martes, 3 de junio de 2008

Para quitarse el sombrero

Estaré unos días fuera, pero el blog sigue vivo mientras yo lo esté, que espero sean muchos años.

Tenía un especial interés en esta nueva entrada, pues quería trasmitiros que mis alumnas de 2º de BAC del cole (Montespiño) han salido airosas, y más que airosas de su final de curso..., todas han subido la nota media. Ahora están superconcentradas en la selectividad, y están –como ellas dicen- supercontentas de lo que han vivido; y no es que haya sido sencillo porque siempre hay pequeñas diferencias, roces y malentendidos en cualquier colectivo, pero ellas lo han sabido llevar con verdadero señorío y muchas veces con caridad. Gracias, de verdad a todas.

Estas palabras son sólo de agradecimiento por todo lo que me han enseñado este año, y por los buenos ratos pasados en algunas de las clases en las que estuve con ellas. Se que las echaré de menos, y que van a triunfar allá donde vayan. La verdad es que tantos años en el cole les han ido haciendo unas verdaderas mujeres, han madurado poco a poco y han aprendido en libertad lo que es amar y ser amadas, lo que es el servicio, lo que es darse a los demás sin esperar la correspondencia, (y un largo etcétera, que no describo), porque así es la enseñanza que han recibido en Montespiño, y el espíritu que se vive con ese ideario de Fomento de Centros de Enseñanza.

Y es que después de 12 años de colegio, después de tantas horas dedicadas a ellas, de tantas conversaciones de tu a tu, de tantas lágrimas consoladas, horas compartidas, etc., realmente lo único que se puede decir es gracias (ellas son testigos y protagonistas de que es así).

Especialmente gracias a quienes las han formado en el colegio. A veces no lo valoramos, pero es para deshacerse en elogios ante quienes calladamente han dejado horas de sueño y de descanso, no han parado de trabajar y formarse para que ellas pudieran acabar en el colegio como lo han hecho. No se trata de alabar por alabar, sino de decir la verdad que en ocasiones se olvida, ya que el trabajo de la enseñanza es frecuentemente poco reconocido y valorado, y merece la pena decir que es –lo digo con todas las palabras-, como para “quitarse el sombrero”.

Mañana me despido de ellas. No las cito aquí pues seguro que se me queda algún nombre en el tintero, pero que sepan que no me olvido de cada una de ellas. Gracias y espero no dejar de verlas.

Un saludo.

viernes, 30 de mayo de 2008

¡No para de llover!

Estos días no para de llover. Sales de casa con el paraguas preparado porque amenaza lluvia continuamente. Llevamos así ¡dos meses! Cada mañana cuando me asomo a la ventana al despertarme y miro al cielo, intento ver si hay algún resquicio entre las nubes, pero lo único que veo, mientras el sol nace perezoso, son las inquietantes y permanentes nubes que no quieren irse. Y lo que me viene a la cabeza es otra vez una queja ¿¡Cuándo veremos el sol!?
Realmente dependemos tanto del tiempo que hasta el buen humor o el malo es resultado de la lluvia o del sol. Me pregunto si para amar hace falta que haga sol o que llueva, si la alegría la descubrimos en una cielo azul o en unas nubes negras, si el ambiente que me rodea será mejor o peor cuando utilizo el paraguas o voy en mangas de camisa.
Lo que sí que sé es que mi buen humor, mi alegría –independientemente de llueva o haga sol- hace mejorar el ambiente en el que vivo, que cuando pasamos días sin ganas de hablar y sin esforzarnos por hacerlo, -o como esos niños que aguantando la respiración dicen enfadados: ¡pues ahora no respiro!, para que les hagan caso-, llamamos la atención, entonces sí que convierto lo que me rodea no ya en un día triste de lluvia, sino en un pequeño purgatorio donde lo único que consigo es hacer infelices a los demás. Como alguien dijo hacen falta tener al lado caras alegres. Ya ves, lo que verdaderamente importa no es que llueva a que haga sol, sino que sepa amar con todo mi corazón.
De todas formas, espero que mañana haga sol. Un saludo

martes, 27 de mayo de 2008

Gritos de vendedores


El sábado pasado regresaba a casa después de una jornada normal e intensa de trabajo. Cuando esperaba que el semáforo se pusiera verde escuché a mi espalda unos gritos, voces de tono femenino, pero fuertes y agudas. Me volví y me encontré con un grupo de jóvenes (no más de 13-15 años) que se notaba iban de movida o de botellón. Me resisto a describir la pinta que llevaban (y no escribo la palabra pinta con todo despectivo), porque realmente me dio pena.

No estamos todavía en verano, pero la forma de vestir que llevaban la 2 ó 3 chicas era llamativa por lo provocativa y falta de pudor (espero que se entienda esa palabra). Te aseguro que no eran más atractivas por el modo de vestir aunque provocaban las miradas, sino que realmente daban pena. Estaban gritando y mucho para llamar la atención, no se si a sus amigos o a los que íbamos por la calle. Me pareció que más que llamar la atención, convocaban con su presencia y voces a la gente, eran como vendedoras de su jolgorio y su deseo de divertirse, o –y perdona la frase- exponían sus deseos de ser contempladas como mercancía que se vende y se compra.

Miré a la cara a una de ellas. Iba llena de pintura, pero aun así se distinguían sus rasgos femeninos atractivos, pero infantiles (tendría 12 ó 13 años). Intenté pensar qué pensaba ella en esos momentos, qué deseos y razones para estar ahí y de ese modo podría tener, y no acerté a llegar a una conclusión, sino que me embargó la tristeza al ver aquella alma joven –casi niña- en la que latía la semilla de Dios (a su imagen y semejanza) expuesta al mercado de quienes podrían infravalorar su dignidad.

Por la noche me llamó un buen amigo que vive lejos y llevaba tiempo pidiendo encontrar una chica con la que pudiera formar una familia. Me contó que estaba muy contento porque por fin había conocido a una chica que no se le ofreció de primeras irse con él a su casa “a pasar la noche”, como hasta ahora le habían ofrecido otras, sino que simplemente salieron juntos en varias ocasiones. Había visto en sus ojos y en su alma la belleza de Dios, el esplendor de la Verdad que realmente atrae me decía. Estaba cada vez más convencido de su “química” y amor a esa persona, por que lo que más le convencía es que le llevaba a Dios.

Volví a convencerme de que tenemos mucho que hacer, pues en todos los jóvenes late la semilla de Dios, y tenemos que llegar a tiempo para ayudarles a que la descubran, antes de que otros la destruyan.

Un saludo.

miércoles, 21 de mayo de 2008

¡Te necesito!


Hace unos días tuve una conversación amena y distendida con un buen amigo. Comimos juntos. La comida era casi la excusa, el caso era compartir un rato, conocernos más y aprender, especialmente yo, porque me lleva bastantes años, y en él veo y leo la experiencia de una vida entera dedicada a Dios y a los demás. Aunque el me llama para que le ayude, en realidad el gran beneficiado soy yo.

En un momento concreto de la conversación-comida, me contó el triste final de otro amigo que, prácticamente fue abandonado por sus hijos..., "toda una vida viviendo para su mujer y para sus hijos, para que al final viviera y muriera en el abandono más tremendo", me comentaba.

Noté que al decir esas palabras se conmovía.

En realidad reflejaba lo que a él le estaba sucediendo. Toda una vida trabajando y viviendo para el bien de los demás (en su caso para el bien de muchos que se beneficiaron de su trabajo generoso y callado), y ha acabado recluido en una habitación, y casi pidiendo por favor que le vayan a ver, que le den cariño, necesitando tener alguien delante para conversar, para mirar y sentirse querido y acompañado.

Es tremendo, pero es una realidad. Al salir de allí y darle un abrazo de hermano al despedirnos, me quedé en silencio y volví a casa pensando. Pensé en cómo hemos llegado a esta situación, y en cómo podemos tener los ojos tan ciegos para no ser capaces de dedicar un tiempo (¡¡nuestro tiempo es muy importante!!) a quien nos está pidiendo, casi suplicando: ¡por favor, acompáñame, párate conmigo un momento, mírame a los ojos y escúchame!, ¡sólo necesito eso!

Qué terrible es la soledad que hemos creado en este mundo en el que parece que sólo tenemos tiempo para nosotros. En realidad tenemos miedo a toparnos con la soledad de otros y a curarla, mirándoles a los ojos y dándoles un abrazo.

Un saludo.

domingo, 18 de mayo de 2008

El pavo y la ensalada


No se si ha sido un sueño o una escena real, el caso es que la sensación que tuve fue de satisfacción y de asombro, porque no entendía que una criatura tan pequeña pudiera pensar y actuar de esa manera.
Fue un gesto, un detalle, pero lo suficiente para ver que aquello no era algo propio, sino que ahí actuaba algo distinto, yo diría “mágico”.
Estábamos comiendo. La conversación era amena y divertida. Como estábamos unas 12 personas no era una conversación, sino muchas. En algún momento era difícil escuchar, entenderse. Mi madre procuraba atender a todos: a este le falta el pan, aquel ha terminado ya el primer plato, a una de mis sobrina pequeñas no le gustaba la comida y era difícil hacerle comer, etc. Algún grito que otro, etc…, en fin, una comida normal de familia, con “sus más y sus menos”. En un momento preciso mi madre dijo algo como:
- Javi (mi sobrino) pásame la ensalada.
Javi está en la edad del pavo, y se entera de lo que puede, más bien de poco, pero que conste que hace esfuerzos. La voz de mi madre apenas se oyó. Pienso que nadie se enteró, probablemente por el ruido de las conversaciones.
En ese momento me percaté de como una de las hermanas de Javi (una de las más pequeñas), Chus se levantó y fue a la cocina a por más ensalada y se le trajo, como pudo, a mi madre. Chus tiene 5 años, ya es “mayor” pero todavía no puede con una fuente de ensalada. La escena pasó prácticamente desapercibida. A Chus no le gustaba la comida (es una niña normal) y le estaba costando comer, pero “se dio cuenta” de la necesidad de su abuela, de que nadie la escuchaba, y de cómo su hermano no se había enterado, o no quiso enterarse. A ella no fue dirigida la petición, pero la captó en su alma de niña y reaccionó haciendo un pequeño acto de servicio. Mi madre le dio un sonoro beso de agradecimiento.
Seguramente no tiene más importancia, y es muy probable que hayas visto algo parecido muchas veces, pero a mi me hizo pensar
Chus no tiene uso razón, pero tiene a Dios en su alma. Y Dios actúa, si le dejamos. En especial nos ayuda a ver a los demás, a mirar las necesidades de los demás. La acción de Dios Uno y Trino en el alma se manifiesta, entre otras cosas, en las relaciones de amor, así leía hace unos días:

“La contemplación de la Trinidad puede tener un precioso impacto en nuestra vida humana. (…)La felicidad y la infelicidad en la tierra dependen en gran medida, lo sabemos, de la calidad de nuestras relaciones. La Trinidad nos revela el secreto para tener relaciones bellas. Lo que hace bella, libre y gratificante una relación es el amor en sus diferentes expresiones. Aquí se ve cuán importante es que se contemple a Dios ante todo como amor, no como poder: el amor dona, el poder domina. Lo que envenena una relación es querer dominar al otro, poseerle, instrumentalizarlo, en vez de acogerle y entregarse.”
Y es realmente cierto que Dios, casi sin enterarnos nos empuja, nos ayuda, nos hace reaccionar, y nos muestra la necesidad del otro. El cómo actuemos depende de nuestra disposición interior, de la calidad de nuestro corazón, y de la gracia de Dios en nosotros.
Chus tiene un corazón fantástico, y se le nota hasta en la cara y en su sonrisa. Javi es como su padre: divertido, deportista, amable. Como todo chaval de 14 años “tiene un pavo subido” (así dice su hermana mayor), pero un pavo que pronto estará maduro. Estoy seguro.
Un saludo.

jueves, 15 de mayo de 2008

Marionetas

Hace unas semanas mantenía esta conversación muy interesante con una de mis sobrinas preferidas (es adolescente, pero muy maja y lista) mientras fregábamos los platos (de verdad te lo digo):

- ¿Se puede saber porqué siempre estás enfadada?, le dije después de aguantarle un día entero en la que todo eran quejas;
- ¿En qué se me ha notado? me dijo, sorprendida;
- Sencillamente en tu cara y en que no has parado de protestar por todo.
- Es verdad, contestó, pero estaríamos una tarde entera hablando; se trata no sólo de una cosa, sino de muchas.
- Bueno, pues tu dirás.
- En el fondo, ya lo sabes... y ¡la verdad es que no tengo ni idea de porque estoy enfadada, pero lo estoy!.

Esa era la explicación que me daba, y lo entiendo porque es cierto que a veces no sabemos porqué nos pasa lo que nos pasa. Somos como marionetas que hacen lo que hacen y no saben porqué, y en nuestro caso no nos lo preguntamos con sinceridad.

Esta misma tarde leía con atención un breve resumen de lo que el Papa dijo a los jóvenes en Estados Unidos. Me dio luces la diferenciación que hace acerca de lo que llama las "tinieblas del espíritu" y las "tinieblas del corazón". Las tinieblas del corazón son esa vaciedad de tantos sucedáneos con los que pretendemos suplir la ausencia del verdadero Amor, de manera que cuando no amamos, mendigamos afectividad de forma errónea. Es como si dijéramos: "la droga, el sexo, la diversión desenfreneda no me hacen feliz, pero son lo único que me compensa de no serlo". Y en el fondo lo que se consigue es sumergirse en la insensibilidad para el amor.

Las tinieblas del espíritu son más densas y opacas. Se trata de la manipulación de la verdad, de modo que confundimos el bien con el mal, la verdad con la mentira. Reivindicamos la libertad, pero no hacemos referencia a la verdad que debe orientarla. Sigue siendo actual aquello de "La Verdad os hará libres (Juan 8, 32).

En pocas palabras: si las tinieblas del corazón se caracterizan por frustrar nuestra vocación al amor, las tinieblas del espíritu impiden realizar nuestra vocación a la verdad.

Así pues, somos o nos convertimos en marionetas, en esclavos de la mentira y de la libertad. Lógicamente intentamos justificarlo y por eso: "no sabemos lo que nos pasa". Que conste que yo sí que se que le pasa a mi sobrina preferida, en realidad y en su caso, no le pasa nada.

Un saludo.

domingo, 11 de mayo de 2008

Paloma y Pentecostés

Hace una semana Paloma tuvo la fortuna de recibir por vez primera la Comunión. Estaba radiante, guapísima. Se le notaba la mirada y la sonrisa feliz, llena de vida y de sencillez.
Te aseguro que esa felicidad no era por los regalos que más tarde fue abriendo con cara de sorpresa uno a uno. Su cara de asombro y de alegría tuvo su momento culmen cuando recibió y abrió su interior al mejor Regalo de todo el día; fue en el preciso momento en que Dios Espíritu Santo entró en su alma limpia.
Un día antes estuve hablando con ella.
- Paloma ¿qué le vas a pedir cuando Le recibas por primera vez? Me miró contenta y con cara de complicidad, y hasta un poco asustada, porque pensaba que le estaba haciendo un examen para averiguar si se sabía todo o no, y me dijo:
- Hace unos días escuché a un sacerdote que nos contaba que cuando él recibió a Jesús por vez primera le pidió su vocación. (Paloma es muy inteligente y con siete años, capta todo lo que escucha, lo medita y se lo guarda en el corazón).
- Y tú ¿qué vas a decirle?, le dije.
Se quedó pensativa unos segundos, pocos, y me miró con una sonrisa hermosísima que manifestaba que lo que me iba a decir era verdad, era algo que tenía muy dentro, que me hacía partícipe de su verdadero secreto.
- Pues..., yo he pensado que ¡le voy a pedir lo mismo!
Te aseguro que no he visto una cara de mayor felicidad y de más sinceridad en mi vida. Era una confirmación más de que ahí estaba el Espíritu Santo. La "Blanca Paloma" se mostraba en esa alma de niña sencilla.
Y es que, como dijo su padre al comienzo de la celebración, Paloma es un regalo de Dios.
Un saludo.

jueves, 8 de mayo de 2008

La Madre



¿Y tu en mayo, qué haces? A ver si esto te ayuda. Un saludo.

sábado, 19 de abril de 2008

Benedicto XVI en Estados Unidos


Junto a este corto vídeo del encuentro del Papa con los Obispos de USa, te copio unas palabras suyas en esa ocasión, que te pueden ayudar.
"Para una sociedad rica, un nuevo obstáculo para un encuentro con el Dios vivo está en la sutil influencia del materialismo, que por desgracia puede centrar muy fácilmente la atención sobre el “cien veces más” prometido por Dios en esta vida, a cambio de la vida eterna que promete para el futuro (Mc 10,30). Las personas necesitan hoy ser llamadas de nuevo al objetivo último de su existencia. Necesitan reconocer que en su interior hay una profunda sed de Dios. Necesitan tener la oportunidad de enriquecerse del pozo de su amor infinito. Es fácil ser atraídas por las posibilidades casi ilimitadas que la ciencia y la técnica nos ofrecen; es fácil cometer el error de creer que se puede conseguir con nuestros propios esfuerzos saciar las necesidades más profundas. Ésta es una ilusión. Sin Dios, el cual nos da lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar (cf. Spe salvi, 31), nuestras vidas están realmente vacías. Las personas necesitan ser llamadas continuamente a cultivar una relación con Cristo, que ha venido para que tuviéramos la vida en abundancia (cf. Jn 10,10).".
Un saludo.

martes, 15 de abril de 2008

Mis abuelos


Guardo un gratísimo recuerdo de mis abuelos. Pude conocer a todos ellos, y es verdad que dejaron una impronta en mi vida. Mis abuelo paternos Heliodoro y Ana, y mis abuelos maternos Juan y María. Cada uno de ellos era de una forma diferente, y cada uno -podría decir- me enseñó algo diferente: el orden, la generosidad, la sencillez, el carácter, etc.
Seguro que todos hemos recibido de nuestros abuelos un cariño inmenso (a veces desmedido), pero sí que nos han enseñado desde la visión que dan los años a dar y recibir amor. Por eso, me parece que es importante en cada familia contar con ellos. ¡Cuántos abuelos confinados en Residencias, anónimos, y ayunos de cariño! Hace unos días el Papa decía sobre ellos lo siguiente:
"Ojalá que los abuelos vuelvan a ser una presencia viva en la familia, en la Iglesia y en la sociedad. Por lo que respecta a la familia, los abuelos deben seguir siendo testigos de unidad, de valores basados en la fidelidad a un único amor que suscita la fe y la alegría de vivir. (...) En efecto, no se puede proyectar el futuro sin hacer referencia a un pasado rico en experiencias significativas y en puntos de referencia espiritual y moral."
Mirar al pasado representado y vivido por nuestros abuelos será siempre una enseñanza, por ello pienso que debemos tratarlos son respeto, amor y comprensión ¡qué se lo merecen!
Un saludo.

martes, 8 de abril de 2008

Dolor de cabeza


Hay días en los que no nos levantaríamos de la cama (alguien me dijo en una ocasión: ¡yo, todos los días!). Son esas jornadas en las que, por ejemplo, nos duele la cabeza, todo nos molesta, todo se hace cuesta arriba y vemos todo de "tejas abajo", con sentido negativo. Desearíamos no tener ese dolor, que nos lo quiten, si es necesario ¡¡¡qué nos quiten la cabeza!!!
En esos momentos, cualquier cosa nos parece mal, desearíamos estar sólos (luego no nos sirve para nada), queremos estar en silencio, que nadie nos hable, el mínimo ruido nos perturba y enfada..., ! qué fácil es que, en esos momentos, sólo pensemos en nosotros mismos!
Bien mirado, me parece que verdaderamente es ridículo. Sobre todo cuando uno es capaz de darse cuenta que no está sólo en el mundo, y que hay muchas, muchísimas cosas, por las que vale la pena aguantar un dolor de cabeza, olvidarse de uno mismo y mirar a los demás. Descubriremos muchos dolores de cabeza en los demás, e intentaremos compartir, olvidar nuestro "rollito" y dejar de mirarnos el ombligo.
Algo así experimenté hace unos días hablando con una madre de familia, con bastante hijos (hay que usar los 10 dedos de las manos para contarlos), que apenas llega a final de mes con los sueldos de su marido y el suyo, con mala salud, cansada muy cansada (yo diría con un cansancio crónico, de esos que no hay manera ni futuro de quitarse) pero con una alegría y una paz envidiables..., feliz por su situación, y afirmando que su situación era una bendición de Dios. ¿Qué te parece? Para que dejemos de mirarnos el ombligo de nuestro ego.
Un saludo

viernes, 4 de abril de 2008

Inmensa alegría


¿Qué cual es el motivo de nuestra alegría? Quizás sea mejor preguntarnos qué motivo tenemos para no estar alegres. Cuando uno lo piensa, se da cuenta de que tiene cientos de motivos para dar gracias y estar contento, y que "las razones" de la tristeza se reducen a las mínimas y se diluyen en cuanto mira a Dios, y a la esperanza que Dios nos da con su Resurrección.

Seguramente te ayudarán estas palabras del Papa que me enviaron ayer y que me hicieron un gran bien. Espero que te ayuden.

"No estoy solo. No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce. Y me acompañan, queridos amigos, vuestra indulgencia, vuestro amor, vuestra fe y vuestra esperanza". (Benedicto XVI).

Un saludo y espero tus comentarios.

jueves, 3 de abril de 2008

2 de abril de la Divina Misericordia


Un nuevo aniversario del fallecimiento del queridísimo Juan Pablo II, nos trae el recuerdo de tantos momentos inolvidables vividos junto a él. Me quedo con las Jornadas Mundiales de la Juventud a las que pude asistir, y con el día en el que impuso sus manos en mi cabeza en mi ordenación sacerdotal.
Juan Pablo II nos dejó un poso de esperanza y alegría inmensos, basta ver lo que pasó en todo el mundo el día de su muerte y los días posteriores ¡impresionante! Fue el apóstol de la Misericordia divina, que tanta falta nos hace. Hemos de ser responsable y fieles continuadores de su predicación. No dejes de pedir por él, y de pedirle a él. Te copio, casi sin pensarlo un trozo de la homilía que ayer pronunció el Papa con este motivo. Ojalá nos ayuden a todos.
"En esta reflexión evocativa nos guían las lecturas bíblicas que se acaban de proclamar: «¡No tengáis miedo!» (Mateo 28, 5). Las palabras del ángel de la resurrección, dirigidas a las mujeres ante el sepulcro vacío, que acabamos de escuchar, se han convertido en una especie de lema en los labios del Papa Juan Pablo II, desde el solemne inicio de su ministerio petrino. Las repitió en varias ocasiones a la Iglesia y a la humanidad en el camino hacia el año 2000, y después al atravesar aquella histórica etapa, así como después, en la aurora del tercer milenio. Las pronunció siempre con inflexible firmeza, primero enarbolando el báculo pastoral coronado por la Cruz y, después, cuando las energías físicas se iban debilitando, casi agarrándose a él, hasta aquel último Viernes Santo, en el que participó en el Vía Crucis desde su capilla privada, apretando entre sus brazos la Cruz. No podemos olvidar aquel último y silencioso testimonio de amor a Jesús. Aquella elocuente escena de sufrimiento humano y de fe, en aquel último Viernes Santo, también indicaba a los creyentes y al mundo el secreto de toda la vida cristiana. Aquel «No tengáis miedo» no se basaba en las fuerzas humanas, ni en los éxitos logrados, sino únicamente en la Palabra de Dios, en la Cruz y en la Resurrección de Cristo. En la medida en la que iba desnudándose de todo, al final, incluso de la misma palabra, esta entrega total a Cristo se manifestó con creciente claridad. Como le sucedió a Jesús, también en el caso de Juan Pablo II las palabras dejaron lugar al final al último sacrificio, la entrega de sí. Y la muerte fue el sello de una existencia totalmente entregada a Cristo, conformada con Él incluso físicamente con los rasgos del sufrimiento y del abandono confiado en los brazos del Padre celestial. «Dejad que vaya al Padre», estas palabras --testimonia quien estuvo a su lado-- fueron sus últimas palabras, cumplimiento de una vida totalmente orientada a conocer y contemplar el rostro del Señor."
Un saludo.

martes, 25 de marzo de 2008

El dolor y la Resurrección


Te copio unas palabras que me hicieron pensar, y que significan -una vez más- remarcar la misma idea que el Papa nos está repitiendo desde el comienzo de su pontificado. Las decía en la reciente Vigilia Pascual:
"Cuántas veces las relaciones entre personas, grupos y pueblos, están marcadas por el egoísmo, la injusticia, el odio, la violencia, en vez de estarlo por el amor. Son las llagas de la humanidad, abiertas y dolientes en todos los rincones del planeta, aunque a veces ignoradas e intencionadamente escondidas; llagas que desgarran el alma y el cuerpo de innumerables hermanos y hermanas nuestros. Éstas esperan obtener alivio y ser curadas por las llagas gloriosas del Señor resucitado" (...) "El acontecimiento sorprendente de la resurrección de Jesús es esencialmente un acontecimiento de amor: amor del Padre que entrega al Hijo para la salvación del mundo; amor del Hijo que se abandona en la voluntad del Padre por todos nosotros; amor del Espíritu que resucita a Jesús de entre los muertos con su cuerpo transfigurado. Y todavía más: amor del Padre que "vuelve a abrazar" al Hijo envolviéndolo en su gloria; amor del Hijo que con la fuerza del Espíritu vuelve al Padre revestido de nuestra humanidad transfigurada."
Si la Resurrección de Cristo es un acontecimiento de amor, ¿porqué no acabamos de darnos cuenta y siguen abiertas las llagas del dolor de la humanidad? Sinceramente, ¿no podríamos hacer algo más cada uno de nosotros? Respóndete tu mismo.
Un saludo.

jueves, 20 de marzo de 2008

La Cruz y el Día después


Hace tiempo que había visto unas imágenes de Juan Pablo II (el próximo día 2 de abril recordaremos el tercer aniversario de su fallecimiento), en las que se veía al Santo Padre agotado y diciendo estas palabras -que te copio- despacito y desde el fondo de su corazón.

Me conmovieron en su momento, quizás por el cariño que tengo a este Papa y por el momento en que las pronunciaba (en el Coliseo el Viernes Santo de 2003), y por su contenido.

«Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo». «El hombre no podía inventar este misterio. Sólo Dios podía revelarlo. El hombre no tiene la posibilidad de darnos la vida después de la muerte. En el orden humano, la muerte es la última palabra. La última palabra que viene después, la de la resurrección, viene de Dios. Por este motivo celebramos con un amor tan profundo estos tres días santos».

«Hoy, Cristo es depuesto de la Cruz y colocado en el sepulcro. Y mañana, en todo el mundo, en todo el cosmos, y en todos nosotros, será el día del profundo silencio. Silencio de expectativa: "Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo". Este árbol de la cruz que provocó la muerte al Hijo de Dios abre el camino hacia el día después».

«El día de la resurrección cantaremos: "Resucitó el Señor del sepulcro...". Esta es la sencillez y la profundidad de Dios en estos tres días pascuales. Os deseo a todos que los viváis lo más profundamente posible. Estamos aquí, como todos los años, en torno al Coliseo, símbolo que nos habla de tiempos pasados, de ese gran imperio romano, que se derrumbó, así como de esos mártires cristianos que dieron testimonio con su vida y con su muerte. Es difícil encontrar otro lugar en el que el misterio de la Cruz hable de manera más elocuente».

Ojalá te sirvan para vivir lo que el Papa nos decía durante estos días de Semana Santa.

Un saludo y Feliz Pascua de Resurrección.

domingo, 16 de marzo de 2008

La Palabra


Hace unos días leí este testimonio acerca de la eficacia de la Palabra de Dios que me conmovió. Lo contaba el Padre Rainero Cantalamessa en una de sus últimas meditaciones:

"Oí a una persona dar el siguiente testimonio en un programa de televisión en el que participé. Se trataba de un alcohólico en fase avanzada; no aguantaba más de dos horas sin beber; la familia estaba al borde de la desesperación. Le invitaron con su esposa a un encuentro sobre la palabra de Dios. Allí alguien leyó un pasaje de la Escritura. Una frase le atravesó como una llamarada de fuego y sintió que se había sanado. Después, cada vez que le tentaba la bebida, corría a abrir la Biblia en aquel punto y sólo con releer las palabras sentía que le volvía la fortaleza, ahora que estaba del todo recuperado. Cuando quiso decir cuál era la frase, se le quebró la voz de la emoción. Era la palabra del Cantar de los cantares: «Mejor son que el vino tus amores» (Ct 1,2). Estas sencillas palabras, aparentemente ajenas a su situación, habían realizado el milagro. Un episodio similar se lee en El peregrino ruso. Pero el más célebre es el de Agustín. Al leer las palabras de Pablo a los Romanos (13, 11 ss.): «Despojémonos de las obras de las tinieblas... Como en pleno día, procedamos con decoro: nada de lujurias y desenfrenos», sintió una «luz de serenidad» que le asaltaba el corazón y comprendió que se había curado de la esclavitud de la carne."

Si en estos días de Semana Santa leemos con atención la Palabra de Dios, es posible que se produzca en nosotros la conversión del corazón. Un saludo

miércoles, 12 de marzo de 2008

La muerte de Dios


Estamos a unos pocos días de la Semana Santa. Vamos a volver a vivir esos acontecimientos que nos hablan de la muerte del Hombre-Dios, y de las consecuencias que tiene en nuestra vida. No podemos olvidar que Dios muere, pero resucita. La Resurección del Señor da sentido a nuestra Fe.

Hoy muchos han anunciado la "muerte de Dios" y viven como si no existiera. En una reciente intervención nos lo recuerda el Papa:

"La «muerte de Dios» anunciada, en las décadas pasadas, por tantos intelectuales cede el lugar a un culto estéril del individuo. En este contexto cultural existe el riesgo de caer en una atrofia espiritual y en un vacío del corazón, caracterizados a veces por formas sucedáneas de pertenencia religiosa y de vago espiritualismo. Se revela cuánto más urgente reaccionar a tal deriva mediante el recuerdo de los valores elevados de la existencia, que dan sentido a la vida y pueden apagar la inquietud del corazón humano en busca de la felicidad: la dignidad de la persona humana y su libertad, la igualdad entre todos los hombres, el sentido de la vida y de la muerte y de lo que nos espera tras la conclusión de la existencia terrena. (…)
La consecuencia ha sido que el hombre contemporáneo tiene con frecuencia la impresión de no necesitar ya a nadie para comprender, explicar y dominar el universo; se siente el centro de todo, la medida de todo. (…)
Cada vez más la fórmula «etsi deus non daretur» («como si dios no existiera») se convierte en un modo de vivir que trae origen de una especie de «soberbia» de la razón -realidad creada y amada por Dios- que se considera autosuficiente y se cierra a la contemplación y a la búsqueda de una verdad que la supera. La luz de la razón, exaltada, pero en realidad empobrecida, por la Ilustración, reemplaza radicalmente la luz de la fe, la luz de Dios"

A la luz de estas palabras, te animo a que en los próximos días vuelvas a meditar esos textos del Evangelio que relatan la Pasión, y no dejes que esas escenas sean algo que se lee sólo como un recuerdo que se olvida; sino que realmente te sientas protagonista, presente en aquellos acontecimientos. Así, no vivirás como si Dios no existiera, porque existe y ¡ha resucitado!
Un saludo y feliz Pascua de Resurección.

sábado, 8 de marzo de 2008

¿Hasta cuándo?


¿Entendemos el valor de la vida y de la muerte? Es realmente desgarrador lo que ayer vivimos en este país. Por mi parte, me llené de tristeza y pesar. Fundamentalmente porque se trata de una vida humana, y además sesgada de esa forma terrible y canalla delante de su mujer y su hija. ¿Saben los que disparan lo que eso significa en una familia? Uno piensa que no tienen corazón, que huyendo con las manos ensangrentadas pueden estar muy ufanos de los que acaban de hacer, pero no son capaces de entender que al acabar así con una vida, han acabado también con la vida de su familia..., o quizás es que no quieren entenderlo.

No se que pasará el 9 M y quién gobernará en esta España nuestra, pero sí que se que ayer una vez más demostraron esos terroristas que no quieren la vida, sino la muerte.

Rezo por Isaías y su familia, más no puedo hacer, y rezo por España para que sepamos salir de esta situación unidos realmente, y decididos a que esto cambie.

¿Qué política hay que hacer a partir de ahora? No lo se. Lo que se es que quizás lo que hasta ahora han hecho unos y otros no ha sido suficiente. Un saludo y mi más sincero pesar y mi oración por la familia de Isaías.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Testimonio de Amor


Lo leí ayer y me quedé impresionado. No tengo palabras. Es sólo un pequeño relato de la larga aventura de este matrimonio que viajó caminando de París a Jerusalén, como viaje de bodas. Leelo y medítalo.

Sorprendente relato de la luna de miel de los peregrinos Mathilde y Edouard Cortés: A pié más de 3.700 kilómetros. Mathilde y Edouard Cortés están peregrinando de París a Jerusalén a pié, más de 3.700 kilómetros, mendigando albergue y comida. Un viaje de luna de miel «por la paz y la unidad de los cristianos», hecho de sacrificios y sufrimientos (fueron agredidos al llegar a Turquía) pero también de encuentros inolvidables. Puedes consultarlo en www.enchemin.org

VIERNES, 24 DE AGOSTO, 68 DÍA. 35 KILÓMETROS GRACAC-PRIBUDIC. 1.970 KILÓMETROS DESDE PARÍS

Las aldeas abandonadas por sus habitantes serbios se siguen sucediendo. El calor canicular ha invadido la landa agostada. Necesitamos agua. Estamos casi al borde de nuestras reservas y no nos atrevemos a usar los pozos abandonados por miedo a que hayan sido contaminados con cadáveres o envenenados. La landa ondulada y pedregosa no nos puede ofrecer otra cosa que tierra reseca. Pequeños robles nos dan de vez en cuando un poco de sombra. Pero nada de agua. Me duele la cabeza. Mi pañuelo húmedo anudado no me ha protegido lo suficiente de este sol que cae a plomo.

La sed aumenta. No hablamos. Caminamos soñando con un pozo. Mi cabeza explota. Estoy al borde de las fuerzas. La lengua me duele, la garganta me arde. Me derrumbo sobre una piedra y me pongo a llorar. Edouard trata de darme ánimos. A lo lejos aparecen tejados de casas. ¿Estarán habitadas?

Casi le salto al cuello a esta anciana que echa el cubo en un pozo de piedra. El agua me resbala por la boca, la garganta, todo el cuerpo. Bebo dos litros de una vez. Ávidamente. Continuamos otra hora pero el aplacante frescor del agua dura poco. No me siento muy bien. Otra aldea serbia desierta. Por suerte, hay una casa habitada, en medio de ruinas. Dos mujeres y un hombre. Vienen del pueblo cercano. « ¿Tendrían un pequeño refugio para dormir?» Dudan por largo tiempo... «No, no, no se ve».

Hacemos ademán de partir más lejos. Pero la noche cae. No puedo más. Mi cabeza está como en una tenaza. Me derrumbo sobre una piedra ante una casa en ruinas. Las lágrimas corren por mis mejillas y vomito de una vez los dos litros de agua bebidos. Dolores de cabeza, vómitos, frío y calor. Tengo todos los síntomas de la deshidratación. Estamos a kilómetros de una aldea habitada, y todavía a más de un pueblo. Nos giramos hacia estas personas que nos han rechazado.

« ¿Podemos dormir aquí, en la casa abandonada al lado de la suya?», pregunta Edouard, con la secreta esperanza de que nos inviten a su casa. «Sí, pero cuidado, es peligroso. No entren dentro. Quédense fuera». Me derrumbo delante de ellos, temblando, en mi alfombrilla.

Tengo una insolación. No sé bien lo que me pasa. Edouard a mi lado está inquieto. Me vigila y me fuerza a beber con regularidad, despertándome a lo largo de toda la noche. ¿Y si esto se agrava? ¿Qué hacer en este país desierto? ¿Sin teléfono? ¿Sin dinero? ¿A casi cien kilómetros del primer hospital? A nuestro lado, se oyen las risas, los ruidos de cubiertos que llegan de la única casa habitada de la aldea. Mi corazón está triste. En esta landa desierta, ¡tres personas no han entendido la sed que tenemos de su humanidad!

Somos pobres. Ninguna moneda es capaz de comprar lo que reconforta una acogida generosa. El cielo está cubierto. No hay estrellas. Tengo sed de un corazón de carne. El suyo está seco. Esta noche, dormimos al lado de su puerta, sobre las piedras y las ruinas de una casa bombardeada. Mi corazón está deshidratado por la indiferencia. Es triste una noche a la intemperie cuando no hay estrellas.■■■■■

Crónica de Mathilde y Edouard Cortés

ZENIT.org


sábado, 1 de marzo de 2008

La Mujer nueva


"Yo hago nuevas todas las cosas", recordé hace poco estas palabras de una escena de La Pasión del Señor. Es ese momento en que Cristo cargando con la Cruz le dice a su Madre esa frase, o semejante. Se estaba haciendo realidad la Redención.
Estamos en Cuaresma, ya cercanos a volver a vivir la Semana Santa, el Triduo Pascual. La Muerte de Cristo en la Cruz "nos hace nuevos", nos renueva, nos saca de nuestra postración, y nos da la Vida.
He comprobado en algunas personas como esto es así, y cómo el Perdón y la Reconciliación hace nueva a una alma.
Pienso que tenemos que saber perder el miedo a ese Perdón. Es el camino para que se pueda realizar de verdad la novedad en nuestras vidas.
Un saludo.