamente está clavado en la Cruz, y que es ahí donde nace la salvación.

Esa es la tesis de la película que te recomiendo aunque sea un poco antigua, pero que ayuda mucho, y más si estás en esa edad del primer enamoramiento.

Tanto Landon Carter como Jamie Sullivan, protagonistas de la peli, son ejemplo de lo que debería ser un buen noviazgo que te aseguro que nunca lo encontarás ni empezará en un botellón.

Fue esta experiencia un gozo en el que disfruté muchísimo. Un saludo


domingo, 28 de octubre de 2007

La importancia de escuchar a los demás. Medio siglo


Así fue. Ayer pasé de los 50..., como se dice hoy ¡qué fuerte!
Pero, es curioso, aun a estas "edades", uno aprende y mucho , en especial escuchando y mirando, contemplando.
Hace unos días una persona a la que estimo mucho, me dijo que estaba comenzando a leer el libro "El regreso del hijo pródigo", que te recomiendo, pero que antes de comenzar a leer, se había pasado unos días simplemente contemplando el cuadro que ilustra el libro, el famoso de Rembrandt, con el fin de apreciar más lo escrito. Pienso que le servirá y mucho, y sobre todo, porque ha tenido la paciencia de contemplar, de mirar.
Sobre lo de aprender, también te contaré que hace ya tiempo tuve una experiencia sencilla, pero que a mí me enseñó mucho, al menos me hizo pensar. Se desarrolló en el colegio que atiendo, Montespiño. Tuve la oportunidad de estar hablando un ratillo con una persona importante de 12 años, no importa el nombre, importa ella, y sobre todo importaba el asunto que nos reunía, porque era "su asunto", lo que en ese preciso momento a ella le caía encima. La escuché (importancia de saber escuchar y mirar), procuré mirarla y entender su problemilla (para muchos hubiera parecido una tontería), pero para ella era crucial y era lo que quería resolver, por ello pedía consejo. Salimos los dos tranquilos y seguros de que se iba a resolver todo, no porque ya estuviera resuelto, sino porque estaba compartido. Una vez más entendí la importancia de escuchar, de mirar, de atender, de comprender, quizás sin decir nada, simplemente siendo parte de la solución de muchos de los problemas grandes y pequeños que todos tenemos.
Me acordé de que hace ya bastantes años ¡menos de 50! hablaba yo de vez en cuando con un sacerdote mayor que simplemente me escuchaba, me miraba y me sonreía; no recuerdo consejos concretos que me diera, sólo que me escucha. Te aseguro que salía reconfortado de aquellas conversaciones. Cuánto aprendí de aquel hombre, y así procuro hacer con los demás. Un saludo, y espero que el siguiente post no tarde otros 50.

martes, 16 de octubre de 2007

Testigos de la Fe



Me enviaron este vídeo hace unos días, y no me he resistido a ponerlo en el blog para que puedas verlo y meditarlo. Tienes más información a respecto en la página de la Conferencia Episcopal Española, en un enlace sobre la Beatificación de los mártires.
Pienso que son un ejemplo de vida y de fe. Vivieron y murieron por su Fe, sin mezclas de banderas política. Esta es la "verdadera memoria histórica", y no otras "memorias histéricas" que pretender levantar, removiendo el pasado.
Si recordamos a nuestros mártires es para agradecer el ejemplo de quienes murieron perdonando de verdad, sin dar lugar a recuerdos que levantan el polvo del rencor y la discordia.
Ojalá sirva para que siga siendo realidad aquello de la "la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos"

viernes, 12 de octubre de 2007

Dios en China

Hace unos día tuve la suerte de ver un reportaje bien hecho sobre la situación de los creyentes en China, y digo "creyentes" porque se hablaba de todos los que creen en Dios, rezan, etc., ya sean católicos, budistas, musulmanes, protestantes, ortodoxos, etc.
Es impresionante ver ese inmenso mundo en que cientos de millones de almas no conocen a Dios, y en el que unos pocos creyentes se abren camino defendiendo su fe en las catacumbas, perseguidos y apartados de la sociedad y de cualquier bien: casa, trabajo, sanidad, etc., por el simple hecho de ser creyentes.
Coincidió con que un buen amigo mio sacerdote (prefiero no desvelar su nombre para evitarle mayores males), me escribió una conmovedora carta contando algunas experiencias que había vivido allí. Te trascribo unos párrafos:

"Llegué a esa gran ciudad, y me hospedé en casa de un amigo. Al día siguiente el primer contacto me esperaba ya en un lugar de la ciudad. En realidad no sabía ni el nombre ni el lugar donde iríamos luego por seguridad. Se trataba de un seminario clandestino.

Unos cuantos seminaristas y varios sacerdotes en lo que era una antigua fábrica. El lugar decían que era seguro que no les habían molestado demasiado. Una gran austeridad, y una vida sencillísima pero llena de alegría y de piedad. Allí di unas clases y charlas, celebré y prediqué cada día en la Misa y todo eso sin salir del lugar. Qué ganas de formarse, de saber. Sin medios, un libro de filosofía que sirve hoy para mi mañana para ti. Impresionante. Los sacerdotes todos los días a las 5.30 ya estaban de rodillas haciendo la oración ante aquel sagrario tan sencillo pero tan acompañado por el cariño y las visitas de todos. Cuantos sagrarios más ricos y artísticos estarán más solos y abandonados.

Después de tres días y medio dejé aquel lugar con nostalgia y dando muchas gracias a Dios por lo que había vivido con aquellos hermanos nuestros que como bien me dijeron: no somos clandestinos, vivimos en la luz y queremos ser fieles a la Iglesia y al Papa. Emocionante. (...)

En un piso de una familia católica se había organizado un retiro para un grupo de chicas. Son mujeres jóvenes con deseos de entrega y apostolado pero sin ayuda ni mucha formación pero buenísimas. Todas jóvenes y con deseos de crecer interiormente. Aquella experiencia me marcó fuertemente. Aquellas misas en el comedor de la casa tenían una presencia tan especial del Señor que cada día venía, nunca mejor dicho escondido, pero con deseo de manifestarse a todos. (...)

Por la noche mi amigo me invitó a ir con él para visitar a sus feligreses en una reunión clandestina en un lugar del campo con los cristianos que más colaboran y ayudan en la pastoral. Es increíble pero la Iglesia en su original clandestinidad funciona con una gran vida. Hay misas en las casas, reuniones, etc...

Aquella noche fue inolvidable. Habría unas cincuenta personas. Una bombilla apenas iluminaba aquel lugar que estaba lleno de luz y entusiasmo en el corazón de todos. Yo les hablé del amor a la Iglesia, de la comunión eclesial y del apostolado. Que paradoja a unos cristianos que viven así por ser fieles a la Iglesia. Fue maravilloso. Al final rezamos con gran entusiasmo por las intenciones del Papa.

China no cabe duda que es un gran país, es un continente. Cuanto hay que rezar ahora especialmente por la libertad y la reconciliación de la Iglesia."

En fin, creo que estas palabras lo dicen todo. Sólo me pregunto si nosotros católicos o creyentes occidentales que gozamos de toda la libertad del mundo, hemos olvidado la fuerza de la fe de nuestros hermanos perseguidos. Seguro que podemos rezar más por ellos, y acompañarles con la fidelidad a nuestra fe. Un saludo.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Apreder a compartir

COMPARTIR

En una ocasión, por la tarde, un hombre vino a nuestra casa, para contarnos el caso de una familia hindú de ocho hijos. No habían comido desde hacía ya varios días. Nos pedía que hiciéramos algo por ellos. De modo que tomé algo de arroz y me fui a verlos. Vi cómo brillaban los ojos de los niños a causa del hambre. La madre tomó el arroz de mis manos, lo dividió en dos partes y salió. Cuando regresó le pregunté: qué había hecho con una de las dos raciones de arroz. Me respondió: "Ellos también tienen hambre". Sabía que los vecinos de la puerta de al lado, musulmanes, tenían hambre. Quedé más sorprendida de su preocupación por los demás que por la acción en sí misma. En general, cuando sufrimos y cuando nos encontramos en una grave necesidad no pensamos en los demás. Por el contrario, esta mujer maravillosa, débil, pues no había comido desde hacía varios días, había tenido el valor de amar y de dar a los demás, tenía el valor de compartir. Frecuentemente me preguntan cuándo terminará el hambre en el mundo. Yo respondo: Cuando aprendamos a compartir". Cuanto más tenemos, menos damos. Cuanto menos tenemos, más podemos dar. (Madre Teresa de Calcuta)

Siempre que leo o recuerdo este suceso de la Madre Teresa me lleno de vergüenza, y me pregunto si en algún momento aprenderemos esta enseñanza que, en el fondo, es un reflejo de la grandeza del hombre, hijo de Dios, y hecho a imagen y semejanza de Dios. ¿Acabaremos creyendo alguna vez eso de que somos imagen de EL? Un saludo.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

La alegría del "perdedor"

Siempre he pensado que es mayor la alegría del que queda tercero en una competición que la alegría del segundo. El tercero consiguió lo que ya parecía imposible, y el segundo no consiguió quedar primero..., y parece que lo perdió todo ¿pero y la alegría y/o tristeza del cuarto?

Nuestra vida está llena de éxitos y fracasos, pero lo importante no es sólo participar, sino no caer en el desánimo del fracaso, del "es imposible"; como le escuché una vez a un gran hombre: "el que dice que no hay nada que hacer, es el que no piensa hacer nada".

A este respecto, te copio unas frases de Benedicto XVI hace unos día en Loreto dirigidas a miles de jóvenes italianos y europeos. Pienso que vuelven a sonar en nuestro oídos aquellas palabras que escuchábamos a Juan Pablo II en tantas ocasiones, y que debemos seguir siendo -no importa la edad- "soñadores de grandes proyectos"; si perdemos la ilusión, el entusiasmo, etc., hemos perdido la esperanza, y eso significaría el envejecimiento del alma, y sería desilusionante:

"Quisiera que a todos llegaran mis palabras: el Papa está cerca de vosotros, comparte vuestras alegrías y vuestras tristezas; y comparte sobre todo las esperanzas más íntimas que lleváis en vuestro corazón. Para cada uno pide al Señor el don de una vida plena y feliz, una vida llena de sentido, una vida verdadera.

Por desgracia, hoy, con frecuencia, muchos jóvenes creen que una existencia plena y feliz es un sueño difícil —hemos escuchado muchos testimonios—, a veces casi irrealizable. Muchos coetáneos vuestros piensan en el futuro con miedo y se plantean no pocos interrogantes. Se preguntan, preocupados: ¿Cómo integrarse en una sociedad marcada por numerosas y graves injusticias y sufrimientos? ¿Cómo reaccionar ante el egoísmo y la violencia, que a menudo parecen prevalecer? ¿Cómo dar sentido pleno a la vida?

Con amor y convicción os repito a vosotros, jóvenes aquí presentes, y a través de vosotros a vuestros coetáneos del mundo entero: ¡No tengáis miedo! Cristo puede colmar las aspiraciones más íntimas de vuestro corazón. ¿Acaso existen sueños irrealizables cuando es el Espíritu de Dios quien los suscita y cultiva en el corazón? ¿Hay algo que pueda frenar nuestro entusiasmo cuando estamos unidos a Cristo? Nada ni nadie, diría el apóstol san Pablo, podrá separarnos del amor de Dios, en Cristo Jesús, Señor nuestro (cf. Rm 8, 35-39).

Permitidme que os repita esta tarde: cada uno de vosotros, si permanece unido a Cristo, puede realizar grandes cosas. Por eso, queridos amigos, no debéis tener miedo de soñar, con los ojos abiertos, en grandes proyectos de bien y no debéis desalentaros ante las dificultades. Cristo confía en vosotros y desea que realicéis todos vuestros sueños más nobles y elevados de auténtica felicidad."

Comienza el curso, ¿seremos capaces de no perder la ilusión y el entusiasmo por realizar grandes cosas? Está en tus manos. Un saludo

sábado, 11 de agosto de 2007

El sacerdote



Este video nos puede ayudar a valorar un poquito más la vocación sacerdotal. Ten paciencia que es largo. Un saludo. Puedes encontrarlo en la pagina de la Conferencia episcopal americana.

sábado, 4 de agosto de 2007

El tigre y la liebre



Quizás hayas oído ya esta historia. Te la cuento porque me gustó y me hizo pensar. Espero que te ayude a pensar en ti y en los demás.

Un joven estaba muy decepcionado de la vida. Su amargura absoluta era por la forma tan inhumana en que se comportaban todas las personas. Parecía que ya a nadie le importaba nadie.

Sucedió que un día dando un paseo por el monte, vio sorprendido que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido que no podía valerse por sí mismo. Le impresionó tanto al ver este hecho, que regresó al siguiente día para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual.

Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre. Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta. Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo: - "No todo está perdido. Si los animales, que son inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas."
Así que el joven decidió rehacer la experiencia... se tiró al suelo, simulando que estaba herido, y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara. Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda. Siguió así durante todo el día siguiente... y el siguiente... así que decidió no seguir. Sentía dentro de sí toda la desesperanza del hambriento, la soledad del enfermo, la tristeza del abandono, su corazón estaba devastado, casi no sentía deseos de levantarse.
Entonces allí, en ese instante, estando más decepcionado que al inicio, con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio, oyó una voz con mucha claridad,... era una voz, muy dentro de él, que decía: - "Si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad... deja de hacer de tigre y simplemente sé la liebre.".

"El compromiso para dar una contribución personal ante las necesidades de este mundo es una gran cosa...buscad las ocasiones para hacer el bien; el mundo necesita esta voluntad, necesita este compromiso", dice el Papa, ¡buen comentario para esta historia!

Habitualmente estamos acostumbrados a hacer sólo lo que nos gusta, y como la caridad exige sacrificio, lo normal es que lo dejemos para otro momento, que difícilmente llegará.
Pensemos si estamos dispuestos a hacer el bien, no importando en que estado de ánimo ni las ganas que tengamos. Qué fácil nos sale el "pues va a ser que no" cuando nos piden un favor.
Siempre hay dos posibilidades: hacer las cosas por y para nosotros o por y para los demás.
Si obramos por amor, buscaremos siempre agradar a Dios y a los demás.
El gran peligro de la vida es vivir para nosotros olvidándonos que hemos de vivir por amor.

Nada más contrario al amor que el egoísmo. Un saludo.

martes, 19 de junio de 2007

¿Libertad perdida?

Regreso al blog. He estado ausente por diversos motivos, pido disculpas.
Hace unos días escuché estas palabras que te escribo, y que realmente me gustaron. Fue con ocasión de una boda... ya te puedes imaginar: la iglesia perfectamente adornada, la novia guapísima, el novio muy bien preparado, ambos muy nerviosos... y más o menos atentos a las palabras del sacerdote que pronunciaba la homilía. Me gustaron porque explican -al menos en parte- el misterio del amor en el matrimonio: perder para ganar; dar sin esperar recibir; fundirse en un beso de amor que define la unión que se hace eterna al ganar la libertad del otro, entregando la propia. Decían así:

"Dentro de unos momentos os declararéis definitivamente y para siempre vuestro amor con un: "te recibo a ti y me entrego a ti". Desde ese momento, todo lo tuyo Beatriz, le pertenece a Luis, y lo tuyo Luis, a Beatriz. Desde ese momento tu camino para llegar a Dios pasa por Beatriz, Luis; y el tuyo, Beatriz, por Luis. Se puede decir que vuestra libertad queda comprometida por la lealtad que debéis teneros, mejor dicho, por la fidelidad. Libremente y para siempre os entregáis; por eso: libremente perdéis vuestra libertad, ganando la fidelidad del otro. Fijaos que parece una paradoja, -casi un juego de palabras-, pero es fruto del amor, de ese amor que os tenéis y que Dios ha bendecido, superior a un puro amor humano, y que os llevará a no dejar al otro, porque es vuestra vida". (Los nombres son imaginarios)
No se lo que piensas, pero a mi gustaron. La verdad es que cuando el amor es "para siempre", pero de verdad, aunque venga lo que venga, y aunque parezca que se "pierde la libertad", vale la pena.
¿Lo entenderemos los hombres y mujeres de hoy a los que nos es tan fácil romper los compromisos?

martes, 22 de mayo de 2007

La verdadera libertad

Etty Hilesum era una joven judía muerta en Auschwitz en septiembre de 1942. Una vida parecida a la de Anna Frank. Su historia se desarrolla en Holanda durante la persecución nazi contra los judíos. Etty descubre en esas circunstancias a Dios, la presencia de Dios en su interior, y por lo tanto su libertad interior que nadie le podrá arrancar. Escribe lo siguiente:
"Esta mañana, paseando en bicicleta por Stadionkade, he disfrutado del amplio horizonte que se descubre desde los alrededores de la ciudad, mientras respiraba el aire fresco, que todavía no nos han racionado (...) por encima de ese poquito de carretera que nos queda permitido, se extiende el cielo entero. No pueden nada contra nosotros; absolutamente nada. pueden hacernos la vida muy dura, pueden despojarnos de algunos bienes materiales, pueden quitarnos la libertad exterior de movimientos...; pero es nuestra lamentable actitud psicológica la que nos despoja de nuestra mejores fuerzas: la actitud de sentirnos perseguidos, humillados, oprimidos; la de dejarnos llevar por el rencor; la de envalentonarnos para ocultar nuestro medio. Tenemos todo el derecho de estar de vez en cuando tristes y abatidos, porque nos hacen sufrir: es humano y comprensible. Y sin embargo, la auténtica expolición nos la infligimos nosotros. La vida me parece tan hermosa..., y me siento libre. Dentro de mí el cielo se despliega tan grande como el firmamento. Creo en Dios y creo en el hombre, y me atrevo a decirlo sin falsa vergüenza (...) soy una mujer feliz y ¡sí!, me vuelco en alabanzas a esta vida en el año del Señor (hoy y siempre del Señor) de 1942".
Estoy totalmente de acuerdo con lo que Etty dice..., me conmueve leerlo, y pienso que si alguien sabe de libertad, de la verdadera libertad, son quienes han pasado por estas circunstancias. Un saludo.

martes, 15 de mayo de 2007

¿Aprecio o desprecio?


Unas frases que estos días me han dado mucho que pensar por si te sirven:
"Ante todo no te desprecies nunca. Es muy difícil despreciarse sin ofender a Dios en nosotros" (Diálogo de Carmelitas de Bernanos. Palabras que escuchó la joven Blanche de la Force)
"Durante mucho tiempo consideré la imagen negativa que tenía de mí como una virtud. Me habían prevenido tantas veces contra el orgullo y la vanidad que llegué a pensar que era bueno despreciarme a mí mismo. Ahora me doy cuenta de que el verdadero pecado consiste en negar el amor primero de Dios por mí, en ignorar mi bondad original. Porque, si no me apoyo en ese amor primero y en esa bondad original, pierdo el contacto con mi auténtico yo y me destruyo" (Le retour de L' Enfant prodigue, de Henri Nouwen). Sin comentarios. Un saludo.